¿EL VALLE DE TODOS?

Por, Luis Conte Agüero

El 29 de mayo de 1975 estuve en lo que llamé EL VALLE DE TODOS, poema a propósito y al propósito de hermandad tan necesaria para España, dolorida y enconada por la cruenta tragedia de la guerra civil. Mi viaje, corto y proyectado como absolutamente turístico, cambió su fisonomía y fisiología por una inesperada invitación de  Carmen Llorca, su presidenta, a que ofreciera un recital en el Ateneo de Madrid, honor inusitado y cumbre. Ocurren cosas tan inesperadas y asombrosas como ésta de que el primer libro de un poeta, “Sembrado en un ala”,  originara una invitación especialísima, envidiada por cualquier poeta consagrado del mundo. Y hubo que forzar la fecha en un almanaque totalmente lleno de aquella institución y hasta la paga fue generosa. Carmen Llorca, intelectual altamente calificada y de izquierda, y única mujer en ocupar la presidencia de tan trascendente institución académica, fue después congresista.

Honor tan sorpresivo me obligó a improvisar en España, y así surgió el poema donde no menciono a Francisco Franco que murió ese mismo año de mi visita. En el 2017 se aprobó la declaración de la memoria histórica para que se exhumaran del Monumento los restos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, texto que no es de obligatorio cumplimiento y cuyo ejecución reclamaron 190 votos de parlamentarios de izquierda, con la abstención del mayoritario Partido Popular que preside Mariano Rajoy, de quien se informa que con el Rey visitará Cuba este año, aferrados al consabido “Más se perdió en Cuba.”

Evito en este artículo toda pasión. Rechazo contribuir al aquelarre de odio y encono que azota al género humano. El hombre se empecina en destruir el regalo de Dios y cada día se impone en muchas partes la más estúpida voluntad suicida. Esta es tanta que abundan más los que no quieren creer que los que no creen. Y muchos que creen no defienden su creencia por miedos personales y razones económicas, sociales o políticas.  Y así, comunidades sin fe se descomponen y deterioran. ¿Cómo regresar a las raíces y crecer y desarrollarse, si los buenos practican la ausencia y la fuga?

EL VALLE DE TODOS

29 DE MAYO DE 1975

Pinos silvestres que lucen bordados.

Altas cúspides de flor y granito.

Los cipreses erguidos forman guardia.

Armonía triunfante de colores.

Asoma un paraíso en Guardarrama.

Cada roca parece un monumento;

La forma deforme de un castillo que fue.

Arquitectos felices escogieron

este lugar concebido por Dios.

Aguardaban por ellos los parajes

Con supremos diseños del Señor.

El regalo del sol desde la cruz.

Se posa un cuervo en la montaña altiva.

No se ha cansado de esperar por víctimas,

no obstante todo el tiempo transcurrido

y los muros que guardan los cadáveres.

¡Ay María piadosa

sobre el cuerpo tendido de Jesús!

¡Sea la enorme piedad más que piedra!

¡Sea la enorme piedad sea más que estatua!

¡Qué solemne y linda nave!

Trescientos metros de fe.

Trescientos metros de paz.

Trescientos metros de mística.

Todo en el corazón de la montaña,

Vientre abierto de madre que no olvida.

Aspero techo duro

como el coraje de los gladiadores.

El Señor, a lo lejos,

parece recostado en el altar.

El Cristo de la cruz convoca al canto.

¡Aleluya! ¡Aleluya! Se escucha en la distancia.

Entra una brisa con saludo noble

refrescando los mundos en silencio.

¡Aleluya! ¡Hosanna! ¡Aleluya!

De verde, de negro, de viejo, de blanco,

de niño, de niña, de joven;

los miembros del coro arrobado.

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Austera y soberbia la bóveda del Juicio Final.

Profundo el olor a incienso que nos cala.

Nimbada de misterio la capilla del sepulcro.

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Dan ganas de aplaudir en este lugar sagrado

donde el Corpus Christi se celebra!

Carga la madre la niña. Carga el turista la cámara.

Rompe la anciana en suspiros.

¡Aleluya! ¡Aleluya!

“Caídos por Dios y por España. 1936-1939”

Tres años para morir. La eternidad para evocarlos.

¡Aleluya! ¡Hosanna! ¡Aleluya!

El coro se retira. Una luz que se apaga.

Salimos por la puerta del regreso.

El cuervo se ha marchado.

El cuervo se ha cansado.

El cuervo ya no está.

Se ha ido el sol.

Habla el frío con aliento de nieve.

Alzo de nuevo los ojos al imperio de la cruz:

¡Brotan de sus carnes halos que derrotan el azul!

De pronto imagino que los caídos cantan,

coro sublime de la España que no muere;

voz de las tumbas renovando las promesas;

un juramento fraternal allende siglos.

Qué el ejemplo fecunde.

Qué sea suficiente el sacrificio.

Qué sea la patria feliz.

Qué sean los hombres amigos.

Qué no se apague el sol sobre la tierra.

Unos y otros, los dos bandos.

Unos y otros vencedores.

Unos y otros son hermanos.

Unos y otros con todos en el todo

de la esperanza y el perdón.

Acaudilla la nación total y única,

liberada de pugnas fratricidas.

¡Ya viven y reviven.

Ya ascienden los montes eternos.

Ya repican de nuevo las campanas.

Ya se levantan los seres caídos

en el valle divino del milagro!

¡ALELUYA! ¡SEÑOR! ¡PARA SIEMPRE!

¡ALELUYA! ¡ALELUYA

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