EN LA DIANA

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aldorosadoanunciandoelagoraPor, Aldo Rosado-Tuero

No creo que mi alegría por la muerte del tirano que destrozó a mi patria, encadenó a mi pueblo, montándose sobre una montaña de cadáveres y legiones de presos y el sufrimiento de millones de familias cubanas; abolió todas las libertades y cambió la mentalidad de las nuevas generaciones de cubanos, sea una negación de mis principios cristianos.

El ser testigo del final de un asesino—viva representación del Anti-Cristo—y de la alegría espontánea de un pueblo que ha sufrido por más de medio siglo sus abusos y caprichos, es un hecho histórico, digno de ser vivido y recordado.

El disfrutar la alegría de compañeros de lucha, marcados por los sicarios de la tiranía para regalarles al tirano sus muertes antes de la de él…y verme a mí mismo como sobreviviente en esta larga lucha, conforta el alma y alboroza el corazón.

Solo lamento dos cosas de la muerte del tirano mayor: 1- Que haya muerto en una cama, sin pagar ante la justicia de los hombres por sus traiciones y su crímenes…Y 2-Que estos bríos mostrados por la juventud del exilio para celebrar su muerte, no se conviertan en esfuerzos para acabar de arrasar con el castro-comunismo en Cuba y hacer que su hermano Raúl le vaya a acompañar rápido al infierno.

Porque no podemos llamarnos a engaño. La libertad de Cuba, no va a venir como por arte de magia, ante la desaparición física de Fidel Castro. Aún queda mucho trecho por andar; y hay que comenzar a andarlo ya. Ni un segundo de tregua para sus herederos, ni un ápice de concesión a los dialogueros, falsos opositores y disidentes, que procuran el cambio-fraude y la permanencia de la mojiganga Obama-Raúl.

Los patriotas irreductibles que no admiten cambios cosméticos, ni arreglos para cambiarle el collar al mismo perro, tienen la obligación de reunirse en apretado haz de voluntades inquebrantables para barrer,  de una vez por todas, con todo vestigio de castrismo.

Que la prédica de los Maceo prime sobre el sonsonete del gandhismo apaciguador. A los rojos se les saca dándole candela como al macao. Llegó la hora.

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