EL HUMORISMO DE ESTEBITA: EL SOLTERO FELIZ

Por Esteban Fernández

Les he hablado varias veces del amor, de los que han tenido la suerte de estar una eternidad felizmente casado. Hoy les voy a escribir sobre los solteros felices.

El soltero hace lo que le dé la gana, no tiene que discutir con nadie en la casa, no tiene que celar a nadie, y no solamente es el árbitro absoluto de su vida sino de algo más importante aún: es dueño del control remoto del televisor.

En la televisión ve el programa que le dé la gana, cambia de canal a su antojo, es más, puede ver 20 programas al unísono o pasarse el día entero viendo Fox News.

Se viste como le de la gana, si quiere se pone una media roja y la otra verde, y hasta puede usar un zapato negro y otro carmelita sin nadie que lo reprenda.

No se siente culpable al admirar y lanzarle piropos a toda belleza femenina que le guste y por lo tanto no tiene nunca que sentirse infiel.

Va al cine solo y si no le gusta la película se levanta y se va sin ninguna explicación. Y viceversa, no tiene que salirse del teatro para complacer a alguien que esté aburrida con la película.

No tiene que ir por obligación a una fiesta, ni a una reunión familiar, ni a una boda, ni a un bautizo, ni a un cumpleaños de un niño.

Casi nunca tiene que regalarle nada a nadie, y los pocos regalos que hace los puede llevar envueltos en un cartucho. Todo el mundo acepta de buena gana que un hombre soltero es incapaz de envolver y ponerle una moña a un obsequio.

Puede acostarse cuatro horas en el sofá de la sala a leer un periódico, o a dormir la siesta, a ver en Internet los escritos de Esteban Fernández, sin que nadie le diga que “Vaya a hacer algo mas productivo”.

Se acuesta a dormir cuando quiera y se despierta a la hora que le de la gana. Y puede dejar un trabajo sin tener que darle explicaciones a nadie.

No tiene que tener miedo a criticar la comida que le sirven en el restaurante, mientras el casado vive con temor y sin poder quejarse jamás de lo que le cocina su cónyuge.

Puede coger una foto, sin marco, ponerle un pedazo de “scotch tape” en el reverso   y pegarla en la pared.

Puede poner en la sala una enorme bandera cubana de adorno y nadie lo regaña. Puede llegar borracho a la casa, con manchas de pintura de labios en la camisa y oler a perfume barato de fletera y no pasa nada.

Puede fumarse cinco tabacos consecutivos dentro de la casa y dentro del carro, contar los mismos cuentos 20 veces, repetir mil veces los chistes de Álvarez Guedes, y andar con el mismo t-shirt empercudido tres días consecutivos y nadie le dice nada.

Logra decir mil veces que “mi madre era la mejor mujer del mundo, cocinaba los mejores frijoles negros y me hacía la más rica sopa de pollo cuando tenía catarro” y a nadie le molesta eso.

No hay que ir de vacaciones a ver museos y obras de arte en Europa, no hay que congraciarse con los suegros, ni ayudar a mover la posición de los muebles de la sala casa seis meses, ni hay que separar la ropa blanca y la oscura a la hora de lavarla.

Y a la hora de la vejez absoluta, cuando haya que usar “pampers”, tranquilamente pueden irse a un asilo de ancianos en Miami, donde haya Diario Las Américas, juegos de dominó, se hable mal del comunismo, encontrar allí por lo menos tres o cuatro viejas que todavía estén buenas y que receten Viagra. LOL.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15