EL SÍNDROME DE ANA BELÉN Y EL GATOPARDISMO DE TRUMP

Por Dr. Santiago Cárdenas- especial y en primicia para Nuevo Acción

Ana  Belén Montes la ildepútica  espía de cinco estrellas en relación a Cuba  debería haberse achicharrado en una silla eléctrica en Langley, Virginia. Era lo que le correspondía en los tribunales, por alta traición. Pero; no.  Ella cooperó. ¿Cooperó? salvando el pellejo, pero perdiendo el apoyo de los castro’s que necesitaban de una  portorro- latinoamericana mártir  para su canonización en los altares de la involución cubana.  Por eso es el desgano y la apatía  comunista en las campañas para su excarcelación. Y  su  exclusión en los canjes de espías.

Anita, no obstante, dejó su gran legado. Un legado, de pocas palabras, que ha trascendido  la historia y que cambió la geopolítica  americana para siempre. “Cuba  ya  no es un peligro para los EEUU”.

Eso lo repiten desde el New York Times y sus satélites; los generales de cinco estrellas; la intelligentzia CIAtica y el  Departamento de Estado hasta los Saladriga-doers y los bebedores de cortaditos en el Versalles. La resultante es que Tio Sam se acuesta a dormir tranquilamente  en la cama de y con Liborio. Un Liborio  desconocido: perverso, diabólico, con el cuchillo escondido en las espaldas.

Mentirijillas! T’o el mundo y Raimundo saben  que  el apotegma de la Ana Belén (foto a la izquierda) es falso. Lo que sucede es  que  a muchos—especialmente  dentro del establishment estadounidense—les “conviene” ignorar el problema. Nunca como en este caso hacerse los verracos, los tontos de capirote, ha dado  tan grandes dividendos  en la política  mundial. Evitan, así tener que  ACTUAR (mayúsculas) con justicia, aplomo y timbalina.

El gatopardismo de Trump—del cual su obsequiosa respuesta a los  grillos sónicos es la mejor evidencia—se  inscribe con letras de oro en el síndrome de Ana Belén. Los patriotas del exilio coherente, también llamados duros o históricos, no obstante, estamos eufóricos. Tanta era la abyección obámica, su vesania, que cualquier cabriola política  de Trump—aunque sea  la de un  circo de a peseta—nos parece la del Ringling.

Nos equivocamos una vez más. Yo no quiero ” una mejor  negociación” con los sátrapas cubanos  como aspira nuestro presidente. Yo quiero la Liberación.

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