EL CHISTE CRUEL DE RAÚL Y GUILLERMO A LOS CUBANOS

Por, Arturo Morató B.

Fiel a mi estilo  de precisar algunos conceptos que utilizo en mis modestas opiniones, aunque sean por todos conocidos, quiero definir  lo que es un chiste y por igual sus variantes. El chiste no es más que un tipo de narración breve por lo general oral, ficticia y de un contenido humorístico, cuyo entendimiento ocasiona la risa. Los mismos pueden ser burlescos, irónicos, satíricos y crueles. En el caso  que trato,  éstos últimos son  los  que me han motivado para este trabajo de opinión.

Los chistes como es obvio, son una invención humana y se remontan a tiempos muy lejanos que involucran a la Grecia Antigua y los cuales eran conocidos como “Los Filógelos”, que era una especie de antología de 265 chistes elaborados alrededor del siglo IV d.C  por Hierocles y Filagrio, personajes que la historia no nos da muchos detalles

Hay ocasiones en que lo que dice  se torna como un chiste  con “humor negro”, porque lo que expresa  es sarcástico, irónico y cruel, sobre todo,  con las personas en situaciones desventajosas tratando  de buscar algunas justificaciones. Directamente no es una broma en sí, sino que se convierte como tal  por la imagen hipócrita y cínica de aquel que advierte una desgracia por venir y  de la cual él ha sido un arquitecto de su existencia. Me explico.

El chiste cruel de Raúl Castro

A principio de este mes de abril, el real mandamás y dictador de Cuba -lo de llamar “presidente” a Miguel Díaz Canel es una payasada y un eufemismo de mal gusto a lo que yo no me presto-  Raúl Modesto Castro Ruz, se dirigió a la nación cubana en la cual les decía que: “Debían estar preparados para la peor variante de la economía”. Con esta frase, el pueblo cubano evocó con pavor el llamado “Período Especial” que vivió la Cuba socialista en el 1991 con la disolución de la Unión Soviética, la cual erogaba una inmensa fortuna para sostener la revolución de Fidel Castro.

En efecto, en un discurso que pronunció el líder del Partido Comunista Cubano -el único que puede existir en la nación- en un acto en donde se promulgó la nueva Constitución del país en la Asamblea Nacional, continuó diciendo que: “La situación podría agravarse en los próximos meses”. A lo que el dictador cubano, haciendo gala de los clásicos eslogan socialistas que inspiran a los tontos útiles, pero que al final nunca les resuelven nada al pueblo cubano, concluyó diciendo: “Luchar y alcanzar la victoria, no existe otra alternativa”.

Esta situación de alarma se debe en gran medida, a la grave crisis socio- económica y política en que está su colonia Venezuela, la cual sufre un desabastecimiento total y carencia de alimentos, así como también, una fuerte reducción del suministro de petróleo a la isla por su baja producción del crudo, por la incapacidad de extraerlo y por una PDVSA destruida, sin recursos  y casi inoperable.

Como consecuencia de ello, en Cuba se ha acentuado aún más  (porque siempre ha existido) una carencia de alimentos que se refleja en los hogares y tiendas, al tener sus neveras vacías los primeros y  estantes los segundos . De igual manera, comprar un pollo en Cuba -algo que no es muy común para a una familia cubana- se ha convertido en una pelea al mismo estilo que en Venezuela. Por esa razón y como lo demuestran los hechos,  siempre he sostenido que la Cuba socialista de Fidel Castro lo único real que ha logrado en sesenta años en ser un parásito oportunista de otras naciones.

Como podemos ver, y algo que forma parte ya de las clásicas oratorias y consignas cubanas,  son las mismas cantaletas para justificar el fracaso político de su mentada revolución, que a la postre no erradicó ni la pobreza, ni la prostitución, ni la falta de trabajo, ni llenó a la isla  del  progreso prometido,  ni mucho menos, “llenó de leche la bahía de La Habana, ni tampoco cosecharon las naranjas que iban a ser “muy superiores” a las que se producen en el Estado de La Florida en los Estados Unidos tal y como prometiera su líder histórico.

En definitiva,  podemos decir de esta perorata “revolucionaria” de Raúl Modesto ante el advenimiento de otra crisis económica y social, que esto lo podemos calificar como el  chiste negro y cruel de un dinosaurio que no tiene respuesta a todas estas desgracias a las que han sometido al  pueblo cubano.  Tanto él como su fallecido hermano,  han sido y son los únicos culpables del atraso en  que ha vivido Cuba  a lo largo de seis tenebrosas décadas dictatoriales. 

Más de medio siglo en desgracia

Es un hecho harto conocido, que en todas las naciones en donde se ha implementado o se ha tratado de implantar el modelo socialista, todas han fracasado en sus propósitos y que, lejos de reconocer dicho error político lo niegan y hacen que sus acólitos asuman que otros son los culpables de no alcanzar ni lograr lo prometido en sus ardientes discursos revolucionarios. Han sido los casos típicos de Cuba, Corea del Norte, La China Popular de Mao, la Alemania Oriental, la disuelta Unión Soviética, la Rumanía de Nicolás Ceausescu y la actual Venezuela chavista.

En el caso de la isla de José Martí, para el gobierno cubano ha sido sin lugar a dudas el “bloqueo imperialista” que ha impedido las metas de la revolución desde el 1959 hasta la fecha. Ese argumento alienante y sin base alguna, ha sido la médula del pensamiento castrista. Justamente, esa supuesta “amenaza imperialista” justificó  la formación del Estado totalitario de Fidel Castro, la militarización de la sociedad cubana, la improductividad del aparato agroindustrial,  las expropiaciones ilegales de empresas nacionales y extranjeras, la supresión de todo de tipo de libertades y los derechos consignados en las leyes cubanas.

Antes de la llegada del socialismo castrista a  Cuba, la isla era una de las naciones de la  más aventajada en la América Latina, mostraba índices sociales y económicos muy superiores a muchos países de la zona, lo que irradió en el simple cubano una aureola de orgullo y esperanza. Obviamente, con algunos problemas que son propios de cualquier nación sin importar sus avances. Esa nación pujante encontró la revolución castrista cuando asomó en el panorama político del país antillano  el 1 de enero de 1959, algo que les favoreció en sus primeros meses para irradiar un espejismo falso al pueblo cubano.

Pero la historia misma de Cuba posterior a la llegada del socialismo, desmiente con los hechos las mentiras tejidas por la tiranía socialista en torno a sus fracasos en lograr las metas,  ya que se ha demostrado que ha contado con muchas cosas y atenuantes a su favor. Han dispuesto en más de medio siglo de todos los recursos de la isla, de un inmenso volumen de subsidios para expandir el desarrollo integral del país. Primero, fue la URSS comprándoles productos agrícolas con altos precios a manera de subsidios y dándole ayuda financiera, asistencia en muchos renglones hasta su desaparición en la década de los 90. Luego, vino el salvavidas que le lanzó la Venezuela de Hugo Chávez con el petróleo regalado, asistencia financiera y ayuda material hasta el presente.

Además de lo anterior, todo esto se ha dado en un ambiente de relativa paz en la zona, la ayuda de organismo multilaterales, sosteniendo relaciones comerciales inclusive, hasta con Estados Unidos -que se acentuó de manera descarada en la era de Barak Obama- a pesar del llamado “bloqueo” que alegan.  Añádir a eso, a llevar a cabo un gobierno sin oposición política (prohibida), sin la separación de los poderes ni manifestaciones políticas o sociales de ningún tipo. Ni huelgas, ni movilizaciones de estudiantes, sin sindicatos de ninguna clase y todo aquello que pueda generar protestas  convertidos en meros entes sociales a las órdenes de la tiranía de los hermanos Castro.

No obstantes todas estas ventajas políticas, sociales y de total control del gobierno sobre la población cubana, la dictadura comunista no ha podido mostrar logros sostenibles a que se merece  el pueblo cubano en tantos años de gobierno absoluto y en comparación al statu quo anterior.  Basta con caminar, conversar con la gente  y recorrer los barrios de La Habana como tuve yo la oportunidad de hacer y les digo que el espectáculo es deprimente ante las promesas y las expectativas que generó en su momento la falsas promesas de Fidel Castro y su revolución.

Con una economía deficiente, un endeudamiento inmenso, una población en continuo crecimiento sin ver sus necesidades sociales satisfechas, una ciudad que se cae a pedazos y sus casas carentes de pinturas, con pobre servicio de agua potable permanente, un servicio de electricidad deficiente y con apagones escalonados, escasez de comida, de ropa, una juventud sin futuro y con la idea de abandonar la nación por las pocas esperanzas que tienen de ver un cambio en sus vidas y con una población que apenas sobrevive con unos ingresos muy bajos,  es muy poca, por no decir nada, la satisfacción que los jerarcas del gobierno pueden alardear de la revolución

Los acólitos de esta dictadura longeva y criminal, hacen alardes como un logro de la revolución, la eliminación del analfabetismo y que se estudia de manera gratuita hasta hacerse un profesional. Vale la pena preguntarse, si para lograr esos aspectos que les son propios a los gobiernos, es menester socavar la libertad y el libre tránsitos de sus ciudadanos y hacerlos prisioneros en su propia tierra?  Por igual, suprimir el derecho a la libre información, la libertad de expresión y la restricción de la prensa en todas sus variantes? O la de prohibir a los ciudadanos tener las opciones de disfrutar del pluralismo político y la libertad de escoger quién lo gobierna en elecciones libres y participativas?

De qué le sirve a una persona graduarse de una profesión como médico,  si sólo puede ser un empleado mal pagado del Estado cubano, sin tener la opción de ejercer su profesión en un nivel competitivo como se estila en las naciones civilizadas y de ganar un miserable sueldo cuyo valor mensual lo percibe en mucho mayor cuantía y en una semana cualquier inmigrante semianalfabeto trabajando en una bodega en cualquier ciudad de los Estados Unidos? Me parece ante esta realidad,  que las privaciones son mayores y más costosa que la utilidad que pueda tener la formación de un profesional en la Cuba socialista.

El chiste de Guillermo García Frías

Como si el sacrificio de aguantar más hambre y necesidades que les pidió Raúl Modesto Castro a los cubanos no fueran suficientes, más insólita y digna de un estudio siquiátrico fue lo que pidió   Guillermo García Frías de 91 años de edad y director de la Empresa Nacional de Flora y Fauna en Cuba, un comandante y un histórico de la revolución, cuando en el programa de la televisión oficial “La Mesa Redonda” dijo: “Que el gobierno estudia varias alternativas para la dieta de los cubanos basada en la carne de tres animales exóticos: la jutía (una especie de rata gigante endémica de la isla, el cocodrilo y el avestruz”.  Se puede asimilar semejante locura e insensatez ante el triste panorama de Cuba hoy en día?

Se imaginan amigo lectores, que el pueblo cubano que  ingiere poca carne durante el mes y no toma leche con regularidad y apenas les alcanza para comprar un pírrico pollo, cómo podrán incluir en su estricta dieta socialista forzada por la escasez en la isla, incluir en su alimentación la carne de un ave tan exótica como el avestruz y propia de tierras tan lejanas como el Africa?

Semejantes peticiones y propuestas,  no son más que una burla y un descaro que sólo pueden tener cabida en la cabeza de dos tiranosaurios de la Cuba socialista, que ellos y sus familiares nunca han pasado las necesidades de todo tipo que pasa el pueblo cubano y la precariedad de  comer y tener una buena alimentación a la que tienen derecho todos los ciudadanos de un país.

La insensatez que propicia la tiranía castrista y que en 60 años de gobierno totalitario y absoluto no ha encontrado la manera de superar las constantes crisis a que someten al pueblo cubano, sólo puede ser entendida bajo el parámetro de  la frase que dijera Karl Marx cuando escribió “El 18 brumario  de Luis Bonaparte”:

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa” 

En el caso de Cuba, sólo ocurrió una vez con  el advenimiento de la revolución castrocomunista en la patria de José Guillermo Moncada Veranes, pero sí se convirtió en  una tragedia desde sus inicios y una farsa en su discurrir.

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