EL HUMORISMO DE ESTEBITA: EMETERIO Y SU ARETE.

Por Esteban Fernández

Los cubanos somos implacables unos con otros. La crítica es acérrima y constante.

Decimos cosas como: “¡Contra, que viejo te has puesto, que gordo estás, pareces un elefante, que tremenda barriga cervecera has echado!” Mientras más viejo se pone el cubano con más derecho se considera a decir y criticar lo que le dé la gana.

Desde que cumplimos los 60 ya comienza la impertinencia de la impotencia: “Ya tu no soplas…”  Son cuatro palabras que todos los viejos cubanos tienen que escuchar cien veces en sus vidas.

Nosotros nos atacamos constantemente, con vehemencia, sin clemencia, es más, desde que estamos en el kindergarten a la hora de pesarnos y quitarnos los zapatos y tenemos un hueco en el dedo gordo de la media ya recibimos las primeras burlas y risotadas.

Observe usted: El viejo Emeterio se queda viudo y quiere rejuvenecerse, cambia su indumentaria, se pinta el pelo, baja de peso y hasta se compra un auto moderno y convertible. Sube la parada y se pone un arete en la oreja izquierda.

Créame si les digo que Emeterio puede montarse en un avión y recorrer medio mundo sin que absolutamente nadie le critique su arete.

Va a París, Madrid, Tegucigalpa, Sol de Plata, Río de Janeiro y hasta Pekín. La humanidad en pleno ignora y respeta la voluntad del viejo de ponerse una argolla en su oreja. Hasta encuentra quienes lo celebran.

Pero, se le ocurre la peregrina idea de regresar a visitar a sus compatriotas en diferentes puntos del exilio. Miami, Los Ángeles, Chicago, New Jersey, New York, Las Vegas.

Ya está aburrido de ver museos, nieve, venados, gente hablando otros idiomas que le han respetado su modernización. Y loco regresa por abrazar a sus coterráneos.

Y ahí es donde le cae carcoma, entre mil cubanos de su generación NO ENCUENTRA UNO SOLO QUE ESTÉ DE ACUERDO CON ESE RIDÍCULO ARETE. Lo bonchean, lo relajean, se burlan de él, lo llaman ridículo, payaso, picuo, viejo verde…

Y no le queda más remedio que ponerse unas bermudas de cuadros, una guayabera de mangas cortas, unas sandalias, una medias Casino trasparentes, y guardar su arete en una maleta que tiene preparada por darse un viaje a Rawalpindi, Pakistán o a cualquier lugar donde no hayan compatriotas que lo tiren a coña.  Vaya.

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