EL SINDICATO EN EL ESTADO TOTALITARIO

Por Carmelo Díaz Fernández- Especial para Nuevo Acción

La esencia de la actividad de los sindicatos ha sido adulterada en la práctica de las relaciones laborales en Cuba.

El sindicato evoca defensa de intereses, desde exigir el cumplimiento del contrato de trabajo hasta la promoción de un decoroso nivel de vida en el plano profesional, personal y familiar. Un sindicato, para que sea auténtico, tiene que ser independiente. No se puede avasallar a los trabajadores con promeses que jamás se cumplen ni acosarlos por el terror.

Los sindicatos oficialistas en Cuba carecen de autonomía para defender a aquellos que supuestamente representan porque les falta, incuestionablemente, autoridad y notoriedad. Frecuentemente muchos trabajadores se acercan a los sindicalistas independientes en busca de apoyo y asesoramiento para defenderse de los atropellos de las administraciones de los centros de trabajo propiedad del régimen, cuya actuación solo responde a los miserables intereses del Estado totalitario.

Históricamente, en la Cuba republicana, los sindicatos lucharon por la libertad y la independencia y sirvieron para alcanzar beneficios mediante presiones, iniciativas y justas huelgas legales para la obtención de mejoras salariales, mayores garantías contra el desempleo y la promoción de ideas en el plano legislativo, tales como la jornada de ocho horas, el derecho a vacaciones pagadas, institución de las Cajas de Retiro y la formación de poderosas y autónomas organizaciones gremiales que fueron ejemplo y guía para los trabajadores latinoamericanos.

En la Cuba actual todas esas conquistas laborales han sido hurtadas por el régimen totalitario. El actual panorama sindical es sombrío porque se le ha introducido la implacable y siempre represiva presencia del Estado, creando un conjunto de insalvables contradicciones que constituyen cadenas que inmovilizan y estrangulan a la clase trabajadora.

En estos aciagos momentos que vive nuestra nación, los trabajadores cubanos luchan por remover los obstáculos que los atan a un sistema anacrónico ya liquidado por la historia. Los sindicatos independientes en Cuba se proponen recuperar la autonomía en el terreno laboral de los trabajadores, como fue siempre en la era republicana y democrática, basados en la independencia de las prácticas laborales nacionales e internacionales y que se remuevan del escenario social actual todas las estructuras burocráticas y estatizadas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Tratan de imponer a la sociedad cubana un nuevo reglamento del PCC llamado de forma insultante constitución. Ese engendro nada alude en su letra sobre la independencia sindical ni del derecho de los trabajadores a la propiedad privada con su correspondiente garantía jurídica, asi como tampoco a los beneficios éticos y morales que se derivan de este derecho. 

¿Cuál es, entonces, la principal alternativa que tiene ante sí el movimiento obrero cubano? Combatir sin descanso para, de una vez y para siempre, ponerle fin a tan oprobioso régimen. Reivindiquemos la vida y el honor de los trabajadores y preservemos su raíz histórica sin otra intención que consolidarla para honor y gloria de la actual y futuras generaciones de cubanos.

Carmelo Díaz Fernández, periodistas y sindicalista cubano. Ex prisionero de conciencia de la Causa de los 75.

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