EL DÍA MÁS TRISTE DE MI NIÑEZ

Por Esteban Fernández

Iba caminando muy tranquilo por la calle Real rumbo al Residencial Mayabeque. Yo debo haber tenido 13 años.

Pero algo inusitado estaba pasando. Todos estaban en los portales del pueblo. Un enorme cuchicheo, mujeres con lágrimas en los ojos, hombres emocionados gesticulando. Algo grande había pasado. Me sonreí pensando que algún chisme de envergadura había ocurrido.

Me acerqué a uno de los portales y pregunté todavía tranquilo: “Oigan ¿qué pasó? La respuesta dicha con emoción fue peor que si me cayera un rayo en la cabeza: “¡Dicen que murió Jaime Quintero Gómez!” (foto que encabeza este artículo)

Comencé a llorar desconsoladamente y salí corriendo despavorido hacia mi casa. Por favor, no estoy hablando de un ser cualquiera, se trataba del héroe de mi familia, de mi héroe personal desde que tuve uso de razón.

Creo que desde que yo tenía 6 años cuando me preguntaban ¿Qué tú quieres ser cuando seas grande yo respondía: “Yo quiero ser Alcalde de Güines como mi primo Jaime Quintero…” 

Fue la gran tragedia que azotó a mi familia en pleno, parecía como si una bomba atómica había caído en mi hogar al fallecer el mejor y más distinguido de sus miembros. Ese fue siempre uno de mis mayores orgullos en mi corta vida en mi pueblo. No solamente era un luto en mi casa sino en Güines entero. Toda mi vida la puerta de mi casa tuvo un cartelón que decía “¡Viva Jaime, Alcalde!”

Siempre al salir del pueblo y pedir “botella” para ir a San José de las Lajas, al Cotorro o al Central Amistad, los carros paraban y me preguntaban antes de permitirme montar y llevarme: “Muchacho ¿A qué familia perteneces?” Yo respondía con presunción: “¡Yo soy primo hermano de Jaime!” y eso me abría todas las puertas.

Jadeante y llorando llegué a mi casa, en el portal como siempre estaba mi padre meciéndose en un sillón fumándose un tabaco Pita, él era el segundo de Jaime como Secretario de la Administración.

Al verme en estado de pánico se levantó y asustado me dijo “¿Qué pasó Esteban de Jesús?” Entre sollozos solo atiné a gritar “Que se murió Jaime” Papi cayó desmayado en el piso. Mami, su tía, salió con un delantal puesto e inmediatamente le dio un ataque de nervios.

El velorio fue apoteósico, miles de personas en el entierro, de La Habana vino para despedir el duelo el jefe de la Organización Autentica (O.A.) el ex Primer Ministro Manuel Antonio de Varona.

Estaba anunciado un baile en el Casino amenizado por el Beny Moré. Se trató de que fuera suspendido por respeto al duelo y la tragedia que representaba la muerte de Jaime. Dijeron que “Ya todo estaba programado y vendido, imposible dar marcha atrás a la fiesta”.

Esa noche—subrepticiamente—se apagaron todas las luces del Casino Español de Güines, todo quedó en tinieblas, comenzaron a lanzar tiros al aire en son de protesta, salieron corriendo los bailadores, todo se acabó como la fiesta del Guatao. Beny al despedirse dijo: “¡A este pueblo no vuelvo más!”

Y en lo adelante cuando el Beny Moré cantaba “Perdón y Olvido” decía: “¡Y ahí fue cuando los guajiros de Güines me entraron a tiros!”

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