EL EUSEBIO LEAL QUE CONOCÍ

EUSEBIOLEAL

Foto: Eusebio Des-Leal

SANTIAGOCARDENASDR.Por, Dr. Santiago Cárdenas- Especial para Nuevo Acción

Conocí a Eusebio  en la iglesia. Lo mismo oraba místicamente por la salud  de un enfermo que cautivaba a las congregaciones con una  espectacular homilía  a lo Savonarola. Eran los sesentas y eran los inicios de la involución cubana. Era también el Concilio Vaticano, que concedió cierto “derecho” inusual a laicos prominentes  para predicar. Su formación religiosa era carmelitana. En el colegio parroquial  del Carmen, La Habana, aprendió  desde  niño o imitó, gestos, actitudes, posiciones de manos, latinazgos, canto sacro, etc. que lo hacían el candidato perfecto para el seminario. “Casi cura” le decían los ingenuos.

Desleal, pronto se enfrió; se destiñó. Sus secretas intenciones eran otras, más allá de los altares y de  los pies de los carmelitas descalzos.  Él aspiraba  a botines  de Louis Viton y perfumes Paco Rabbane. Es un decir.

Los primeros síntomas  de alarma vinieron  cuando su divorcio de Teresita. Aquélla no fue una separación “normal”,  si no que tormentosa,  para  el promedio de los  muchos matrimonios  sacramentales  que a la iglesia  de las catacumbas  asistíamos. Luego vino el traje de miliciano y el pedigree revolucionario tan  necesario, previo a la escalada perfecta en un oficio de trepador. Se hablaba de una supuesta colaboración  de Eusebio con una célula terrorista  del 26 de julio, dirigida  por  Sergio González, el Curita, que muerto estaba—sin derecho a testificar—y de su meritoria labor  alojando a cientos de campesinos  en los pasillos de la Iglesia del Carmen, cuando la toma de la Habana  por la Caballería,  el 26 de julio de 1959.

En fin, por esos  mundos  torcidos de la burocracia castrista y de la involucíón cubana, luchando contra una tal Marta la de  la  Oficina Cultural de la época y apegándose a la sombra del historiador de la  Habana, don Emilio Roig, Leal se labró una posición  bien  luchada y  mejor ganada. Lo demás lo hizo su espectacular verborrea  que raya  en lo genial y una cultura  de autodidacta superior a la media analfabética de la nomenclatura cubana; amén de una temeraria actitud  hacia lo desconocido, que les relato: Un  académico de altura  me decía mientras   veíamos uno de los simpatiquísimos teleprogramas  de la serie  “Andar la Habana”, que  Eusebio cometía errores a granel, que inventaba o cambiaba datos, fechas y que  su didáctica era infame. No había crítica. “En el país de los ciegos  el tuerto es rey; …..y las que no se las  sabe , las inventa”, me decía el profesor.

SANTO DOMINGO. ¿CON TODOS Y PARA EL BIEN DE?

CASAMUSEOMAXIMOGOMEZ-JOSEMARTIENMONTECRISTIFoto: Casa Museo Máximo Gómez- José Martí, en Montecristi, República Dominicana

En el centenario del  Manifiesto me  encaminé a Montecristi, República Dominicana. No me dejaron entrar a la casita- museo de  Martí. Los gusanos no podíamos. Los “verdaderos cubanos” en guayaberas impolutas, encabezados por Eusebio tenían reservado un horario estelar protegidos por la Seguridad, el alardosismo y la Presidente congelada, de una tina ad hoc. Allí estaba, a unos pasos  de mi persona, con  su  oratoria  genial, alabando al Apóstol según el evangelio de Marx con ese  carisma  especial con que Dios lo dotó. Un discurso memorable, antes de abordar los  cuatro negros Mercedes blindados de la delegación castrista de regreso a la capital. En aquel tiempo ya era un personaje conocido a nivel  caribeño  y en el mundillo del espectáculo cultural. Eusebio había  “llegado”.

Cuando regresé a Santo Domingo  fuí a visitar   en Manresa a un amigo, un  viejo  obispo cubano  jubilado  en un asilo  jesuita, donde esperaba la muerte y oraba. Me dijo que  Des Leal—al cual conocía perfectamente—no sería bienvenido en aquel  lugar. “Persona non grata, porque en mi parroquia se robó, como ladronzuelo de sacristía, un  objeto  muy valioso de alto valor para la Patria.”

UN  LAMECULOS PIADOSO.

Hacer de  guataca mayor  de  Fidel Castro es solamente un divertimento. Todas las cortes necesitan de un  bufón. Disfrutar de privilegios en un país de miserables  es lo que  ordinariamente se espera en los insensibles  atados a las mieles del poder de una dictadura   totalitaria.

Hay que reconocer que Eusebio Leal  fué, ( hablo en pasado  porque tronado  está,  a pesar de su cáncer metastásico terminal ) un ser excepcional, por su piedad con los  pobres a su alcance. Me consta  que  ejerció la caridad  cristiana con todos los que tocaron a su puerta.  Resolvió desde una silla de ruedas, hasta una casita o un apartamento en Centro Habana para  un amigo o enemigo.  Extendió su  misericordia selectiva  para algún  medicamento de Caritas o/y para una discreta gestión ante Díaz Canel. Y eso; eso, no es poca cosa en el boderline del marxismo leninismo.

Y es que Eusebito nunca rompió del todo con sus raíces  católicas. Su amistad con monjitas piadosas y sus visitas periódicas a hurtadillas a sacristías y vicariatos así lo demuestran.

Recuerdo de  dos rutilantes  acontecimienos: Vestido de miliciano, cuando a la iglesia del Carmen iba para hablar con el padre Teodoro Becerril, su confesor, un ícono  eclesial  que en  gloria está. Entonces, también visitaba el Sagrario. Eran  unos  tedeums  muy singulares. El primero   cuando la  involución declaró al estado cubano como secular, que no ateo; y el segundo  cuando el monopartido autorizó a los  creyentes a ser militantes.

Está bien. “Yo no soy quién para juzgar”, siguiendo las  mejores  enseñanzas franciscanas. Sólo Dios conoce  si estas gestualidades de Eusebio eran puramente cultuales o se dirigían en la profundidad de su alma a Cristo, como  el Señor.

SU LEGADO. LAS CLÁSICAS LUCES Y SOMBRAS

Se pudiera  escribir mucho acerca del legado de Eusebio Leal. Luces: como   la preservación del patrimonio universal  de la Habana  Vieja  en medio del derrumbe nacional  y su  aceptación como uno de los dirigentes más queridos de la nomenclatura, tal vez el único,  por la gente de pie y humilde del archipiélago.

Sombras: La más importante y desvastadora, el haber re- escrito una nueva historia cubana, según los diktums oficiales, desde una óptica   marxista, falsa y retorcida ante reyes, dignatarios, embajadores  y altos funcionaron que anduvieron la Habana  junto a Él. Esto es un grave pecado; muy grave, contra las inspiraciones el Espíritu Santo. Y esos pecados, Eusebio, no se  perdonan. Nunca.

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