EL ESPEJO ROTO DE LA ESCOLARIDAD EN CUBA

 

Por Carmelo Diaz Fernández- Especial para Nuevo Acción

A pesar de las expresiones triunfalistas de los dirigentes de la dictadura cubana en el sentido de que están garantizadas las exigencias materiales y de personal para el presente curso escolar, cada vez son más frecuentes las quejas, las dificultades y el malestar de los trabajadores del sector. En tal sentido y con mayor énfasis los maestros, En este espejo roto de la escolaridad en Cuba son muchas las grietas que la dictadura trata de ocultar.

Año tras año, y cada vez en condiciones más difíciles, los educadores soportan la carencia de los materiales indispensables para desarrollar su labor, tales como libretas, lápices, escritorios, libros de texto y otros. Tal es así que en esta grieta un libro de lectura debe de ser utilizado hasta por cuatro educandos.

Este fenómeno se supera parcialmente gracias a las gestiones de los padres que utilizan parte de sus precarios salarios para comprar en CUC el material escolar de los alumnos (sus hijos). Es decir, material de estudio y efectos de escritorio ya que el Ministerio de Educación resulta incompetente para la solución de este crucial problema. Nada mejor para ilustrar esta situación que la carencia de los uniformes escolares los cuales son vendidos cada dos años. Pareciera que los estudiantes cubanos, a diferencia de sus congéneres en otros países, no crecieran.

Otra grieta aún más pronunciada es la baja calidad y mala confección de los alimentos, que en ocasiones no pasa de un poco de arroz blanco y alguna vianda. Tal estado de cosas, unido a la falta de estímulos materiales a los maestros, cuyo salario en el mejor de los casos no les alcanza para cubrir sus necesidades más urgentes y elementales, es lo que ha provocado la actual crisis.

En el presente curso escolar la dictadura ha tenido que reconocer que iniciarán el curso escolar con un déficit de 10,000 maestros y una galopante deserción a lo largo y ancho del país. La increíble solución ha consistido en tratar de improvisar maestros no titulados sin la menor capacitación docente ni profesional.

Otra grieta enorme en el espejo, quizás la mayor, lo constituye el adoctrinamiento ideológico hacia el alumnado desde los primeros grados del sistema escolar, con énfasis en los dogmas marxistas. Y lo más indignante, todas las mañanas deben repetir: “Seremos con la che”.

Los niños y los adolescentes carecen de las experiencias necesarias para enfrentar los retos que les impone la vida. La dictadura se aprovecha del laberinto emocional de sus edades para engañarlos y confundirlos.

Colegios como La Salle enclavado en la calle 13 entre A y B, en el habanero barrio del Vedado, está en estado ruinoso, así como las instalaciones de las antiguas Escuelas Pías, situadas en San Rafael y Manrique en el centro de La Habana. En idéntica situación se encuentran gran parte de las escuelas ubicadas en los municipios de Habana Vieja y 10 de Octubre, entre otros. ¿Y qué decir de los planteles del interior del país? Todos en evidente estado de absoluta insalubridad y roturas. La dictadura construye hoteles de lujo “cinco estrellas” para el disfrute de millonarios extranjeros, sin embargo, para las escuelas de los hombres y mujeres del futuro ni un puñado de arena.

Si alguien me preguntara ¿qué queremos? Respondería sin pensarlo: que en una Cuba republicana y democrática la educación esté al alcance de todos, que se promuevan y estimulen los valores auténticamente cubanos, consolidando la actitud de nuestros estudiantes mediante una enseñanza exenta de compromisos ideológicos que adulteren o falseen las contiendas históricas, políticas, culturales, sociales, laborales y familiares de nuestra nación.

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