EN VENEZUELA HAY UNA DICTADURA

DIOSDADOCABELLOYNICOLASMADURO

JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Desde la llegada al poder de Hugo Chávez de la mano de Fidel Castro en 1999, algunos cubanos conocedores del proceso castrista advirtieron a los venezolanos que a partir de esa fecha se entronizaba en Venezuela una dictadura organizada por La Habana. Puesto que el chavismo había asumido el gobierno por la vía democrática, las pautas de su desarrollo autoritario no podían seguir el paso arrollador del castrismo en Cuba, dueño absoluto del país tras una victoria militar que le adjudicaba el derecho de fusilar, encarcelar y desterrar a cualquier cubano bajo el rótulo de contrarrevolucionario.

De modo que avalado por el régimen constitucional de Venezuela, Chávez no debía saltarse el guión y apelar de golpe al modelo estalinista cubano porque aún no existíanlas condiciones locales para erradicar de raíz la burguesía venezolana.

Con igual cautela se ha deslizado durante años la Venezuela chavista como una serpiente a la espera de hipnotizar a su presa antes de lanzar el golpe final en pos del absolutismo político, objetivo confiado al heredero del chavismo y procónsul cubano, Nicolás Maduro. De ahí que al cabo de 17 años de hacerse con el poder, creadas las condiciones de una absoluta dependencia ciudadana del Estado venezolano (escasez de alimentos, medicinas, ropa, techo y educación), unos eruditos citados por medios de prensa en Miami se descuelguen inusitadamente desde el firmamento escolar con el veredicto de que en Venezuela hay una dictadura. ¿Por qué tardaron tanto en denunciar algo evidente desde hace largo tiempo? ¿Será acaso reflejo del síndrome de la corrección política que prohíbe llamar al terrorismo islámico por su nombre?

Era comprensible que el castrismo con sus promesas redentoras le tomara el pelo a cubanos brillantes e ilustres deseosos de poner fin a la inestabilidad política en Cuba, pero el proyecto totalitario de Fidel Castro les tomó por sorpresa, era un acontecimiento inédito en América, mucho más complejo que el alzamiento de Sandino o el guiño comunistoide de Jacobo Árbenz. En realidad, parecía a todas luces una revuelta comunista condenada al fracaso por la cercanía de Cuba a Estados Unidos, guardián hemisférico de persistentes ambiciones ultramarinas frenadas a punta de cañón y diplomacia, premisa cierta en su tiempo pero vencida por la evolución geopolítica de la época.

LOGODELFORODESAOPAULOLos cubanos suelen invocar como atenuante o explicación lógica de la debacle la inexperiencia política, argumento de doble filo que deja sin excusas a las futuras víctimas del mismo truco ideológico elaborado en La Habana. Ya no hay espacio para más lloriqueo ni disculpas, hasta los niños de primaria saben que después de la guerra en Centroamérica y la llamada guerra sucia en América del Sur, todos los sectores narcoguerrilleros y comunistas de la región convergieron en el Foro de Sao Paulo para recibir las instrucciones de cómo tomar el poder por la vía democrática. Era en realidad la misma cultura del caudillismo decimonónico maquillada con un discurso moderno de conceptos complejos, medidas de sabor humanitario como la popular metáfora proclamando la redistribución de las riquezas, contraseña dialéctica que significa confiscar o arrebatar las propiedades a sus legítimos dueños.

Ahora en Venezuela parece haber terminado la espera, parece haber llegado la hora de poner en práctica a fondo las orientaciones de Lenin: No se puede organizar la violencia autoritaria para reprimir la violencia de los explotadores y el establecimiento de la economía socialista sin que sea primero destruida, aniquilada, la máquina estatal

construída por la burguesía. Principio aplicado en Cuba al pie de la letra hasta dejar al país en ruinas, por más que Washington, el Vaticano y la ONU consideren a La Habana

cómo una maravilla urbana y epicentro de la paz mundial, reflejo irracional de un mundo en transición a punto de estallar.

Por todo esto y algo más, el razonamiento empírico pone en duda que la victoria de Mauricio Macri en Argentina, la suspensión de Dilma Rousseff en Brasil y el emplazamiento de Maduro en la OEA tenga un significado trascendente con relación al neocaudillismo regional, calificativo preferible al de populismo, tan inexacto, ambiguo y caprichoso como el uso de los apelativos hispano y latino en Estados Unidos o el debate académico entre democracia representativa y democracia participativa. No obstante, hago mía la advertencia de Kant sobre el juicio previo y el juicio posterior: Todo conocimiento empieza con la experiencia, pero no por eso todo él procede de la experiencia.

Por consiguiente, concedo que los analistas que apuestan por un cambio significativo en Hispanoamericana (incluido Cuba) quizá han percibido a priori sutiles indicios de renovación hemisférica, señales o pistas de tiempos mejores accesible solo a pensadores de agudo intelecto.

Por mi parte, como en un partido de Blackjack, me planto con Hume en las ventajas del juicio a posteriori: La experiencia reiterada de algo es el fundamento de nuestras inferencias causales y expectativas futuras. La práctica de una democracia real y permanente, no mediatizada y esporádica, requiere pluralismo político, libertad de prensa y libre mercado, condiciones insuficientes, escasas o inexistentes en Hispanoamérica.

¿Qué factores intervienen en el caso particular de Venezuela? La convergencia de Washington y La Habana puede ser fatal para aquellos venezolanos dispuestos a consolarse con un estado de cosas medianamente tolerable. Venezuela se puede haber convertido en una ficha de cambio entre su tutor cubano y el hermano mayor dueño de los truenos y los rayos, como saldo de un negocio que permite la inversión foránea en la isla pero garantiza el continuismo y la inmunidad castrista.

En mi gráfica descripción de los acuerdos bilaterales, yo suelo decir que uno conoce los convenios bilaterales de la cintura para arriba, pero no los pactos simétricos bilaterales de la cintura para abajo. Los venezolanos todavía no saben bien donde se han metido, pero tampoco lo saben otros allende el mar.

A menos que la penetración iraní en territorio continental se convierta en una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, como sucedió con los misiles soviéticos en

Cuba, no parece probable que Washington respalde un abrupto cambio de régimen en Venezuela ni en ningún otro país de la región. En cualquier caso hemos dado un gran paso de avance, ya sabemos con certeza que en Venezuela hay una dictadura, ahora solo falta que los preclaros miembros del oráculo académico y los centros de poder político-religiosos nos digan qué es exactamente lo que hay en Cuba.

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