EL DIFÍCIL ARTE DE DECIRLE QUE “NO NOS GUSTA” A UNA MUJER

por Esteban Fernández

Recuerde que yo siempre escribo “en términos generales”, es decir en “la mayoría de los casos”, porque cada vez que hago un escrito me sale a relucir alguien que es la excepción a la regla.

Los hombres le pueden fajar a 30 mujeres  y quizás -en el mejor de los casos- una se nos da. 29 nos mandan a freír espárragos, y a veces ni una nos hace caso, a no ser que uno sea el “Brad Pitt cubano”.

Desde muchacho ya aprendemos a sufrir las negativas de las niñas. ¡Oh, cuantas veces yo me enamoré y siempre me gustaban las mas bellas y  esas lindas me daban de lado!

De La Habana llegó una bella muchachita que me encantó, llamada Pierina Camino Perea, yo no le caí mal a ella, pero un día desapareció, regresó a la Capital, y no volví a verla hasta muchos años después ya en el exilio.

No digo que haya sido infortunado en el amor, simplemente quiero dejar sentado que cuando me dicen que “NO” es no. Acepto, y he aceptado siempre, una derrota amorosa.

Sin embargo, vamos al meollo del asunto: el 90 por ciento de las mujeres no aceptan elegantemente, y les cuesta mucho trabajo que un hombre las mire seriamente a los ojos y les diga: “¡Tu no me gustas, chica!”

La inmensa mayoría de las mujeres consideran que los hombres somos extremadamente fáciles, que todos les entregamos nuestros cuerpos a la primera oferta, a todas y cada una de las mujeres que nos hagan unas murumacas amorosas debemos correr para la cama con ella.

Y hay hombres que son así, pero quede muy claro que no todos. Yo tenía un cliente en la “Casa de cambios de cheques” que sostenía categóricamente que él “le metía mano a cualquier cosa”. Un día coincidió con él una anciana que tenía cerca de 90 años y le dije: “¿A esa Jesús te la echas al pico?” Y me respondió: “Bueno, que se ponga a tiro para que tú veas”.

Y es por eso, porque hay hombres poco selectivos como Jesús, que muchas mujeres consideran que nosotros debemos de rendirnos a los pies de la primera que nos lance una satería. Y estas son capaces -extremadamente molestas- de preguntarles al hombre: “¿Qué te pasa, chico, tu eres gay o impotente?”

No importa si uno es casado, o tiene una novia, o está en una bella relación, es muy difícil que acepten que estamos lo suficientemente enamorados como para ignorar la propuesta indecorosa.

Algunas mujeres llegan al extremo de ir al cuarto de un hotel de un personaje famoso, a las dos de la mañana, solas en alma, darse un mate, y entonces exigirles respeto y decirles que “NO QUIEREN NADA CON ÉL”, y después acusarlos públicamente de acoso sexual.

Y yo pregunto: ¿Cuándo es que los hombres vamos a ganar casos de acoso producido por cientos de mujeres, desde que el mundo es mundo, y desde el gran susto que pasamos cuando teníamos 13 años y la pervertida criada de la casa nos ensenó una teta?

Ahí es cuando debimos parar la cosa, ponernos súper bravos, dar el gran ejemplo,  decírselo a nuestras madres, pero casi todos sucumbimos y nos pasamos meses pidiéndole que nos enseñe la otra teta.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15