EL BUENO, EL MALO Y EL FEO

ELBUENOELMALOYELFEO

JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Nuestro pequeño mundo, nuestro universo imaginario, está de cabeza. Muchos que ayer combatían por la libertad de Cuba hoy son considerados terroristas; los que hasta hace poco prometían no canjear a Allan Gross por espías cubanos porque sus casos no eran equivalentes, hoy amenazan con deportar al veterano líder cívico Ramón Saúl

Sánchez; los herederos de los que hace décadas prometieron devolver en una Cuba libre la bandera de la Brigada 2506, hoy por fin sacaron del sombrero lo que tenían escondido.

Ahora las cosas se presentan de la siguiente forma. Los argumentos del dialoguero temprano (El Bueno) son de índole nacionalista e ideológico. Le habría gustado sumarse a la revolución contra Batista, combatir en Angola o acompañar al Che Guevara en Bolivia, pero quizás era muy joven o no estaba curtido en el arte de la conspiración y el petardo, trauma que le impide sentirse completo. Su vida es una contradicción entre su vocación antiimperialista y la cuchara de plata que disfruta en el corazón del imperio.

Constreñido por el ámbito académico se ve forzado a mantener la compostura, cuidar el lenguaje y conservar cierto grado de objetividad; no puede adoptar una pose demasiado belicista por temor a la polémica, aunque de vez en cuando entra en el ruedo como caja de resonancia de la isla. El nacionalismo del dialoguero temprano es genuino, se trata de un concepto que prende igual entre gente de izquierda que de derecha, lo mismo en Cuba, que en Estados Unidos, que en España; son emociones fuertes que hinchan el corazón pero nublan la vista. La líder demócrata, Nancy Pelosi, por ejemplo, propuso aprobar las miles de páginas del Obamacare primero y leer su contenido después.

El monárquico español, José Calvo Sotelo, enemigo de la izquierda republicana asesinado la víspera de la Guerra Civil Española, hizo un comentario insólito ante el temor de ver a su país dividido: “Prefiero a una España roja a una España rota”. El dialoguero temprano prefiere el continuismo del Partido Comunista en Cuba mientras él enarbola la bandera de la democracia en Estados Unidos.

Los argumentos del opositor histórico (El Malo) responden a la ética y la lógica. La suya es una lucha entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto; su interpretación de lo sucedido en Cuba se manifiesta en blanco y negro, sin términos intermedios, no porque sea una verdad absoluta (que no lo es), pero funciona como amuleto que le protege de los espacios grises de la nostalgia y la melancolía.

Los de allá también pueden reclamar una ética revolucionaria, pero su lógica no puede llegar a una inferencia válida. El opositor histórico comprende que su severo régimen de pensamiento le corta cualquier posible retirada, no deja puerta abierta ni alternativa práctica de ver la isla por última vez; sabe que no volverá a Cuba, pero lo acepta estoicamente; lo enterrarán en el destierro lejos de las calles y los paisajes que conoció de joven, pero al contrario del dialoguero temprano se siente completo porque ha ejercido su voluntad a plenitud.

La ética del opositor histórico se complementa con una lógica eficaz, clara y convincente. Desde el punto de vista humano lanzar una bomba atómica sobre Hiroshima fue un acto barbárico, pero necesario y suficiente para poner fin a la guerra y ahorrar la pérdida de miles de vida de soldados norteamericanos en la ocupación de Japón. En comparación con tan lamentable pero justificado suceso, ¿qué bien pudo representar a la población cubana la ejecución, el encarcelamiento y el destierro de cientos de miles de hombres y mujeres; la destrucción de la industria agropecuaria y azucarera; la fuga, en fin, de un pueblo que ama a Cuba pero no quiere seguir siendo cubano? Cuba parece prisionera de una corriente irracional.

Los argumentos del dialoguero tardío (El Feo) son humanitarios y económicos. Abandonó la trinchera del opositor histórico porque no había posibilidad alguna de un

cambio democrático en Cuba; era inútil esperar algo favorable de la política de contención de Estados Unidos, una fórmula que garantiza el continuismo político de esta versión moderna cubana de la familia Somoza, a cambio de que Washington pusiera una pica en Flandes. Los empresarios odian perder el tiempo, son gente práctica especializada en hacer dinero, fomentar negocios para beneficio propio y ajeno, los mecenas de todas las épocas y lugares. Desertor dialéctico, abandonó la ética del opositor histórico pero adoptó una posición más viril y honrada que la del dialoguero temprano, un aficionado a la moral socialista allende el mar ajeno a los derechos humanos de la oposición en Cuba y la responsabilidad del régimen (no el

embargo estadounidense) por la escasez de alimentos y medicinas.

La mayoría de los dialogueros tardíos son económicos, algunos responden a intereses políticos o figuras acaudaladas deseosas de codearse con el poder, sector que invoca la ayuda a los cubanos de la isla para justificar las idas y venidas a La Habana.

Más que estar de cabeza, nuestro pequeño mundo va camino de la extinción. Un nuevo mundo viene llegando con su carga de desafíos e interrogantes, como ha ocurrido a lo

largo de la historia; un nuevo estado de cosas que no complacerá completamente a los buenos, los malos y los feos de nuestro tiempo, porque pertenecen al futuro.

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