EN LA DIANA: LOS HERMANOS SEPARADOS SE RECONCILIAN Y TRANSMUTAN EN LO MISMO

Por Aldo Rosado Tuero

El siglo pasado vivió la intensa lucha entre dos totalitarismos aparentemente opuestos diametralmente, pero tan parecidos el uno al otro, como dos gotas de agua: el comunismo y el fascismo; pero este siglo XXI,  nos está ofreciendo el espectáculo—sobre todo en el escenario Iberoamericano—de ver confluir a los enamorados de estas dos concepciones totalitarias del mundo,  e integrarse dentro del mismo brote de populismo barato y antidemocrático, que parece va a lograr  incendiarle el patio y el traspatio a Norteamérica.

Desde el Bravo a la Patagonia, un nuevo fenómeno ha logrado transmutar al viejo neo fascismo anti bolchevique, siempre latente en algunas minorías de este sub continente, en marxistas de nuevo cuño, que se ponen la careta del mal llamado “Socialismo del Siglo XXI” y que se abrazan con los que fueran sus aparentes enemigos ideológicos, para implementar una alianza continental, cuyo propósito es la implantación de gobiernos totalitarios, antidemocráticos, anticapitalistas y sobre todo rabiosamente anti norteamericanos.

Aunque es bueno que digamos, que si el fenómeno comienza a florecer y dar sus frutos visibles, en este siglo, fue precisamente a finales del Siglo pasado cuando comenzó a despuntar. Primero fueron los furiosos “nacionalistas” argentinos totalmente pro nazis y rabiosamente anti semitas, seguidores del Padre Julio Meinvielle y de Hortz Eichmann y Joe Baxter, ( foto) agrupados en el ultra católico movimiento “Tacuara”, quienes junto a Mario Firmenich, el Padre Jorge Azur, Noemí Crocco, esposa del coronel golpista de los “carapintadas” Aldo Rico, se unieron a peronistas “fascitoides” para integrar la guerrilla urbano de Los Montoneros, de pura factura marxista. No hay que olvidar que los fundadores de los Montoneros Fernando Abad Medina y Gustavo Ramos habían ingresado a “Tacuara” a los catorce años de edad.

Ninguno de sus antecedentes fueron óbice o valladar para que estos “jóvenes fascistas” se trocaran en muy corto tiempo en furibundos guerrilleros de la izquierda peronistas (entre los que militaban el hoy difunto Néstor Kirchner y su esposa la ex presidenta de Argentina Cristina Fernández) y en convencidos propagadores de las tesis marxistas y de la teoría de la liberación. Permutaron al cura ultra fascista Julio Meinvielle, por el cura ultra izquierdista Carlos Múgica.

Luego vino la transformación de  Hugo Chávez, de discípulo preferido del  teórico del neo fascismo, el argentino Norberto Ceresole (foto de la izquierda), en neo comunista que giró hacia la órbita de La Habana, donde también un ex fanático admirador e imitador de Benito Mussolini—Fidel Castro–, había ya dado, en la década de los sesenta el cambiazo  del nazi-fascismo al comunismo.

La mayoría de los nuevos  líderes populistas emergentes que ahora interactúan con la izquierda marxista en la elaboración de la falacia totalitaria a la que han bautizado como Socialismo del Siglo XXI, tienen antecedentes de neo fascistas más   que de marxistas ortodoxos. Para citar un solo ejemplo baste con señalar que el padre del peruano Ollanta Humala, era uno de los propugnadores, a mediados del pasado siglo, de la tesis de la unidad iberoamericana, basado en el modelo del Estado Corporativo del fascismo italiano.

Y es que estas dos ideologías totalitarias tienen todos los elementos para exacerbar en los individuos los instintos más primitivos, que permiten a sus dirigentes creerse los poseedores únicos de la verdad absoluta, ofreciéndoles la oportunidad de transformarse en déspotas, que no admiten otras opiniones que las propias. 

Para los que se han conformado con escuchar las explicaciones convencionales de lo que buscan ambas concepciones totalitarias del mundo, podría resultar una sorpresa esta simbiosis de que escribimos hoy, pero a quien, haya estudiado a fondo la verdadera naturaleza totalitaria y antidemocrática tanto del fascismo, como del comunismo, no le será difícil entender como al fin se han amalgamado en su odio y su afán de poder los seguidores  de ambas teorías, ideologías o visiones del mundo, ya que tanto el totalitarismo rojo, como el negro, conducen inevitablemente a la dictadura de la clase detentadora del poder y al sojuzgamiento de los pueblos.

Un observador superficial, podría opinar que los extremos se tocan, pero en realidad, lo que ocurre es que dos hermanos, salidos del mismo tronco familiar, hijos del mismo padre  mesíanico (Carlos Marx) después de muchos años de distanciamientos, han sabido reconciliarse y darse la mano, para desgracia de la democracia y el futuro de nuestras naciones. Y pobre de Nuestra América, si no despertamos a tiempo.

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