EL DEBATE: EL PARCHE ANTES DEL ROTO

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HUGOBYRNEPor Hugo J. Byrne

Me proponía escribir sobre la trágica y extemporánea muerte del lanzador estrella de los Marlins José Fernández. Mis amigos el Reverendo Martín Añorga y el Doctor Fernando Milanés se me adelantaron en esa ingrata tarea, con sendos trabajos que muy difícilmente pueden ser igualados y menos superados.

Otro que no debe ignorarse es el tema político más importante de la semana, aunque, muy honestamente, desearía poder hacerlo. Lo más fácil sería no escarbar en la llaga y evitarme quizás el disgusto de familiares, lectores, amigos, editores y otros afiliados republicanos, quienes abrumadoramente apoyan la candidatura presidencial de Trump.

Por supuesto, me refiero al debate del día de ayer, lunes 27 de septiembre. Voy a empezar por poner el parche. Clinton no ganó el debate: Trump se lo regaló. Para eso contó con la ayuda del “moderador” Lester Holt. Posiblemente este no sea el consenso de la mayoría, pero sólo puedo expresar mi honesta opinión.

En cualquier competencia, la ventaja siempre la tiene el más agresivo. En la primera pelea entre el campeón mediano “Sugar” Ray Robinson y el desafiante Carmen Basilio, muchos conocedores de ese deporte afirmaban que la victoria debió corresponder a Robinson, aunque fuera por un pequeño margen de puntos. Esa pelea de boxeo se remonta al pasado distante, cuando un viejo servidor seguía de cerca el deporte profesional.

Yo vi ganar a Basilio, a pesar de que terminara el encuentro mucho más feo que lo hizo madre natura, lo que era mucho decir. Su incrementada fealdad era producto de los certeros trancazos de Robinson. Los jueces y el árbitro, no recuerdo si por unanimidad o mayoría, coincidieron conmigo. ¿Por qué? El desafiante estaba casi siempre en el centro del cuadrilátero, persiguiendo a Robinson, a quien a menudo acorraló y vapuleó contra las cuerdas. Sin dudas Basilio era el atacante y a mi modo de ver por eso obtuvo la victoria.

En el debate del lunes, después de una apertura prometedora, Trump, asumió una actitud totalmente defensiva, en la que consumió precioso tiempo.  Debió darse cuenta de que a pesar de todas las protestas en contrario, Lester Holt resultaría parcial hacia la Clinton. En esto encuentro culpables también a quienes dentro del Partido Republicano asumieran que se podía confiar en un “anchorman” de ABC, fuera quien fuese.

En la actualidad no puede confiarse en ningún “periodista” conectado con las tres principales cadenas de televisión y radio. Y, entre los conglomerados del cable, sólo quizás algunos de Fox News, después de someterlos a estricto “vetting”.  CNN, por ejemplo, está tan minada de ultra izquierdismo como MSNBC. Analicemos el formato de la inquisición de Holt ayer y después la substancia. Interrupciones de Holt a Clinton: siete. A Trump: cuarenta y una. Preguntas difíciles relacionadas a la pasada vida personal. A Trump: cuatro. A Clinton: cero.

Los temas de mayor importancia de la campaña fueron olímpicamente ignorados por Holt en sus preguntas a Clinton. Tengo que agregar que en esto tuvo la cooperación absurda del propio Trump, quien increíblemente permitió tanto a Holt como a Clinton pasar “carretas y carretones”.

Hay una enorme lista de eventos no cubiertos en el debate y algunos cubiertos muy superficialmente, que en el mejor de los casos, son muy problemáticos para la Clinton. Eventos tales como el ocultamiento y las mentiras que diseminara sobre el desastre de Benghazi, en el que murieran cuatro ciudadanos nuestros, incluyendo el embajador americano.

También los correos electrónicos usados y borrados ilegalmente y las diferentes mentiras con que trató de encubrirlos a medida que pasaba el tiempo y se acumulaban las evidencias. Los negocios inconfesables de la llamada “Fundación Clinton” y sus falsedades sobre la compra de favores. No puedo asegurarlo, porque mi memoria sobre eventos recientes no es sombra de lo que era, pero no creo haber oído la frase “Fundación Clinton” durante todo el debate.

Su participación en el robo de ornamentos y muebles de la Casa Blanca, los que se viera obligada a devolver. Su fementido reclamo a la pobreza a su salida de la Casa Blanca en 2001: “It was tough”. La “vasta conspiración de la extrema derecha” y sus denuncias de las numerosas víctimas de la lujuria de “Bubba” a las que llamara “bimbos”. La  lista es interminable.

¿Qué Holt no hizo ninguna de esas incisivas preguntas? ¿Por qué no las hizo Trump? Les garantizo a los lectores que eso nunca les hubiera pasado a muchos de sus principales partidarios, como Gingrich o Giuliani, por ejemplo. No creo que Cruz o Rubio hubieran caído en esa trampa. En vez de eso Trump usó su tiempo defendiéndose de acusaciones frívolas de Clinton.

Para terminar estas notas agrego otro tema que Clinton explotó maliciosamente: la consabida “proliferación de armas de fuego contribuyendo al clima de violencia”. A esta declaración absurda, la candidata de rojo agregó que es necesaria nueva legislación para “eliminar las armas de estilo militar”. A esta bazofia Trump al fin ripostó con una fuerte referencia a la defensa de la segunda enmienda de la constitución y otra sobre la “ley y orden”. Le acredito haberse extendido algo más, citando el vertiginoso aumento de los asesinatos en Chicago. La opinión orate de Clinton sobre eliminar las “armas de estilo militar”, como si el “estilo” matara, quedó sin respuesta.

Entre mis diversas objeciones a la candidatura de Trump, una de las que consideraba vitales es su limitada elocuencia. Para poder hacer cambios en la dirección de este país, primero hay que ganar las elecciones y eso no se alcanza a la defensiva. Aún pienso que muchos de sus competidores republicanos habrían podido torear mejor a la Clinton, quien, gracias a Dios, nunca ha sido una candidata fuerte

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