EL HUMORISMO DE ESTEBITA: “ESE LUNAR QUE TIENES CIELITO LINDO JUNTO A LA BOCA”

Por Esteban Fernández

Esto es así: Si usted delante de una amiga, novia o esposa,  hace una crítica de otra dama o una burla de la forma en que luce otra mujer enseguida estas saldrán en su defensa.

Haga la prueba cuando usted vea una foto en una revista, o en Facebook -o en persona- a una gorda que pesa 350 libras y dígale a una muchacha: “¡Ñooo, mira para eso, para una ballena!” y ahí usted se saca la rifa del elefante.

Porque el 95 por ciento de las mujeres a su alrededor comenzará a echarle a usted con el rayo y buscarle bellezas y virtudes que obviamente usted no ha visto ofuscado por las 200 libras que le sobran a la criticada. Y lo mismo resulta si a una flaca desgarbada usted dice que “Parece un fideo o un grillo malojero…”

Ahí usted tendrá que escuchar cosas como: “Ay, viejo, que malo tu eres, fíjate en los bellos ojos que tiene”. Otra dirá: “Muchacho, tú estás loco, observa bien esas manos y esas preciosas uñas que tiene, ya quisiera yo para un día de fiesta tener las largas pestañas que posee esa dama”.

Y ahí todas y cada una coincidirán en lanzarles 20 mil halagos como: “Luce muy interesante, estoy segura que debe ser muy simpática, fíjense que porte tiene, a la legua se ve que es una dama y que es una mujer extremadamente educada”.

Y,  por el contrario, si le lanzamos un piropo a una mujer escultural, a un pollo, a un monumento, entonces esas mismas mujeres que estuvieron una hora defendiendo al “tamal mal envuelto” y al “esqueleto rumbero”, ahora van a encontrarle un montón de defectos a una belleza femenina: “Que se le ve que tiene una barriguita, que en realidad no está nada del otro mundo, que se ve muy vulgar, que ese fondillo debe ser producto de siliconas, que se ve que las tetas son fabricadas por un cirujano”.

Recuerdo que hace poco puse públicamente una foto de una de las mujeres más voluptuosas y requetebuena que ha dado Cuba, Lina Salomé, y tres amigas coincidieron en decir: “Lo desagradable que le lucía el lunar que tenía en el muslo”. Y hablando de lunares, les juro que una vez al celebrar a la mexicana María Félix una buena amiga me dijo en tono de burla que “Ese lunar que tiene, cielito lindo, junto a la boca, en realidad era una verruga”.

Pero las mujeres son mil veces mejores, más buenas y condescendientes, con sus amigas que nosotros con los nuestros. Jamás una mujer -de frente a frente- critica el vestido, ni las apariencias, ni la gordura, ni la edad, ni el pelo, de otra mujer. Ellas, una a otras, son un constante shampoo de cariño y solidaridad.

Mientras, nosotros somos implacables con el resto de los hombres.  A los que lucen bien los ignoramos, actuamos como si no nos diéramos cuenta de que William Levi o Brad Pitts lucen bien, y barremos el piso con los demás ocambos.

Y mientras más viejos somos más criticones nos ponemos con los otros ancianos. Decimos cosas como que: “Pareces un esperpento, esa ropa te queda súper mal, te pintas el pelo, estás hecho leña, y ya tú no soplas”.

Les cuento que un cubano puede ponerse un enorme arete en la oreja izquierda y recorrer medio mundo con el puesto y nadie le dice absolutamente nada. Cero críticas a nivel universal. Pero si se aparece en una fiesta cubana, en un restaurante cubano o a una reunión privada con sus amigos, van a estar por el resto de su existencia burlándose de él. Ese arete jamás será perdonado ni olvidado.

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