EL RESCATE DE UNA DICTADURA

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JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Hace unos cuantos años, cuando se produjo el desmerengamiento de la Unión Soviética, nos tocó a nosotros reír de buena gana por un vuelco tan inesperado que ni los mejores cartógrafos políticos podían predecir: el muro de Berlín se vino abajo a golpe de mandarria y en La Habana se secó el pozo del subsidio que amamantaba a los tardíos bolcheviques criollos (Cuba siempre llega tarde a la cita) los “Gurkhas” del Caribe, como los llamó en una ocasión el ex diplomático cubano Juan Benemelis.

Ahora parece que son ellos los que tienen la oportunidad de sonreír. Una incipiente pero efectiva infraestructura política regional, la denominada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), expresamente concebida para marginar a Estados Unidos y Canadá de la familia hemisférica; una plaza fuerte en la Venezuela chavista (la Angola cubana en América del Sur); unas generosas remesas que ayudan a mantener a flote el presupuesto nacional; un repique de campanas por la paz alcanzada en Colombia con la mediación del sucesor de la familia Castro al estilo de Corea del Norte; y un concubinato político de interés mutuo para Washington y La Habana. De nuevo ocurre lo inaudito: el rescate de una dictadura.

No tengo la menor idea por cuánto tiempo se prolongará esta contradicción histórica, pero me temo que el marco teórico tradicional de la oposición dentro y fuera de la isla no se ajusta a la realidad. Algunos estudiosos del proceso cubano, por ejemplo, insisten en convertir la variable económica en piedra angular de sus predicciones políticas, un índice de incuestionable importancia socioeconómica, pero no necesario y suficiente en lo relacionado con el aspecto cultural de la sociedad.

Es axiomático, afirma el historiador español, Fernando Díaz-Plaja (Otra historia de España, 1972), que la debilidad económica no es la base de las revoluciones. “Cuando el pueblo está aplastado por la miseria, se resigna; cuando se endereza y mira por encima (decía Tocqueville) es cuando se inclina a sublevarse”. Máxima con la que han coincidido los pensadores izquierdistas del siglo pasado: “La miseria no engendra rebeldía, sino que, por regla general, la mata allí donde existe”.

Si alguien se pregunta cómo los Castro permanecen todavía en el poder en Cuba, y Nicolás Maduro continúa gobernando en Venezuela, las citas anteriores tal vez le ayuden a dar con la respuesta. Desde luego que ésta no es la única explicación, hay otras que nos dejan sin aliento, pero en ese espejo deben mirarse los cubanos y los venezolanos atrapados en una telaraña política de la cual difícilmente lograrán escapar por la vía de la razón.

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