EN MEMORIA DEL ADMIRADO AMIGO ENRIQUE ARTALEJO SR.

(La Habana, 25 de noviembre, 1936– †Chicago, Illinois, el 7 de enero, 2020)
Un poco de historia para honrar a quien tanto lo merece

Por, María Argelia Vizcaíno

Con profunda pena supe que el gran comunicador cubano y apreciado amigo Enrique Artalejo Sr. falleció semanas atrás en Chicago. Al darme cuenta que son muchos los amigos que lo apreciaron sinceramente, me he atrevido a rescatar parte de la historia que conozco, para que los interesados aprendan un poco mejor sobre el genuino hombre que admiraron por sus escritos breves y certeros, y su verdadero amor a la democracia.

Enrique Artalejo nació en La Habana, el 25 de noviembre de 1936. Estudió en la Escuela Añorga, donde obtuvo su bachillerato en 1954, graduándose en la Universidad de La Habana en 1959. Al mismo tiempo que estudiaba, trabajaba en la empresa familiar que llevaba su apellido y que con tanta dignidad ostentaba.

Se trata de Radio Capital Artalejo S.A., Emisora C.M.B.S., que fue fundada en 1929 por Don Enrique Artalejo Fernández (abuelo de nuestro amigo Enrique, por eso le llamaban Enriquito). En la década de 1950 transmitía por los 1090 Kc., desde el Edificio Atlantic, donde se encontraba el cine del mismo nombre, en la calle 23 entre 10 y 12, en el Vedado, La Habana.

En 1959, siendo todavía muy joven, Enrique era el codueño de la emisora junto a su tío el prestigioso periodista y locutor colegiado Arturo Artalejo, quien fue muy reconocido por su voz, buena dicción y su manera de denunciar las injusticias y arbitrariedades de todas las épocas que le tocó vivir.

La familia Artalejo siempre se sintió orgullosa de que jamás su emisora le hizo el juego a ningún gobierno, ni se vendieron a los intereses de los políticos y menos a los dictadores, ya que, desde el 14 de marzo de 1952, cuatro días después de que Fulgencio Batista diera el golpe de estado y tratara de imponer que la prensa no podía criticarlo, ellos en su habitual «Periódico Radial», le empezaron a llamar al programa «Con la Manga al Codo», dirigido y moderado por su tío Arturo Artalejo junto a los periodistas Sr. Julio Ayllón y el Dr. Hugo Camejo Farfán (este último también era abogado). Un programa que recordaba a Martí y que tuvieron que clasificar como artístico para entre comentarios de los programas de radio, TV, teatro, etc., hablando y/o entrevistando a los artistas sobre su vida profesional, poder evadir la censura. De ahí se generó el premio Codazo: «Codazo de Dolor» para unos y de «Simpatía» para otros.

En el mismo con valentía se inculpaba públicamente a Batista por la ilegalidad del golpe de estado y la violación de la Constitución de la República de 1940, y por no haber realizado después elecciones libres, sino un simulacro evidentemente falsificado. Pero por esto nunca tuvieron trágicas secuelas, de ahí que la llamada dictadura batistiana fue considerada una «dictablanda».

Este programa, que se transmitía de lunes a viernes a la una de la tarde, llegó a ocupar el primer lugar de audiencia en La Habana sobre las cadenas nacionales. Y desde sus micrófonos también advirtieron lo que se gestaba en la Sierra Maestra, ya que Arturo conoció personalmente a Fidel Castro, cuando estudiaba marxismo leninismo por las noches, junto a Armando Hart y Augusto Martínez Sánchez, en casa de Candelaria Rodríguez, cuando visitaba por las noches su hermana Alicia, que era su novia y quien fuera más tarde su primera esposa.

Al seguir asegurando que Fidel Castro era comunista, después de la huida de Batista, muy pronto se produjeron efectos perniciosos, especialmente a raíz de la explosión en la bahía de La Habana del buque de origen francés La Coubre, el 4 de marzo de 1960, que estaba cargado de armas y municiones, donde perecieron casi cien personas y hubo más de doscientos heridos. Nos relató el mismo Enrique Artalejo que en cuanto Castro comenzó con su diatriba antiyanqui, Arturo, su tío, en su «Comentario Editorial», lo llamó irresponsable por condenar a Estados Unidos sin pruebas. Y esto bastó para que «su Cotorra Oficial, José Pardo Llada» aprovechara en retrasmitir el Editorial a nivel nacional, y enviaran un grupo de milicianos (paramilitares) a hostigarlos, lo que se le llamó unos años después «Brigadas de Respuesta Rápida», congregando a más de 300 personas frente a la entrada de la Emisora», gritando improperios, ofensas, y todo lo que acostumbra la plebe mangoneada por los totalitaristas, para denigrar y asustar a los que no se le arrodillan ante sus dictámenes y excesos de autoridad.

Entretanto, el programa «Con la manga al codo» seguía transmitiéndose desde la misma casa de Arturo Artalejo, quien no regresó a la emisora y delegó todas las responsabilidades administrativas a Enriquito, que jamás permitieron las «coletillas» que empezaron a implantar los socialistas del sindicato en otros medios de comunicación para desvirtuar la opinión editorial y la verdadera noticia. Fue por eso que «Arturo Artalejo fue expulsado del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (Revolucionario) por su Decano Revolucionario en 1960, acusado de contrarrevolucionario, después de ser condenado públicamente por la «cotorra» de Castro, (…) el Sr. José Pardo Llada».

En ese año de 1960 ocurrió la creación de una nueva organización llamada FIDEL (Frente Independiente De Emisoras Libres) creada por el locutor Castor Fernández que usaba el nombre artístico Carlos D’Mant, que después determinaron llamarle FIEL, «por razones obvias» (para que no se vieran tan serviles). En dicha organización, integrada mayoritariamente por Empresas Intervenidas por el Estado hasta esa fecha, y que administraban abyectos al gobierno, efectuaron una farsa de votación acordando la disolución de la Federación de Radioemisoras de Cuba, entidad integrada solamente por Empresas Privadas para sustituirla por FIEL, a la que invitaron a Radio Capital Artalejo a integrarse y que el joven Enrique Artalejo en representación de su empresa, asistió y les dijo personalmente que se negaba a integrar.

Tampoco autorizó que en su emisora se trasmitiera «las peroratas de Fidel Castro y de ningún otro representante del régimen, ya que la Ley de radio vigentes, solo (…) obligaba a poner los micrófonos a la disposición del Presidente de la República exclusivamente, y este personaje en ese momento era el Sr. Osvaldo Dorticós Torrado, este era al que se le llamaba cucharita, no al Dr. Urrutia… por favor y al Sr. Dorticós nunca lo dejaban hablar».

También por esa fecha, nos explicó Enrique, que su tío Arturo Artalejo fue «expulsado del Colegio Nacional de Locutores de Cuba (Revolucionario), por lo mismo… por contrarrevolucionario, en este caso por el Decano Revolucionario, el Sr. Armando Pérez-Roura» (locutor de Radio Reloj que había sido robada a sus propietarios los hermanos Mestre). Fue el propio decano quien se presentó en Radio Capital Artalejo para anunciarle los nuevos contratos laborales, bajo la amenaza de que si no lo aceptaban serían intervenidos, como ya lo habían hecho con CMQ y otras emisoras más grandes.

A través de sus representantes, ejercieron toda la presión posible con varios intentos de extorsión, manipulación y chantajes, como obligarlos a aumentar la nómina de empleados, quebrantando una vez más la ley de radio imperante que autorizaba a emisoras pequeñas como la de ellos, a tener un locutor-operador, pero FIEL demandaba dividir el puesto en dos trabajadores, lo que trajo como consecuencias que sus locutores-operadores ganaran menos a partir del nuevo contrato, y los operadores de los domingos trabajaran tiempo completo hasta el final del día por el mismo salario, que anteriormente era la mitad de las horas. Si se negaban, los «intervenía el Ministerio del Trabajo».

Enrique, inteligentemente les siguió el juego a los «revolucionarios», y no fueron intervenidos en esa ocasión, pero él sabía que era inminente, porque los comunistas de adueñan de todo, sólo estaban buscando una excusa y Enrique ganando tiempo. Así en septiembre de 1960, Castro les dio la estocada final y ordenó la intervención de todo el resto de las empresas que se anunciaban con Radio Capital Artalejo, como cigarros, cervezas etc. Y como Enriquito predijo, los ahogaban económicamente para que entregaran sin utilizar la fuerza militar, su propia empresa al estado, así se eliminaban los medios de comunicación independientes, sin decir que Castro los prohibía.

Unos días antes, desde el 31 de octubre hasta el 8 de septiembre, día de la Patrona de los Católicos cubanos, la Emisora Radio Capital Artalejo fue la única que trasmitió la Novena de la Caridad del Cobre, en lugar de las monsergas del tirano, lo que enfureció más a la dirigencia de la nación, que ante las reiteradas negativas de Enrique, decidieron aplicar su venganza. Tuvo la suerte de que le avisaran a tiempo de que tenía una orden de arresto en su contra por negarse a cumplir las nuevas directrices establecidas por el «líder de la robo-ilusión», y viendo que ya muchos empresarios habían sido detenidos por lo mismo (violar contratos laborales absolutistas impuestos por el Ministerio del Trabajo), se vio obligado a marchar al exilio en ese mismo mes, para salvar su libertad y la de su familia. Tres días después salió su tío, y nunca más regresaron porque siempre tuvieron la frente en alto de que eran refugiados políticos y jamás volverían a donde continuaba el mismo represor que por su culpa tuvieron que abandonar la tierra que los vio nacer.

En el exilio, Arturo se estableció en Miami, y Enrique fue a Puerto Rico, donde desde mayo de 1961, junto a Enrique Pumarejo, hermano del inigualable Gaspar Pumarejo continuó trabajando por unos años en medios de comunicación. Y cuando se comenzaron a grabar programas que se trasmitieron a Cuba por Radio Swan, uno de ellos fue «Relámpagos de Libertad del Diario de la Marina en el Exilio» dirigido por el decano de los periodistas cubanos José Ignacio Rivero, en las voces de Alberto Gandero y Arturo Artalejo, y todas las grabaciones y edición de ese programa, desde el primero hasta el último las realizó Enrique Artalejo.

Sin olvidar su deber con la patria se inscribió para integrar la Brigada de cubanos que se estaba entrenando para ir a liberar a Cuba. Cuando se alistó preguntó: «¿Bajo el mando de quién estoy?» y le respondieron que, de la CIA, a lo que él les contestó: «Si me traicionan una vez más no cuenten conmigo por el resto de mi vida. Ellos nos traicionaron una vez más… pero no han contado conmigo desde entonces». (Enrique se refería a la primera traición por haber dado el visto bueno del arribo de Castro al poder, y la segunda en Bahía de Cochinos).

Por lo que ya muchos saben, Enrique Artalejo fue un claro, objetivo y prolífico comunicador que trabajó en la radio en Cuba como realizador, editor, productor, director radial y administrativo, continuando su labor en el exilio en Puerto Rico, y para la Voz de América. En los últimos años se distinguió por sus artículos periodísticos y fue el prologuista de la novela «A la carga. A morir o a vencer» de la amiga Elsa M. Rodriguez Marrero de Rodríguez.

Fui seguidora de sus instructivos artículos desde antes de existir la proliferación de los blogs y las redes sociales, que nos los enviaba por e-mails, llegando a ser un asiduo colaborador de http://baracuteycubano.blogspot.com y www.cubademocraciayvida.org, además de www.nuevoaccion.com que dirige Aldo Rosado-Tuero, donde se conserva un buen archivo de sus trabajos, entre otros.

En lo personal siento mucho dolor por esta lamentable pérdida, ya que Enrique Artalejo fue una excelente persona, siempre en defensa de la verdad histórica y la democracia, que entendió que, aquellos que lo vapulearon, algunos supieron reconocer su error y al marcharse de Cuba no descansaron denunciando el horror que se ha vivido en nuestra patria desde 1959.

Me honró con su amistad sincera y brindó mucha información exclusiva sobre la Cuba de ayer, que no se consigue en otra parte, porque él era nuestra «fuente primaria» (como con razón nos decía). Fue mi maestro, del que siempre aprendí mucho, un gran guía y cómplice a la vez, pues nos intercambiábamos cartas que nos enviaban algunos «descerebrados» como solía llamarle o «hijos de Lina», para entre los dos, mandarle «medicinas», que sabíamos no los curaría, pero esos documentos auténticos los hacía retorcer en su propio veneno rojo, ya que no encontraban cómo convencernos de sus mitos. Todavía me acuerdo y me río de las ocurrencias de Artalejo. Los que tuvimos el privilegio de conservar su amistad, aunque sea virtual, no lo podremos olvidar, y deberíamos seguir impartiendo sus enseñanzas hasta el final.

Nuestro más sentido pésame a toda su familia, en especial para sus hijos, y amigos entrañables. Mis oraciones por su consuelo, y por el descanso eterno del gran amigo, y verdadero patriota cubano Enrique Artalejo.

Fuente consultada: Archivo de MAV; además: «Radio Artalejo. Para mantener el récord en orden», por Enrique Artalejo, Publicado en www.nuevoaccion.com, edición del martes, 16 de octubre, 2007, entre otros.

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