EL CRIMEN DE RESISTIR

GAVIRIALOPEZMICHELSENCONTIROFIJOYOTROSDELASFARCPor, Ernesto Medalla-© Libertad.org

Se podría señalar que las dinámicas políticas en Latinoamérica tienen mucho de “proceso cíclicos” o directamente “repetición de la historia”.

La historia del siglo XX nos dejó múltiples y diversos ejemplos de estados fallidos, proyectos totalitarios pendientes, dictaduras igualitarias y una seguidilla de guerras subversivas que tienen diferente denominación a medida que recorremos las diferentes historias de nuestros países en el continente americano.

Sin duda la acción violenta de grupos terroristas en los años 60 aún deja sus secuelas, en el caso de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile, el Ejército Revolucionario del Salvador, Sendero Luminoso en el Perú y las Fuerzas Armadas Rebeldes de Guatemala nos dan un panorama amplio de cómo han funcionado los intentos de imponer por las armas el totalitario proyecto marxista en nuestro hemisferio.

Transcurrido medio siglo del nacimiento en bloque de estos movimientos marxistas en América Latina, suele olvidarse su acción y se ha establecido una especie de “verdad oficial” al definirlos como grupos de “jóvenes idealistas” que no necesariamente instauraron el terror asesinando, destruyendo y aterrorizando a la población civil, que en su inmensa mayoría, aspiraba a convertirse en países prósperos, libres y en paz.

Los cincuenta años que han transcurrido de este proceso han dejado varios millones de muertos, economías y gobiernos destrozados, y en muchos casos han hundido a millones de personas en la miseria.

“El socialismo mata” afirmaba un notable estudio en torno a la demora de la implementación de medidas clásico-liberales en la India y de qué manera éstas hubiesen mejorado la calidad de vida de la población en acceso a servicios básicos y productos. Sin embargo, se debe sumar aún un estudio ausente donde se tenga claridad real de cuántos han sido los crimines y brutalidades cometidos en la propagación de la acción revolucionaria izquierdista en nuestro continente. No son metáforas y aunque las visiones impuestas por el imaginario político de “justicia social” e “igualdad” parecen sólo estar en el discurso debemos tener en cuenta que la “lucha de clases” es más que un mero discurso: Es acción violenta y de eliminación sistemática de la oposición política al proyecto socialista.

No nos engañemos con las actuales tratativas de paz, amnistías, pactos de paz y de memoria de unidad, nuestros países en todo el continente están viviendo una cruda revancha en contra de quienes fueron capaces, con coraje y entrega, de enfrentarse a estos grupos totalitarios que ahora se autodefinen como “paladines de los derechos humanos” y “la dignidad de las personas”.

Hay procesos que deben ser explicados con una perspectiva de futuro, visión de Estado y generar los espacios para que la violencia política de grupos totalitarios, excluyentes y violentos no tengan cabida en nuestras sociedades.

Sussane Lavin escribió en 1982 el libro El Crimen de Resistir, haciendo alusión al proceso del gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende, como destruyó el país llevándolo al borde de la guerra y de qué manera la intervención militar había salvado miles de vidas. El crimen era precisamente el odio internacional a un régimen que enfrento una guerra subversiva pero que al mismo tiempo estabilizó al país y genero la plataforma de una revolución real para sus ciudadanos, el de la libertad, lentamente para algunos pero, sin duda alguna, efectiva. Pocos ejemplos de regímenes autoritarios, como fue en el caso de Chile, terminaron con elecciones libres y menos aún son las que se pueden declarar exitosas.

Quizá es tiempo de recomponer nuestra historia, tener coraje y valor para afrontar una batalla cultural y de las ideas, recobrar esa memoria que parece ser monopolio de la izquierda para recordar que la libertad no es una condición que nos regala el tiempo, sino por el contrario, exige sacrificio, entrega y trabajo para permitir que otras generaciones puedan disfrutar, y, por supuesto como decía Thomas Jefferson, “eterna vigilancia”, para proteger las ventajas de vivir en una sociedad libre, próspera y en paz.

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