EL NEOCAUDILLISMO

elneocaudillismo

JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Uno de los problemas más serios de Hispanoamérica en lo relacionado con su estabilidad política y prosperidad económica, por no decir el mayor, no es el comunismo, sino su cultura ancestral: la cultura del caudillismo; una norma de conducta autoritaria asimilada en el ámbito colonial de la hacienda consolidada en el siglo XVII, institución clave en la formación del carácter hispanoamericano. En torno a esta cosmovisión arraigada ya en el subconsciente colectivo se organizan los países de la región después de la independencia de España en el siglo XIX, seguido de guerras civiles y pronunciamientos. Es el período crudo del caudillismo.

En uno de los muchos intentos por explicar esta configuración cultural, el jurista venezolano Luis Cova García propone que “La Sierra Morena se trasladó a América” y su carga de malhechores encontró terreno fértil de este lado del Atlántico.1 Es la época de civilización y barbarie acuñada por Sarmiento en la figura de Facundo Quiroga, estirpe literaria de Juan Manuel de Rosas y Mariano Melgarejo; el hombre a caballo que “gobierna con o sin cargo; ejercita su poder con o sin constitución; su autoridad y legitimidad son personales y no depende de institución alguna”.

2 Son los tipos duros que sin embargo evolucionarán con el tiempo. Es la faceta que el boliviano Alcides Argüedas refiere como el período de los “caudillos letrados”.

3 Son las figuras light de la cultura del caudillismo, Diego Portales, García Moreno y el colombiano Rafael Núñez, por citar unos pocos, político sofisticado este último seducido al final por la inspiración mesiánica de la dictadura, el llamado

ancestral ante el que sucumbirán más tarde Juan Domingo Perón, Velasco Alvarado y Alberto Fujimori. Una norma de conducta anquilosada en el tiempo, necesitada de un refinamiento teórico de su antiguo paradigma cultural, destinado a convertirse en neocaudillismo.

El caudillismo decimonónico respondía esencialmente al paternalismo cultivado en la hacienda por la prerrogativa indiscutible del patriarca, descrita por el sociólogo José Medina Echevarría como “una dilatada estructura familística de la que emanaba la autoridad local”.

4 De suerte que apoyado en la tradición cultural bastaba al caudillo invocar la mitología patriótica para asumir y perpetuarse en el poder, hasta perderlo a manos de algún nuevo hombre fuerte por iguales motivos. Era una tradición fuera de época necesitada de un nuevo ropaje ideológico para justificar el continuismo político del caudillo.

El neocaudillismo (llamado erróneamente populismo) encuentra en el marxismo-leninismo un disfraz a su medida, un argumento serio y refinado de primer mundo, obsoleto en otras latitudes, pero bien acogido en círculos académicos y literarios de Estados Unidos y Europa, eufóricos por la nueva corriente de pensamiento que presuntamente ha puesto fin a los golpes de estado en Hispanoamérica.

Es la nueva estrategia continental formulada por Fidel Castro al Foro de Sao Paulo, inaugurada por Hugo Chávez en Venezuela, cabeza de playa castrista en América del Sur.

El neocaudillismo se ha vestido de gala, enarbola teorías que no entiende e invoca filósofos que no conoce pero convienen, provechosos instrumentos de relación pública que le aleja de la abominable imagen de Somoza, Trujillo y Batista. Le otorga suficiente respetabilidad como para llamarle socialismo del siglo XXI a una dictadura y rendirle tributo en Cuba (desde Washington hasta el Vaticano) al origen del mal. De esta confusión no puede salir nada bueno.

1 Luis Cova García, El bandolerismo en Venezuela, 1955

2 John Lynch, Caudillos in Spanish América, 1992

3 Alcides Argüedas, Los caudillos letrados,1923

4 José Medina Echevarría, Consideraciones sociológicas sobre el desarrollo económico, 1983

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