EL EZLN SIN MÁSCARAS (2)

Imagen ilustrativa: obispos Samuel Ruiz García (izquierda) y Sergio Méndez Arceo. (Fuente: scielo.org.mx)

El levantamiento armado del EZLN, el 1 de enero de 1994, fue propiciado en buena medida por el clero católico de izquierda y por la masonería

Por Jorge Santa Cruz-Sin Compromisos. La otra Historia

Es falso que el autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) haya surgido espontáneamente en las comunidades indígenas chiapanecas.

Como se demostró en la primera parte de esta serie, sus fundadores fueron mestizos —«ladinos», como se les conoce en las cañadas—. Todos ellos, pertenecían a las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN).

La infiltración ideológica de la izquierda en Chiapas cobró fuerza con la llegada del obispo Samuel Ruiz García a la diócesis de San Cristóbal de las Casas el 25 de enero de 1960, o sea, 34 años antes del levantamiento armado del EZLN.

Don Samuel, como era conocido por sus allegados, tenía entre sus mentores a otro obispo socialista: Sergio Méndez Arceo, quien estuvo al frente de la diócesis de Cuernavaca, Morelos, de 1952 a 1983.

La influencia del Concilio Ecuménico Vaticano II

El final de la década de 1950 presagiaba drásticos cambios a nivel del mundo, de la Iglesia católica y de México.

Era el año de 1958 y —al interior del catolicismo— la corriente progresista, vinculada a la masonería y al socialismo, luchaba abiertamente contra el ala conservadora que defendía la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

El 9 de octubre de 1958, el mundo se enteró de la muerte del papa Pío XII, quien había gobernado a la Iglesia católica desde el 2 de marzo de 1939. El fallecimiento de Eugenio María Giuseppe Pacelli agravó la lucha entre progresistas y conservadores.

Se sabe que el cónclave posterior a la muerte de Pío XII eligió al cardenal italiano Giuseppe Siri (1902-1989) como nuevo papa y que, incluso, Siri se iba a hacer llamar Gregorio XVII. Era, como Pacelli, defensor de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Sin embargo, el progresismo —con el apoyo de las logias masónicas— impidió que Siri asumiera el papado y puso en su lugar a otro cardenal italiano, Angelo Giuseppe Roncalli (1881-1963), partidario de colocar al ser humano en el centro del rito y de la liturgia.

El pontificado de Roncalli —quien tomó el nombre de Juan XXIII— fue breve. Duró menos de cinco años. Inició el 28 de octubre de 1958 y concluyó, con su muerte, el 3 de junio de 1963. No obstante, tuvo el tiempo suficiente para convocar al Concilio Ecuménico Vaticano II que se constituyó en el eje promotor de las reformas modernistas.

Muerto Juan XXIII, subió al papado otro cardenal italiano, Giovanni Battista Montini (1897-1978), quien se hizo llamar Paulo VI. A él, le tocó concluir el Concilio Ecuménico Vaticano II y comenzar a aplicar las primeras reformas que auspiciaron, desde ya, la subversión.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en el decreto «Apostolicam Actuositatem» («Apostolado de los laicos»), publicado por Paulo VI el 18 de noviembre de 1965. El documento, en el penúltimo párrafo del punto 8, establece lo siguiente:

Para que este ejercicio de la caridad sea verdaderamente extraordinario y aparezca como tal, es necesario que se vea en el prójimo la imagen de Dios según la cual ha sido creado, y a Cristo Señor a quien en realidad se ofrece lo que se da al necesitado; se considere como la máxima delicadeza la libertad y dignidad de la persona que recibe el auxilio; que no se manche la pureza de intención con ningún interés de la propia utilidad o por el deseo de dominar; se satisfaga ante todo a las exigencias de la justicia, y no se brinde como ofrenda de caridad lo que ya se debe por título de justicia; se quiten las causas de los males, no sólo los defectos, y se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciben se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos. (1)

La expresión que «se ordene el auxilio de forma que quienes lo reciban se vayan liberando poco a poco de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos» permitió al clero progresista subordinar el Evangelio al socialismo y promover las tesis de que la subversión es la manera que permite a los pueblos oprimidos liberarse «poco a poco» de la dependencia externa y bastarse «por sí mismos».

La conexión masónica del progresismo en México

El influyente masón mexicano Carlos Vázquez Rangel (1943-1998) reveló a la revista Proceso que tanto Roncalli (Juan XXIII) como Montini (Paulo VI) habían pertenecido a la masonería. De paso, involucró también con esta sociedad secreta a Sergio Méndez Arceo (1907-1992), quien fungió como obispo de Cuernavaca, Morelos —como se apuntó líneas arriba—, de 1952 a 1983.

Presentamos a continuación un fragmento de la entrevista que le realizó el periodista de ese semanario, Elías Chávez, a Vázquez Rangel :

“Sergio Méndez Arceo era masón. Llegamos a trabajar en la misma logia”, dice Vázquez Rangel, al informar que el obispo de Cuernavaca fue el encargado de presentar, en el Concilio Ecuménico, una iniciativa para que se revocara la bula papal de Clemente V en la que se prohibía a los católicos pertenecer a la masonería, so pena de ser excomulgados.

Efectivamente, esa prohibición fue abolida, entre otras cosas porque “el entonces Papa Juan XXIII también era masón, al igual que su sucesor, Paulo VI”, dice Vázquez Rangel, que agrega:

“Fue en París donde los profanos Angello Roncalli y Giovani Montini fueron iniciados, el mismo día, en los augustos misterios de la hermandad. Por eso no es extraño que mucho de lo logrado en el Concilio Vaticano II, de Juan XIII [sic], se fundamente en los principios y postulados francmasónicos”. (2)

La trampa abierta por el Concilio Vaticano II fue ampliada, después, por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en tres conferencias: Medellín, Colombia (1968); Puebla, México (1979), y Santo Domingo, República Dominicana (1992).

Las directivas revolucionarias del CELAM

El Consejo Episcopal Latinoamericano siguió la línea trazada por el Concilio Ecuménico Vaticano II y por el más prominente teólogo de la liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez.

El documento final de la conferencia de Medellín propuso, entre otras medidas, las siguientes:

Las comunidades nacionales han de tener una organización global. (3)

“Una auténtica y urgente reforma de las estructuras y de la política agrarias”. (4)

Desarrollar pequeñas comunidades sociológicas de base que logren equilibrar las relaciones con los grupos minoritarios de poder. (5)

Como se observa, el episcopado latinoamericano propuso en 1968 la creación de una «organización global», es decir, de un gobierno mundial.

Además, apuró a «Una auténtica y urgente reforma de las estructuras y de la política agrarias», lo cual fue interpretado por los clérigos radicales como el permiso de la Iglesia para iniciar la lucha armada en las comunidades más pobres y marginadas.

Digno de hacer notar, además de todo, fue la orden de organizar comunidades de base, como las que fueron utilizadas por el EZLN para soportar su logística. (Las comunidades de base eran dirigidas por presuntos catequistas).

Bertrand de Lagrange y Maite Rico explican en su libro Marcos, la genial impostura cómo el EZLN se benefició de las comunidades de base:

En la región tojolabal, como en el área tzeltal y tzotzil, los catequistas desempeñaron el papel de intermediarios para facilitar a Marcos y a sus compañeros el reclutamiento de la población indígena. Lázaro Hernández, un diácono de origen tzeltal, y David, un catequista tzotzil,, ocupaban simultáneamente funciones en el seno de la Iglesia y en el EZLN […]. Entre los tojolabales, los zapatistas se implantaron gracias a Tacho y a Moisés, que se convertirían en comisarios políticos del movimiento. (6)

Consignado lo anterior, diremos que el documento final de la conferencia de Puebla (1979), a su vez, se pronunció a favor — entre otras cosas— de las siguientes:

Desaparecer la diferencia entre la pastoral al servicio de las élites y la pastoral popular. (7)

Señalar la responsabilidad de los laicos en la construcción de la sociedad temporal. (8)

Conformar la preocupación preferencial del clero latinoamericano por la defensa y promoción de los derechos de los pobres, los marginados y los oprimidos. (9)

Tales directivas se ajustaron perfectamente a la teología de la liberación surgida en Medellín, 11 años antes.

El documento final de la conferencia de Santo Domingo (1992), por su lado, propuso diversas líneas de acción en materia social. Por razones de espacio mencionaremos dos:

Participar en organismos de diálogo y mediación, así como en instituciones de apoyo a las diversas clases de víctimas. (10)

Empeñarse firmemente en la superación de toda injusticia derivada de discriminación racial, nacional, cultural, sexual y religiosa. (11)

La primera directiva citada permitió a Samuel Ruiz García crear la Comisión Nacional de Intermediación (CONAI) con el fin de apuntalar al EZLN.

La segunda, dio más aliento al clero progresista para reforzar su activismo político y subversivo.

Samuel Ruiz, continuador de Juan XXIII

El 14 de noviembre de 1959, Juan XXIII publicó la bula que designaba al sacerdote mexicano Samuel Ruiz García, de 35 años, como obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Ruiz García tomó posesión de la mencionada diócesis el 25 de enero de 1960 y se valió de la religión para promover la lucha de clases  utilizando el Evangelio.

Don Samuel refería en vida que fue Juan XXIII el que pidió que el Concilio Ecuménico Vaticano II girara en torno a tres ejes:

La acción de la Iglesia en un mundo mayoritariamente ateo.

La unión de las distintas congregaciones cristianas divididas a raíz de la reforma de Lutero.

La Iglesia ante la pobreza.

Sobre este tercer aspecto, Ruiz García declaró al periodista Rafael Ojeda que Juan XXIII fue probablemente influenciado por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, puntal de la teología de la liberación. (12)

Sobre esto, don Samuel abundó:

La Iglesia de todos, es decir la Iglesia de los pobres. Entonces, con esta sentencia el Papa explica que si no hay una correcta relación de la Iglesia con el mundo de la pobreza —no con los pobres individuales sino con la pobreza estructural—, es decir con los pueblos en vías de desarrollo, no puede haber una verdadera forma de anunciar el Evangelio. O se está en una correcta relación con el pobre o no hay una iglesia del señor. Cuando se ve que entre la pobreza y la riqueza hay una relación de causalidad, y que hay explotación en el sistema, la Iglesia no puede permanecer neutral; tiene que optar por el pobre, porque si no sería cómplice de la causalidad de la pobreza. Entonces, lo que sucede en Medellín no es que cambie la trayectoria de la Iglesia, sino que se percibe más claramente, tras un análisis social, la relación que hay entre estos dos mundos. En ese sentido hay una opción que se declara en Medellín y que se hace eco de lo que en el Concilio Ecuménico Vaticano II se dijo. Ahora bien, en el Concilio Ecuménico no se pudo llegar a profundizar el tema de la opción por los pobres por varias razones. Una de ellas porque en Europa no existían pobres. Ese es un fenómeno reciente en ese continente. (13)

Conclusión

La irrupción violenta e impune del EZLN tiene entre sus principales promotores indirectos a Juan XXIII y a Paulo VI. También, al Concilio Vaticano II y a la masonería.

Y entre los ideólogos directos, a los obispos socialistas Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz.

En la próxima entrega  nos ocuparemos de los movimientos guerrilleros que prepararon el terreno al EZLN en Chiapas.

Bibliografía y referencias electrónicas

Paulo VI. «Apostolado de los laicos». El Vaticano. Consultado en http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html

Elías Chávez. «Como secretario de Gobernación, castigaba a Prigione con cinco horas de antesala». Proceso. Consultado en https://www.proceso.com.mx/160268/como-secretario-de-gobernacion-castigaba-a-prigione-con-cinco-horas-de-antesala

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento final de Medellín». (Punto 7, página 14). Consultado en http://www.diocese-braga.pt/catequese/sim/biblioteca/publicacoes_online/91/medellin.pdf

Íbid. (Punto 14, página 16).

Íbid. (Punto 21, página 17).

Bertrand de la Grange y Maite Rico. «Marcos, la genial impostura». (México: Aguilar, 1998), páginas  153 y 154.

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano». (Punto 1215, página 160). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Puebla.pdf

Íbid. (Punto 1216, página 160).

Íbid. (Punto 1217, página 160).

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Santo Domingo». (Página 62, último párrafo). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Santo_Domingo.pdf

Cfr. Consejo Episcopal Latinoamericano. «Documento de Santo Domingo». (Página 63, primer párrafo). Consultado en https://www.celam.org/documentos/Documento_Conclusivo_Santo_Domingo.pdf

Cfr. Rafael Ojeda. «Iglesia, sociedad e historia. Una entrevista con el obispo Samuel Ruiz García». (Ver página 4 y 5), Consultado en http://www.desco.org.pe/recursos/sites/indice/87/396.pdf

Íbid., página 5.

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