ENTREVISTA DE JESÚS DIAZ LOYOLA A BOBBY BATISTA-PRIMERA PARTE: «ES INCOMPRENSIBLE TENER A UN PAÍS TAN ARRUINADO CUANDO SE HAN TENIDO 60 AÑOS PARA GOBERNAR»

Juzga así a la Revolución de Fidel Castro que derrocó a su padre, y sostiene que “heredaron una Cuba, una República, rica y abundante y en gran progreso.”

El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, fue el mayor error político de Batista: “Una acción innecesaria que se saltó la Constitución legítima de 1940 y acabó manchando su legado.”

Por Jesús Díaz Loyola.(Facilitada a Nuevo Acción por el autor, con permiso del entrevistado)- Fotos: Raiko Daniel.

Roberto Francisco (Bobby)  Batista Fernández (Nueva York, 1947), uno de los nueve hijos de Fulgencio Batista Zaldivar, el ex presidente de Cuba que precipitó el advenimiento del Castrismo, no tiene ningún reparo para admitir que el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, fue el mayor error político de su padre: “Una acción innecesaria que se saltó la Constitución legítima de 1940 y acabó manchando su legado.”

Él y toda su familia, tuvieron que huir de la isla para seguir con vida, entre los últimos días de 1958 y la llegada de año nuevo de 1959, antes de la entrada de los barbudos rebeldes en La Habana. Lo hicieron en sendos aeroplanos que les llevaron a un exilio permanente, que tampoco les fue fácil.

Harto de que la historia de su padre sea tergiversada, escribe memorias con su legado más íntimo e inédito. “Jamas en la historia de Cuba ha habido un presidente tan calumniado como el general Fulgencio Batista”, dice.

Aunque por las circunstancias de la vida política de su padre nació en Nueva York, su infancia está marcada por Cuba, adonde llegó con dos años en el verano de 1949 y permaneció  hasta que se fueron definitivamente, hace ahora 60 años.

Todos los días no se habla con un hijo del hombre que marcó un momento esencial de la historia reciente de Cuba. “Robertico”, como le llamaban en los medios de la isla bajo el batistato, tenía 11 años cuando abandonó la tierra cubana, a la que sueña volver algún día en democracia. No ha olvidado jamás las navidades ingratas de 1958 que rodearon a la familia y mucho menos el desconcertado 30 de diciembre de su llegada a Nueva York, bajo una fuerte presión entre improperios y humillaciones de las cédulas procastristas.

—¿Cómo fue la salida Cuba? -—Salimos dos días antes de la llegada de año nuevo. Llegamos el 30 de diciembre a Nueva York, mi hermano Carlos Manuel y yo, con la ilusión de pasar las Navidades cuando, en realidad, nos íbamos para siempre.

—¿Y que pasó en Nueva York?- —(Se emociona) Fue el momento más duro que recuerde jamás. Nos recibió una turba de gente profiriendo insultos y gritándonos a dos niños de 9 y 11 años que no sabíamos de nada. Escuché los improperios y las groserías más horrendas que se podían oír. Ese día fue de gran confusión porque debido a la edad, no sabía que pasaba con mi padre y por eso no comprendía la razón de esa palabrería.—¿Cómo conocieron de los cambios que se estaban dando en La Habana? -—En la madrugada del 1 de enero de 1959, mi hermano y yo despertábamos en un hotel de Nueva York, todavía con el sobresalto de la llagada. En la televisión vimos las imágenes de una Habana confusa con disturbios callejeros por todas partes y la noticia ingrata de la salida de mi padre. Entonces, ya asumíamos la conciencia de lo que pasaba. Ese día, mi madre (Marta Fernández Miranda, la segunda mujer de F. Batista), nos llamó para comunicarnos que estaban a salvo en República Dominicana, tras ser negada la entrada de mi padre a los Estados Unidos. Poco después, mi madre se reencontró con nosotros en Nueva York y desde allí fue un alma consejera y mediadora en el momento más nefasto en la vida política de mi papá, que no solo se vio conminado a dejar Cuba, sino  que vivió bajo un asedio constante del gobierno de (Rafael Leónidas) Trujillo, mientras permaneció en República Dominicana hasta mediados de 1959.

—¿Cómo fueron esos primeros años de exilio?-—De Dominicana, mi padre consiguió viajar hacia Lisboa, Portugal y encontrarse allí con mi madre, mis hermanos Jorge, Rubén, Carlos Manuel y yo. Mi hermana Mirta con su marido e hijos, tomaron residencia en Newton, Massachusetts. Mi hermana Elisa Aleida y su marido, partieron rumbo a Madrid, España.  Carmelita viajó a Fort Lauderdale, Florida, donde tomaron residencia.  Fulgencito y Marta María, fueron a nuestra casa en Daytona Beach, Florida.

—¿Y como fue en Portugal?- —En Portugal, el presidente (Antonio de Oliveira) Salazar nos ofreció protección a todos. Nos instalamos en la isla de Madeira y más tarde en Estoril. Mientras nosotros estudiábamos, mi padre vivió allí los primeros años de destierro inmerso en los manuscritos de lo que serían después los libros de sus memorias que publicó a lo largo de 14 años de exilio, con estancias frecuentes en España a partir de 1964, ya al abrigo de Francisco Franco

—¿Y su padre no pudo volver a los Estados Unidos?-—Mi padre nunca pudo regresar a los Estados Unidos porque se lo prohibieron. Yo si pude ir y volver porque soy americano, nacido allí.

—Siempre se ha dicho que Batista se fue de Cuba con una gran fortuna. Los críticos lo acusaron de llevarse millones al exilio. ¿Es cierto eso?- — Se comentó mucho, pero no hubo pruebas.

—¿La familia Batista ha percibido la pobreza, han conocido las dificultades?—Dificultades económicas, no. El que conoció dificultades económicas fue mi padre, por todo lo que pasó desde muy niño. Nació en el campo, en un bohío del oriente cubano, en la pobreza más absoluta, y poco a poco se fue labrando caminos. Trabajó en los ferrocarriles, trabajó en un campo de caña y se educó en un colegio pequeño que había cerca de Banes (Holguín). Se hizo taquígrafo hasta que fue militar y sargento. “Siento un gran respeto hacia mi padre”

—¿Admira a su padre?—Yo siento un gran respeto hacia mi padre. El recuerdo de mi padre es muy vivo. El recuerdo y la imagen de mi padre están sumamente presentes siempre.

—¿Lo recuerdas bien?—Sí, porque fue un gran padre; fue muy cariñoso y comprensivo. Nos educó muy bien. Tuvo siempre prioridad por nuestro bienestar y nuestra felicidad.

—¿Que les contaba su padre sobre Cuba?—Bueno, pues nosotros hablábamos con él, y el hablaba de Cuba siempre, porque su gran amor era Cuba. Y en todo momento, defendía a la Patria por encima de todo. Quería el bienestar y quería una Cuba democrática.

Bobby Batista tiene ahora 70 años y todo en su memoria son recuerdos vivos. Habla con nostalgia de “el hombre” como llamaban a Batista, un presidente que empezó siendo un férreo defensor de los derechos democráticos en la isla, pero que le dio un giro a la historia el 10 de marzo se 1952.

—La Cuba de Batista  y la de Castro. Después de más de 60 años, ¿que tiempo fue peor? —Hombre, es que no cabe duda que seis años de dictadura de Batista comparados con 60 años de dictadura Castrista, la diferencia es brutal. De entrada mi padre, se puede decir, que quitando el periodo 1952-1954, al amparo de los Estatutos Constitucionales, fue el hombre fuerte de la República, porque a partir de 1954, dígase lo que se diga, fue electo Presidente y gobernó nuevamente al amparo de la Constitución de 1940, restituida el 24 de febrero de 1954.

—¿Cual fue entonces el error político de su padre?— Creo que el 10 de marzo de 1952 fue un error político de mi padre. Yo tenía cuatro años. Pero fue un contrasentido porque el 10 de marzo, en realidad, se saltó la Constitución del 40 y derrocó al gobierno democráticamente elegido de Carlos Prío Socarrás, tres meses antes de las elecciones presidenciales.

—¿Y que opinión le merece?—En mi opinión este no era el momento político más conveniente para mi padre. Si hubiese esperado a las próximas elecciones, su popularidad habría probablemente aumentado y por lo tanto habría tenido más papeletas para ser elegido presidente.  Pero se precipitó. Fue una acción innecesaria que acabó manchando su legado. La Contitucion cubana de 1940 fue proclamada como ley fundamental el 10 de octubre de 1940 en la oriental cuidad de Güaímaro y considerada la más avanzada y progresista de su tiempo en América.

—¿Como valora usted la Constitución del 40?—La Constitución del 40 ha sido el gran acierto político de Cuba de todos los tiempos . Ojalá mas temprano que tarde sea restaurada. Y con Aristóteles pronuncio: “Mejor es que mande el derecho que un individuo”.

—Aun después de restaurada por Batista en 1954, la Revolución castrista la volvió a ignorar e implantó su propia Constitución en 1976. ¿Que piensa de eso?—Queda claro que la Revolución no abogaba por la soberanía del pueblo, más bien por la suya propia como ha demostrado a lo largo de la historia. Se han dicho muchas mentiras. Se hartaron de decir mentiras. Pero mi padre dejó sentado desde un principio que este era un tema de comunismo. Nadie le quiso creer y él lo probó, tenía pruebas suficientes que están en sus libros.

1952-58: “A lo largo de ese período se cometió algún que otro atropello, alguna que otra falta a la obediencia constitucional, y se le pasó factura a mi padre.”

—¿Y como pesa en la historia de Cuba el error político de su padre?—Como hijo de mi padre, me gusta siempre pensar que lo hizo por el bien de la Patria; y yo creo que sí, que su intención era sacar a la Patria adelante. Pero no era el momento más adecuado de hacerlo. Fue un error político porque mi padre tenía que haberse mantenido como candidato a las presidenciales del año 1952 con su partido, que era el Partido de Acción Unitaria (PAU). Sin embargo, no lo hizo y se saltó ese momento. Gobernó y gobernó muy bien, pero tuvo luces y sombras. Las luces por el progreso, porque (el fidelismo) heredó la Patria, heredó la República cuando él se marchó.

—¿Y las sombras?—Las sombras fueron que a lo largo de ese período (1952-1958), pues se cometió algún que otro atropello, alguna que otra falta a la obediencia constitucional, y se le pasó factura a mi padre.

—Visto lo que pasa hoy en tantos países llamados democráticos y en las dictaduras latinoamericanas propiamente, ¿asume como polémico el mandato de su padre? —Mi padre fue polémico porque casi nadie quiso creer en sus previsiones, que resultaron correctas si se estudia la realidad de Cuba a partir del 10 de marzo de 1952.  Todo lo que mi padre sentenció acerca del movimiento comunista en Cuba, ha sucedido en nuestra Patria y en otros países latinoamericanos.

—¿Se arrepintió su padre alguna vez del golpe del 10 de marzo?—Yo creo que mi padre en muchas ocasiones, quizá no hubiese, no deseaba esos acontecimientos, sino que se vio forzado a provocarlos de alguna forma.

—¿Y que lo forzó? ¿Hubo algún factor externo, porque ese mismo mes de marzo (día 27) Estados Unidos reconoce oficialmente al régimen de Batista?— Mucho se ha hablado acerca de este tema. Seguramente mi padre estimó que la República estaría mejor conducida bajo su mandato.  Ningún factor externo le ayudó.  Se coció todo entre él y miembros del Ejército, y algún que otro político.

—¿Y cual fue el lado positivo de ese golpe, si lo hubo? —La trayectoria política de mi padre se remonta antes de 1933. Y el 10 de marzo tuvo el acierto de llevar a Cuba a la prosperidad económica de todas las clases sociales, muy en especial las profesionales, como las de los  médicos, abogados, arquitectos, ingenieros, el mundo de las finanzas en general. Se trabajó muy duro en todo lo relativo a la educación y a la salud pública. Ahí están las obras en esos terrenos y además el volumen de obras públicas. Tras el golpe de marzo, Cuba se puso en un momento de gran auge económico, y eso había que agradecerlo al ímpetu de mi padre..(Continuará)

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