EL TRABAJO Y SU DIGNIDAD

Por Carmelo Diaz Fernández-Especial para Nuevo Acción

El primer derecho que se le reconoció al hombre fue el del trabajo, al que el propio Cristo dedicó la mayor parte de su vida y contribuyó a dignificarlo junto al banco de carpintero.

“Mi padre trabaja todavía” dijo Jesús (Juan 1.17). Dios concedió al hombre el mandato de someter la tierra: “sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla” (Gen. 1.28).

Aunque al trabajo lo caracteriza la fatiga y el sacrificio, lo que realmente lo convierte en sufrimiento es la injusticia que suele acompañarlo: horarios y condiciones abusivas, salarios de miseria, sindicatos corruptos o aliados a intereses ilegítimos para explotar mejor al trabajador en la búsqueda de una ganancia a cualquier precio.

Allí donde se respeta la dignidad del trabajador y su vocación el trabajo puede ser motivo de disfrute. El trabajo no es una dádiva del Estado, sino un derecho y un deber al mismo tiempo. El trabajador es ante todo persona y por tanto posee derechos y deberes universales inviolables e inalienables. Es el autor del trabajo y por ello el trabajador es un colaborador consciente y cercano a la obra creadora.

La solidaridad es una virtud eminentemente Cristiana y justamente en estos momentos el trabajador cubano está más carente de ella que nunca. Este aspecto negativo es real para todos: persiste toda una situación de sufrimiento para los trabajadores cubanos, producto de políticas erróneas y de ideologías y fracasos económicos. Además, la inflexibilidad del régimen totalitario para el cual el valor del hombre y su trabajo es ser un simple instrumento de producción.

En este momento aciago que vive nuestro país el trabajador está relegado a la triste realidad de mercancía u objeto de intercambio comercial. La legislación vigente requiere que la contratación de la mano de obra por los inversionistas extranjeros se efectúe a través de una empresa del régimen y que se le pague a esa empresa el salario convenido en moneda convertible (dólares o euros). 

El referido salario no se le retribuye al trabajador que presta sus servicios porque el gobierno se apropia de los dólares en flagrante violación del Convenio 95 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) referente a “la protección del salario”.

Este indigno proceder acompaña a todos los trabajadores cubanos quienes realizan sus faenas en condiciones humillantes y de penuria por lo que en ningún caso pueden satisfacer sus necesidades personales y familiares más apremiantes.

Sin embargo, el régimen está inmerso en una campaña de apertura económica enviando una falsa señal a la opinión pública mundial tratando de captar inversionistas de cualquier índole mientras las Damas de Blanco son golpeadas y opositores pacíficos son encarcelados.

Los trabajadores cubanos pasan hoy los peores momentos de su vida laboral, cientos de miles no quieren trabajar en el sector estatal por los bajos salarios y los abusos administrativos, los mismos que hoy vagan sin esperanza ni futuro en las filas del desempleo. 

Tratar de enmascarar tal situación con el turismo y los trabajadores por cuenta propia no conducirá a la erradicación del desempleo debido a los altos impuestos y obstáculos burocráticos en el llamado sector “cuentapropista”.

Tampoco se cuenta con instalaciones hoteleras, gastronómicas y recreativas para el desarrollo del turismo. Por cierto, que esas instalaciones están administradas por el “Consejo de Generales” que son los que realmente desgobiernan Cuba.

Solamente con una verdadera apertura política que anule la actual constitución que no es otra cosa que un reglamento del Partido Comunista de Cuba y con la participación de todos los cubanos en actividades políticas, laborales y culturales, entre otras, se pondrá fin al vigente sistema totalitario.

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