EL PERIODISMO CUBANO EN EL EXILIO

Por Carmelo Diaz Fernández- Especial para Nuevo Acción.

Cuando los historiadores de las futuras generaciones analicen en su justa e histórica dimensión al exilio cubano, una de las primeras tareas que tendrán que plantearse a la hora de conducir el análisis, será describir cuales fueron las consecuencias derivadas del quehacer de los periodistas cubanos.

Es imposible separar ambas expresiones, es decir exilio-periodismo. Desde sus orígenes en los primeros años de la década de 1960 el exilio cubano siempre sustentó el periodismo independiente pues las noticias, las crónicas, los reportajes, etc. constituían el pequeño – o libre espacio – de meditación, análisis, información y formación de una convivencia patriótica y democrática.

Desde su fundación hasta el presente el periodismo cubano en el exilio ha constituido una fuente de incalculable valor. Nunca ha dispuesto de cuantiosos recursos, pero si ha sido en su totalidad – no obstante los escollos – una entidad que examina y denuncia y, además, propone, se supera y descubre que en cada momento existe la posibilidad de hacer una mejor información en todos los órdenes.

Los periodistas que integran nuestras filas poseen una excelente calidad en sus enfoques, han construido narrativas muy hermosas y constituyen un equipo humano de excelente desarrollo académico. Nunca han cedido ante la tentación de la chabacanería, la obscenidad o el mal gusto. No es el populismo ni la demagogia la meta que los impulsa. Son los periodistas cubanos en el exilio los hombres y las mujeres de nuestros tiempos, han nacido para el decoro, la dignidad y con un elevado sentido del compromiso informativo. Son, por derecho propio, bastiones de nuestra futura democracia.

Del mismo modo que en otras épocas lo fueron José Martí, Manuel Márquez Sterling, Jorge Mañach, Herminio Portell Vilá, José Ignacio Rivero, Gastón Baquero, Luis Aguilar León, Agustín Tamargo y otros no menos brillantes quienes dignificaron el oficio y dejaron indelebles pruebas de talento y vocación democrática.

La prensa cubana en el exilio posee el gran privilegio de hacer visible lo que para otros se mantiene oculto. Además, es una prensa contestataria que engarza con tenacidad la técnica de la información con la ética del análisis.

Los periodistas cubanos en el exilio hemos sido objeto de constantes ataques de la tiranía cubana, manipulando traidores al servicio de sus mezquinos intereses con el propósito de sabotear y contaminar nuestro avatar noticioso.

Sabemos que la tiranía de La Habana no desmayará en tratar de alcanzar lo imposible: la desaparición de nuestra labor en el exilio.  Nunca seremos una prensa alternativa porque la verdad jamás será alternativa.

Las auténticas ideas de quienes lucharon por la libertad de los pueblos las llevamos plenamente identificadas en nuestros pensamientos. El periodismo cubano en el exilio expande sus paradigmas democráticos hacia otras latitudes porque donde quiera que impere la maldad y el despotismo allí estarán nuestra pluma y nuestro compromiso.

Quiero concluir estas ideas con dos pensamientos de nuestro Apóstol que resumen y ejemplifican la excelsa labor de quienes lo hemos entregado todo teniendo como meta y única recompensa la añorada libertad de nuestra tierra: Dijo el Apóstol: “La prensa no es aprobación bondadosa ni ira insultante. Es proposición, estudio, examen y consejo”. Y sentenció: “La palabra no es para encubrir la verdad sino para decirla”.

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