EL LLAMADO DEL HAVANA LAUNDRY

Por Carmelo Diaz Fernández-Especial para Nuevo Acción 

Ahora resulta que la soga sigue apretando a la dictadura cubana y a través de la inversión extranjera quiere sacar a la superficie a un cadáver económico cambiando su renuente línea, es por ello que han hecho una desesperada claudicación rogando a los inversionistas extranjeros (no a los cubanos) que vayan a invertir sus dineros a Cuba.

Al llamado del Havana Laundry no le interesa de donde viene el dinero de los inversionistas ni adónde va a parar, eso es asunto de los que van a poner sus dineros a jugar en una ”lavandería” que no le garantiza en absoluto ninguna ventaja.

Pero Paris bien vale una misa y ellos (los inversionistas) solo acuden a la mencionada Havana Laundry para lavar un dinero mal habido en Europa o en Suramérica, vaya usted a saber en qué turbios manejos.

Reinará la alegría entre unos y otros si al final del día el asunto queda oficializado, pero de lo que si estoy seguro es que ningún inversionista estadounidense acudirá al llamado del Havana Laundry. Estados Unidos es una nación de leyes y de mucha ética y moral.

El régimen totalitario, carente de toda sensatez sobre su Código Laboral vigente – draconiano – aún mantiene en su letra sobre la política de empleo hacia los trabajadores una férrea centralización en su reglamento de labores.

Está terminantemente prohibido a los inversionistas extranjeros contratar directamente al personal que requieren para el desempeño de las distintas actividades laborales de conformidad con la Ley 77 “De la inversión extranjera”. Todo este abuso y discriminación no les interesa a los inversionistas, su única meta es acudir al llamado del Laundry.

En lo concerniente a la práctica de empleos la dictadura, mediante la referida empresa empleadora, mantiene el control de la selección del trabajador solo remitiendo a aquellos aspirantes que se encuentran identificados política e ideológicamente con la línea del partido comunista y a la militancia de la Juventud Comunista (UJC).

Los trabajadores no identificados con el régimen ni pensar que vayan a ser seleccionados, todo lo cual constituye una flagrante violación del Convenio 111 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) relativo a la discriminación en el empleo por posiciones políticas, religiosas o raciales.

Esa discriminación para nada les interesa a los inversionistas, su objetivo es acudir al Havana Laundry para lavar su dinero y obtener fáciles ganancias.

En cuanto al insólito y arbitrario impedimento existente mediante el cual se le impide a todo nacional la inversión de capital para establecer empresas en su país, no podemos negar el hecho de que también nos encontramos ante una incontestable violación de los principios sustentados por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en su tesis sobre “El derecho al desarrollo” cuya discriminación al oriundo de nuestro país patentiza inobjetablemente no solo el surgimiento de un avasallador número de desigualdades sociales jamás concebido o existente en Cuba con anterioridad al año 1959.

Debemos aclarar que no estamos en contra de la inversión extranjera ya que ésta produce empleo y riqueza además de contribuir al desarrollo de las economías en un marco de libre mercado y democracia.

Pero precisamente en la Cuba estatizada por un sistema obsoleto de centralización nos oponemos a que personas sin escrúpulos asistan a un llamado para sostener una dictadura que quiere paliar con parches de economía un sistema corroído por la centralización y el abuso.

No obstante, si los inversionistas deciden acudir al Havana Laundry les reitero que su dinero estará ayudando al desarrollo de una cultura discriminatoria, amoral y escapista asi como también al sostenimiento de un régimen que engendra todos estos males y al que solamente le interesa aferrarse al poder con sus dineros, sin lugar a dudas emborronados de muchas maneras ilícitas.

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