EL ÚTERO Y LA EMIGRACIÓN

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JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

La emigración es un tema que tiene una doble lectura: por un lado, pone en peligro la continuidad de la cultura dominante al romper el equilibrio demográfico de una sociedad (lo establecido); y por el otro, suscita profundos sentimientos de solidaridad humanitaria con los emigrantes, compasión sorda en ocasiones a los reclamos de la razón (refugio en santuarios) o ciega al pacto social contraído con la autoridad (lo legítimo y lo ilícito). Entonces el debate abandona su ámbito jurídico y se adentra en la dimensión filosófica de lo legal y lo moral, dando paso a posiciones radicales que en ocasiones evocan dos valores solamente: la dicotomía legal o ilegal; culpable o inocente. Nada en el medio.

La guerra o conflicto generalizado en el Oriente Medio, Oriente Próximo o sudoeste de Asia, cuna de la Revolución del Neolítico (producción de alimentos), momento clave en la evolución de la humanidad, desarrollo fundamental que muchos seres humanos amagan ahora con dinamitar, ha desatado un éxodo que enfrenta de nuevo a los que están a favor o en contra de la emigración. No tiene nada de novedoso. Es de sobra conocida la trágica suerte del trasatlántico Saint Louis, lleno de judíos, a los que no se les permitió desembarcar en La Habana; o la tendencia universal (aquí no se escapa nadie) de pueblos conquistados, masacrados o rechazados por otros. Pero si nos internáramos un poco más en el pasado tropezaremos en España con la expulsión de moros, judíos y hasta jesuitas, y si damos unos cuantos trancos más en la máquina del tiempo nos encontraremos en Roma con los patricios luchando por cerrarle el paso a los bárbaros.

Todas las especies están sujetas a la ley biológica de la competencia por los recursos finitos del planeta, bienes que se van agotando a medida que la densidad poblacional aumenta. Sin embargo, esa lucha entre los seres humanos por sobrevivir y multiplicarse no siempre se libra por medio de las armas. El líder palestino, Yasser Arafat solía decir “el útero de nuestras mujeres es la mejor arma para doblegar a los judíos”, en alusión a la posibilidad de convertir a los israelíes en una población minoritaria por la alta tasa de natalidad de los palestinos. Alcanzar el poder político alterando la composición demográfica de Israel, solución inspirada en el modelo sudafricano de “one man-one vote” (un voto por persona), era la fórmula indicada para hacerse del país en la urnas, utilizando la soga inventada por la democracia para ahorcarse a sí misma. La respuesta de Israel fue levantar un muro y controlar la expansión palestina en su territorio.

Sin embargo, corresponde al régimen cubano la variante migratoria de más éxito en tiempos recientes: el éxodo organizado por el Estado. Paralelo con la organización del terrorismo planetario pactado en la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966, el régimen comenzó a fomentar el éxodo marítimo por Camarioca, Mariel y Guantánamo, expandiéndolo más tarde por la frontera de México y últimamente por Centro y Sur América.

Muchos de los emigrantes cubanos e hispanoamericanos en general no saben o tienen conciencia de los movimientos estratégicos del castrismo; se dan a la fuga en busca de algo mejor, pero son como marionetas que se mueven al son que tocan en La Habana y en Caracas. Los operativos chavistas entrenados en la isla no tienen que susurrarle al oído a las masas sudamericanas que recojan sus pertenencias y se marchen; ni circular consignas revolucionarias por favelas y cerros instando a la gente a inundar la casa de los imperialistas; o incitar a comerciantes y profesionales a buscar refugio en Estados Unidos. Nada de eso es necesario, basta con desestabilizar campos y ciudades; basta con que la canalla se adueñe de las calles para inducir el éxodo, intermitente o sostenido, de los no integrados.

Si con anterioridad esta ola migratoria tenía sólo una faceta humanitaria, ahora tiene el potencial de ser un elemento terrorista. De modo que el público se debate entre conceptos donde nadie puede tomar partido y salir con el plumaje limpio. Si opta por calificar de ilícito la permanencia o el ingreso de inmigrantes ilegales en su territorio, será tildado de insensible e inhumano; si por el contrario pide que se abran las compuertas, pecará de insensato e irresponsable. Esperemos a ver qué partido toma la experiencia.

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