EL CRIMEN DE LOS HNOS. AL RESCATE FUE UN CRIMEN PRECONCEBIDO

HECTORJULIOCEDENOPARAILUSTRARARTIC.Por. Héctor Julio Cedeño Negrín-Periodista Independiente de Cuba.    El crimen de los “Hermanos al Rescate” no fue un crimen premeditado, fue un crimen, preconcebido. Dice un antiquísimo diccionario que poseo, que premeditar es pensar detenidamente una cosa antes de ejecutarla. También expresa que preconcebir es establecer previamente un proyecto que ha de ejecutarse. Imaginar,  juzgar con antelación y sin examen. Hago esta salvedad porque me parece que más que premeditado, el crimen de los “Hermanos al Rescate” fue un crimen preconcebido. Digo esto porque los asesinos de Mario de la Peña, Carlos Costa, Armando Alejandre y Pablo Morales son precisamente los hermanos menores del piloto del DC 8 de Cubana de Aviación. Siniestrado el 6 de octubre de 1976 en aguas de Barbados. O sea, que Alberto y Francisco Pérez Pérez, los tripulantes del Mig 29 que pulverizó en el aire y sobre las aguas internacionales, aquellas dos avionetas de Hermanos al Rescate, son los hermanos de Wilfredo Pérez Pérez. Wilfredo, el famoso Felo, mencionado en aquella  frase; ¡Felo, Pégate al agua! Formulada en los momentos decisivos del fatal desenlace, por uno de los tripulantes del avión cubano, aquel aciago 6 de octubre de 1976, en el que murieron setenta y tres personas. Nunca se ha emitido un juicio creíble sobre lo que sucedió en realidad, aquel 6 de octubre del 76   y probablemente tendremos que esperar al fin de la tiranía, para enterarnos de la verdad. Pero el hecho de que se escogiera a los hermanos Pérez Pérez, para realizar esa tarea. Pretende atribuir el asesinato, a un acto de venganza familiar, por la muerte del hermano. Toda una concepción mafiosa de la vendetta, que demuestra la idiosincrasia real de los gobernantes cubanos. Es como que los tiranos exacerbaran el sentimiento de venganza, para  ejecutar un crimen abominable, utilizando un par de locos fanáticos para esos fines. Yo verdaderamente lo veo, como un crimen de lesa humanidad, cometido por los gobernantes cubanos y no como el inevitable asesinado de cuatro pilotos inocentes, como se trata de demostrar.

PILOTOSDERRIBARONAVIONETASPara ellos, para los hermanos Pérez Pérez (en la foto de la izquierda), esto es precisamente eso, una venganza. Estoy convencido de que ellos lo sienten así y hablo con conocimiento de causa, porque les conocí personalmente y sé cómo pensaban. Los conocí en el año 1977, meses después de la muerte de su hermano Wilfredo. Ocurrió que me traslade desde la Empresa № 9 de Arquitectura, perteneciente al Ministerio de la Construcción, para el departamento de inversiones de la Empresa “Enrique Varona González”, perteneciente al Ministerio de la Industria Sidero Mecánica (SIME). La empresa estaba situada, en la Avenida de Dolores y la Carretera Central, en el llamado “Caballo Blanco”. En aquella época, la zona pertenecía al municipio de Guanabacoa, aunque ahora pertenece a San Miguel del Padrón. Allí conocí a Alberto, que estaba emplantillado como operador de montacargas. Algo extraño, porque se sabía que era miembro del MINIT. El mismo me confesó, que su hermano Wilfredo, muerto en el avión de Barbados, era un Oficial de la Seguridad del Estado. O sea que en realidad, era un piloto militar, disfrazado de civil. Él también me dijo, que el avión volaba desde Angola. Nos hicimos amigos y visite su casa y hasta conocí a su madre, muy afligida por la muerte del hijo mayor. Ella tenía problemas con el corazón y estaba bastante delicada de salud. Recuero que era costurera y yo quería que me hiciera un abrigo de vinil, que los hacía muy lindos, pero Alberto me recomendó que no le insistiera, porque ella se sentía muy mal y no atinaba a hacer nada. Conocí a su hermano Francisco, lo vi varias veces. A Alberto le decíamos el loco y él se molestaba por eso. Era muy nervioso e intranquilo, yo diría que híper kinético. También bebía con frecuencia, creo que estaba bastante perturbado y poco responsable. No sé si su locura se debiera,  al golpe sufrido con la muerte del hermano. Cuando hablábamos de él, se echaba a llorar. Me entristecía grandemente su pena y hasta soportábamos sus malacrianzas, condolidos por su dolor. Pero el soñaba con la venganza, siempre hablaba de eso. Él siempre querría matar a los que derribaron el avión. Un día manejando un montacargas, con sus locuras cotidianas y a la gran velocidad con la que conducía, dejo caer un pallet con veintiséis cajas de Habana Club de siete años y se rompieron la mayoría de las botellas. Las botellas eran exportadas hacía España. Casi se vuelca y se mata, cayendo desde varios metros de altura, solo por un milagro el vehículo no se despeño desde una rampa. Decidieron que no siguiera manejando, porque los incidentes eran diarios. Eso paso diecinueve años antes del derribo de las avionetas. Un día desapareció de la fábrica, como por arte de magia y no supe jamás de él, ni de su familia. Habían pasado veinte años cuando me enteré, que eran ellos los autores del crimen. Me preguntaba, como Alberto podía haber sido entrenado como piloto de guerra, con lo perturbado que él estaba. Con los tést que les hacen a los candidatos a piloto, él no podía estar apto, un desquiciado mental, pilotando un avión militar, que irresponsabilidad. Alberto era el menor de los hermanos y en esa época  1977 debía tener veintitrés años, un año menos que yo y decía haber terminado el preuniversitario. Aunque no quisieron otorgarle una beca de ingeniería metalúrgica, a realizarse en la Unión Soviética. Yo había declinado aceptarla. Se montaba allí una fundición, la primera fundición de acero inoxidable que se montaba en Cuba, según decían, con hornos de inducción. La fundición la montaba un grupo de ingenieros japoneses. En la época del supuesto derribo del avión de Barbados, los cuatro pilotos asesinados en 1996, eran niños, unos pequeños y Alejandre el mayor de todos, debía ser un adolescente, que responsabilidad podían tener esos niños, con lo de Barbados ocurrido diecinueve años antes. Por eso pienso que es un crimen preconcebido, por los hermanos Castro, que prepararon a los hermanos Pérez Pérez para que algún día tomaran venganza. Por qué habiendo otros pilotos los escogieron a ellos, por qué entrenaron a Alberto que no es un individuo apto para pilotar aviones de guerra. Al derribo de las avionetas, pasaban ya de los cuarenta años, él debía tener cuarenta y dos y su hermano por lo menos cuarenta y cuatro, sino más. Además los especializaron en el derribo de aviones de baja velocidad, tarea que es poco común para aviones supersónicos y de difícil ejecución. Tarde o temprano terminará la noche de la tiranía castrista y se levantará luminoso el futuro democrático de Cuba. Un gobierno elegido por el pueblo, tomará posesión del Palacio Presidencial y será la hora de saldar las deudas pendientes. El gobierno de los Estados Unidos solicitará la extradición de los prófugos de la justicia norteamericana y los hermanos Alberto y Francisco Pérez Pérez, estarán en esa lista. ¿Quién puede dudar, que sean entregados a la justicia norteamericana? Ellos deberán cumplir por lo menos varias cadenas perpetuas por los crímenes cometidos y como dice literalmente el dicho, se pudrirán en las cárceles norteamericanas, si es que no son condenados a la pena de muerte. Pero los hermanos Castro, los verdaderos responsables del crimen, quizás mueran de muerte natural y sean sepultados en un mausoleo y con honores militares.

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