EN EL NOVENO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE AGUSTÍN TAMARGO

AGUSTINTAMARGOFOTOGRANDENota: Al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de un entrañable amigo y admirado colega y maestro, le rindo mi homenaje reproduciendo lo que escribí y publiqué al día siguiente de su partida.

MURIÓ AGUSTÍN TAMARGO

Una vez más el destino me obliga a escribir otra nota de dolor en estas páginas, por otro amigo que se nos va. La noticia, por esperada, no resulta menos amarga. Esta vez, el dolor nos toca bien de cerca. Agustín Tamargo fue uno de los hombres que moldearon mi vida. A través de la cátedra de civismo que dictaba cada semana en las páginas de Bohemia mi generación bebió de su prédica nacionalista de “Cuba, primero, Cuba después y Cuba siempre”. En el exilio tuve el privilegio de contar con su amistad. Escribí en periódicos que dirigió y sobre todo, compartí  con él horas y horas de tertulias y conversaciones inolvidables. Me hizo el honor de presentar mi primera novela premiada “Recuerdos de Aurelio” y siempre me distinguió más allá de la cortesía. Por eso hoy vuelven a ondear las banderas a media asta en Nuevo Acción. Esoy seguro de que las futuras generaciones de cubanos verán a Agustín como uno de los grandes orientadores de nuestra historia. Humanamente apasionado, erró muchas veces, pero nadie podrá osar decir jamás que sus opiniones estuvieran sesgadas por intereses materiales o por prebendas. Hombre de una honradez acrisolada y una honestidad ejemplar, nos lega su ejemplo  de cubano y periodista que siempre supo llamar “al pan, pan, y al vino, vino”.

No puedo invocar la fórmula milenaria del “descanse en paz”, pues sé que Agustín no podrá descansar mientras en Cuba no reine la libertad y nuestro pueblo no se sacuda el yugo opresor. Sólo me queda musitar una simple oración: maestro, amigo, no dejes que decaiga nuestra fuerza, ni que el desaliento nos gane. Desde donde estés por esas vias ignotas que los humanos no acabamos de entender, mándanos la fuerza y la perseverancia necesaria en estas horas tan negras, en que nos vamos quedando solos y tantas amistades entrañables nos van abandonando.
Aldo Rosado-Tuero

PEPEALDOROBERTOYAGUSTIN

Una foto de tiempos más felices, tomada en casa del escritor y poeta Roberto Cruzamora. Sentados de izquierda a derecha: el historiador José “Pepe” Fernández, Aldo Rosado-Tuero y Agustín Tamargo. De pie Roberto Cruzamora. A veces nos llamábamos entre nosotros “el cuarteto de Los Tres Mosqueteros”.

Un Comentario sobre “EN EL NOVENO ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE AGUSTÍN TAMARGO

  1. Sr. Rosado, Excelente su despedida de Agustin Tamargo.

    Estando de visita en Miami el dia del velatorio de Agustin Tamargo, mi hijo, un ABC (American Born Cuban), de solo 21 años pero mas patriota que yo, me dijo: Papa vamos a darle nuestro respeto a ese Señor que tanto me ha enseñado a amar a Cuba. Acudimos a la funeraria de la calle 40 Bird Road, nos acercamos al feretro y sin decir palabras, les rendimos tributo a ese gran hombre.

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