ENTREVISTA DE JESÚS DÍAZ LOYOLA A BOBBY BATISTA- SEGUNDA PARTE Y FINAL : «ES INCOMPRENSIBLE TENER A UN PAÍS TAN ARRUINADO CUANDO SE HAN TENIDO 60 AÑOS PARA GOBERNAR»

Por Jesús Díaz Loyola.(Facilitada a Nuevo Acción por el autor, con permiso del entrevistado)-Fotos: Raiko Daniel y de archivo.

 —Recoge la historia que tras instaurar un régimen militar en Cuba, Batista aumentó el salario de las fuerzas armadas y de la policía, se otorgó un salario anual superior al del presidente de Estados Unidos, suspendió el Congreso y entregó el poder legislativo al Consejo de Ministros, suprimió el derecho de huelga, restableció la pena de muerte (prohibida por la Constitución de 1940) y suspendió las garantías constitucionales. ¿Es cierto todo esto?— Si te refieres al Golpe de Estado de 1933, es verdad que mi padre abogó y logró que todo lo relativo al Ejército fuese mejorado y desde luego los sueldos.  Hago hincapié en esto porque uno de los fines de la Revolución de los Sargentos -la del 33-residía en lograr la mejora castrense a todos los niveles. En aquel entonces no pudo subirse el sueldo por sí mismo. El 8 de septiembre de 1933, bajo la Pentarquía, lo ascienden a coronel del Ejército y por ende habrá tenido el salario correspondiente.

Si te refieres al Gobierno de Marzo, golpe de estado incruento como lo había sido el 4 de septiembre, los Estatutos Constitucionales en vigor hasta 1954 mantuvieron el espíritu de la Constitución de 1940 en su parte dogmática y por lo tanto no existía ni pena de muerte y se mantuvieron las garantías constitucionales en la medida de lo posible, tomando en consideración que estábamos inaugurando un nuevo amanecer patrio.

—Tras el golpe de marzo, la producción azucarera nacional fue en caída, y sólo en el año 1957 fue que generó más ingresos que en 1952 con 630,8 millones de pesos. ¿Que opinión le merece?

—En cuanto al tema del azúcar, ten en cuenta que en 1952 hubo un excedente injustificable de la zafra. Imprescindible fue tomar medidas para evitar el desastre económico que acechaba. Si posteriormente bajó el precio del azúcar, esto no entorpeció el avance de la economía cubana que ya en 1958 había situado el peso cubano a la par con el dólar norteamericano (hoy un dólar se cambia por poco más de 20 pesos en la isla). El país así, alcanzó una pujanza extraordinaria desde el punto de vista económico. Con la llegada de los rebeldes al poder se mal administra esta industria y, debido a los grandes errores de este régimen, cae en picado para no recuperarse nunca más. “No se comprende cómo se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar”.

—¿Que diferencia haría hoy entre la era de Fulgencio Batista y la era de Fidel Castro? —Lo que no se comprende es como se puede tener a un país tan arruinado cuando se han tenido 60 años para gobernar y cuando heredaron, porque ellos (el castrismo) si que heredaron una Cuba, una República pujante, rica y en gran progreso. El progreso más grande que haya conocido la República de Cuba, lo conoció con Fulgencio Batista; no bajo esta gente. Esta gente ha sido nefasta.

—¿Y cómo se demuestra eso?—Mejor que yo te lo diga, es referirse al libro “Respuesta”, y al otro libro: “Piedras y leyes”, porque ahí se plasman las verdades de mi padre; las verdades históricas, probadas y con cifras fehacientes y de manera sólida y constructiva. Pero me remito igualmente al importante volumen de literatura producida por terceros acerca de la República y la era castrista.  Hay un denominador común entre todos los autores que analizan desde fuera los resultados de un régimen absolutista.

—La opinión pública conoció la existencia de una guerrilla en Cuba en febrero de 1957, tras la histórica entrevista a Fidel Castro que realizó Herbert Matthews del New York Times. Batista confesaría después en sus memorias, que gracias a esa entrevista  “Castro empezó a ser un personaje de leyenda”. ¿Piensa usted hoy igual?—No me cabe ninguna duda de que así fue.

—Muchas fuentes han culpado a Estados Unidos por haber incautado las armas destinadas a las fuerzas armadas bajo el régimen de Batista en su lucha contra los guerrilleros de Castro. Y culparon también el Departamento de Estado por respaldar la conjura internacional dirigida por los comunistas para adueñarse de Cuba. ¿Como justificó su padre la derrota en Cuba?—Fueron varios los factores que contribuyeron a su caída: el desplome de la moral del Ejército constitucional después del embargo de armas a mi padre por parte de Estados Unidos, decretado el 13 de marzo de 1958; la imagen mediática que se le dio a este personaje tan sui géneris (se refiere a Fidel Castro); y finalmente la política negativa en general del Departamento de Estado de EEUU en contra de mi padre.

—¿Hablaba mucho Batista sobre Cuba en el seno familiar?—La verdad es que mi padre se sentaba muy a menudo a hablar con nosotros. A mí, por ejemplo, me costaba mucho preguntarle sobre Cuba porque para mí era muy doloroso, porque sufrimos mucho con la salida del país, de la Patria. Se nos tachó de muchas cosas. Pero mi padre siempre intentó inculcarnos el amor a la Patria; y hablaba con nosotros de todo lo que se podía hablar. El era un patriota siempre agradecido del pueblo cubano, y siempre tenía como meta el bienestar y el progreso del pueblo cubano. Esa era su gran meta, su gran idea, su ideal. Pero claro, ¿como iba a valorar al gobierno que le derrocó? No podía tener una opinión favorable. Es imposible.

Fulgencio Batista acompañó a su familia durante 14 años de exilio hasta su muerte ocurrida en Marbella, España, el seis de agosto de 1973, sin que la cubanía le abandonara nunca.

—¿En algún momento, su padre llegó a manifestar que si tendría que volver a empezar, volvería a hacer lo mismo? —Lo que he oído, es que sí. Pero, no estoy de acuerdo con eso.

—¿Sentía su padre admiración por alguien?—Siempre José Martí por sus valores patrióticos y de reverencia a la Patria. Tomó una cita precisamente de Martí para presentar su libro “Respuesta”: “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, los que odian y destruyen”.  Con esto está todo dicho en su manera de pensar.

—¿Qué no se ha dicho de Fulgencio Batista que las generaciones actuales deberían saber? —Estas generaciones tienen que leer los textos donde se refleja la verdad histórica. Todos los textos, de la tendencia que sean, pero que digan la verdad histórica. Hay muchos historiadores, dentro y fuera de Cuba, que hablan mucho de esta realidad que aconteció y que sufrió la Patria y que sigue sufriendo bajo las mentiras y las manipulaciones del gobierno rebelde.

—¿Cree usted que los gobiernos de corrupción dictatorial han prevalecido siempre en Cuba? —Por desgracia ha sido así. Aunque para contestar a esta pregunta se necesita meditar sobre los distintos periodos de nuestra historia y ver como este error se puede subsanar de cara al futuro para que se gobierne con transparencia y honestidad, construyendo una Patria sólida en democracia.

—¿Es un golpe de desgracia que en más de medio siglo los cubanos no hayan conocido un gobierno auténticamente democrático? —A partir de 1933, gobiernos verdaderamente democráticos fueron los de mi padre en el periodo 1940-1944, el del Dr. Grau San Martín, 1944-1948 y el del Dr. Prío Socarrás entre 1948 y 1952. A continuación, puede decirse que el mandato de mi padre de 1954 a 1958 tuvo característica democrática al ser elegido conforme a la Constitución de 1940.

—¿A que atribuye que Cuba esté hoy como está?—Todo se vino abajo porque hubo un conjunto de circunstancias que provocaron el declive de Cuba.  Pero además existen un sinfín de libros que tratan este tema, y se siguen publicando cada vez más. Basta con leer “Repuesta”, “Piedras y Leyes” y todos los libros de mi padre.

—¿Cree que el último medio siglo ha sido verdaderamente el peor para Cuba?—Eso que lo diga la gente. ¿Cuándo existió bajo ningún presidente (anterior a la Revolución) que los cubanos tuviesen que dejar la isla a nado, en balsas, a merced de los tiburones y el escándalo continuo del exilio? El tener que salir como puedan de la isla, de su propia Patria. ¡Hombre! ¿Quién ha visto eso?

—Actualmente casi un millón 800 mil cubanos viven en Estados Unidos y, probablemente, más de dos millones estén dispersos por el mundo. ¿Es un golpe de suerte? —(Indignado)¡Que no, que no! El exilio ha hecho mucho daño con familias enteras divididas.

—¿Tan dañino ha sido? —Emigrar siempre ha sido muy duro. Lo peor es la división de las familias: unos en Miami, otros en California. Otros por Japón, unos en Madrid. Eso es muy duro; los hermanos separados, padres e hijos desperdigados por el mundo. No hay unión familiar cubana, es imposible; el exilio lo ha roto todo, hasta la identidad.

—Siendo un hombre de raíces cubanas y habiendo nacido en América, ¿dónde se siente más satisfecho? —No hay un lugar específico donde me sienta más satisfecho. Mi corazón está roto por tener parte de mi vida en Nueva York y parte en Madrid.

—¿Cuba le ha roto el corazón? —Cuba nos tiene roto el corazón hace ya mucho tiempo. Se vivieron momentos muy tristes, y se siguen viviendo momentos tristes y duros. Pero está la esperanza de que algún día brille la luz y la caridad, y se pueda volver a vivir en paz en un ambiente político democrático con pluralidad de partidos y con respeto a una Constitución. La Constitución es como una estrella polar que nos debe guiar a todos. Sin ella no existe rumbo fijo.

—¿Que siente hoy Bobby Batista hacia su padre, después de tantos años de ausencia? —Yo creo que mi padre como todos los políticos, tuvo sus aciertos y tuvo sus errores. Debemos poner en una balanza lo positivo y lo negativo de sus magistraturas porque llevó a la Patria al progreso más absoluto que jamás haya conocido la República.  Y bueno, tuvo fallos como el del golpe de Estado del 10 de marzo. Y quizás se le haya ido de las manos el control del orden público cuando empezaron los rebeldes a interrumpir la paz diaria de las ciudades y del pueblo cubano. Pero digamos, que la actuación policial se ejercía únicamente cuando los terroristas infundían sus atropellos y crímenes sobre la población. Así es, así es.

Bobby siente una inmensa añoranza  por Cuba y sus raíces. Desde Banes, Holguín, dónde nació su padre, le enviaron una fotografía del panteón de sus abuelos. Sueña con recorrer la isla de punta a cabo, pero ese día no ha llegado. Sus abuelos fueron africanos y españoles. “Dicen que soy una buena mezcla entre mi madre con raíz gallega y mi padre de raíz africana”, habla de sus orígenes.

—¿Que más admira de Cuba alguien que tuvo una infancia vinculada al poder? —Yo lo que más admiro de Cuba es que el cubano es currante, que el cubano sabe salir adelante. Yo admiro que el cubano puede con todo y por eso tengo esperanza de que Cuba pueda un día volver a la democracia y a la libertad.

—¿Que se siente al ser heredero de una familia tan histórica?

—Disfruto porque el camino transitado hasta aquí no ha sido en vano. Y la familia está hoy unida, sin arrepentimientos ni remordimientos, y con el orgullo de formar parte de la historia de nuestra isla.

—¿Dejó Batista un familia numerosa? —Mi padre creó dos familias y las dos familias que creó nos hemos quedado muy, muy unidas, y nos queremos con honestidad, con sinceridad y con gran amor. Hemos heredado eso de nuestro padre que supo sembrar el amor en las dos familias que él educó. Era tranquilo y pausado, y jamás levantó la voz a nadie. Llevó una vida muy activa, trabajaba mucho y cada vez que podía, papá comía o cenaba con nosotros.

El 13 de marzo de 1957, un comando de 64 jóvenes del Directorio Revolucionario estudiantil asaltó el Palacio Presidencial con el objetivo de linchar a Fulgencio Batista. La operación fue un fracaso que costó la vida a 40 de los asaltantes.

—¿Alguien no creyó en la familia Batista alguna vez?—Muchísima gente. Eso está visto. Cuando el abortado ataque a Palacio, el 13 de marzo de 1957. No se me olvida. Mi madre vivía el sexto mes de embarazo de mi hermana Marta, y mi padre se mantuvo inclaudicable. Poco tiempo después hubo una gran manifestación a su favor: 250 mil personas concentradas frente al mismo Palacio Presidencial. Todos a alabar y hacerle un desagravio a mi padre. Y hubo después unos grandes comités cubanos que fueron a Palacio a condenar el ataque tan brutal y criminal, que un grupo decidió cometer contra la familia Batista; no solamente contra nuestro padre porque querían matarnos a todos. Sin embargo, uno o dos años después, esa gran muchedumbre estaba en contra de mi padre.

—¿Como comenzó el liderazgo de su padre? —En el momento en que el presidente Gerardo Machado quiso transformar la Constitución, a finales de los años 20 se produce un alzamiento de sargentos entre los que estaba mi padre y que desembocó en la Revolución de los sargentos del 4 de septiembre de 1933. En ese periodo, mi padre alcanza la jefatura de las Fuerzas Armadas, y ya con grado de general favorece el clima para llegar a la Constitución del 40, una etapa de la historia de la que poco se habla y al amparo de la cual es elegido presidente destronando a Ramón Grau San Martín. Gobierna cuatro años en coalición con comunistas y otras tendencias hasta 1944, en que concluye su primer mandato y marcha a los Estados Unidos. Vuelve a Cuba en 1948 como candidato a las elecciones de 1952. Vuelve a ser activo y funda su propio partido hasta que un golpe de estado apoyado por parte del ejército nacional que no le favoreció, lo retorna al poder.

En 1960, el presidente Kennedy al hablar de las supuestas brutalidades de Batista, cita  que “el régimen asesinó a 20.000 cubanos en siete años”. Pero la historia demostró que fue una mentira mediática propalada. En todo el período del batistato no murieron más de 3000 personas. La revista cubana Bohemia se “inventó ‘los veinte mil muertos’, escribió después de huir al exilio su propietario y director, Miguel Ángel Quevedo, poco antes de suicidarse en 1969.

—¿Hubo mucha falsa mediática para desprestigiar a Batista? —De tres mil personas muertas durante el “batistato”, nada de nada.  Fueron, según opinión generalizada, menos de 1,500.  Y que conste, no porque estuviésemos provocando.

—El objetivo era atacar a Batista y destruirlo. ¿Es verdad?  —De sobra es conocido que se prefirió al tiranuelo de Birán a mi padre porque la imagen que los medios crearon le hicieron aparecer como el libertador, no se sabe bien de qué, porque a la altura que estaba Cuba, pocas repúblicas latinoamericanas le hacían competencia.

A estas alturas, en mi opinión, no se debe hablar de culpables; se debe hablar de un frente unido de compatriotas cubanos (dentro y fuera de Cuba) contra el régimen que todos conocemos.

—«El Padrino II» de Francis Ford Coppola. La Cuba de Batista retratada como «Las Vegas caribeña». ¿No cree que fue exagerar los tiempos de Batista? —Esa película, con su mérito cinematográfico, no refleja sin embargo la verdadera Cuba.

—Los Batista de Banes y los Castro de Birán son de la misma tierra oriental cubana: Holguin. ¿Tuvo Fidel Castro algún vínculo con la familia antes de revelarse con una Revolución? — Fidel Castro en los años 50, antes de los sucesos del 26 de julio, fue una vez a la biblioteca que mi padre tenía en la finca de La Habana. Fue allí junto a su cuñado Rafael Lincoln Díaz Balart y Gutiérrez, el hijo de Rafael José Díaz Balart, íntimo amigo de mi padre. Todos ellos eran de Banes, y una hija de Díaz Balart (Mirta Francisca de la Caridad) estaba casada entonces con Fidel Castro. Por eso fue allí; y le hizo una observación sobre su colección. Castro le dijo: “Batista, el único libro que le falta es “El golpe de Estado” de Curzio Malaparte. Pareciera una premonición de lo que mi padre hizo después.

—¿Tal vez allí, ya mostraba Castro  los instintos de su ofensiva revolucionaria? —Me remito a la intervención de mi padre en la Reunión de Presidentes en Panamá en 1956, dónde alertó de los peligros del comunismo y del brote de disturbios que éstos provocaban por las Américas.

—Siempre se ha dicho que la historia habría tenido otro curso, si Batista no hubiera liberado en mayo de 1955 a Fidel Castro y a los otros presos del asalto al Cuartel Moncada. ¿Cree lo mismo?

—Muchos afirman que la amnistía fue un error. Estoy en esto con mi padre al 100%; hizo muy bien en dar una lección de grandeza política a sus adversarios.

—¿Su padre era un hombre del sillón o un hombre de la calle? —Era un hombre popular, era un hombre de la calle. Cualquiera que haya conocido a mi padre puede hablar de su amabilidad, de su simpatía, de su sonrisa y de su empatía. Era un hombre de mucha empatía que sabía ponerse en el lugar ajeno y compartir los sentimientos de los demás.

—¿Sintió su padre temor en sus últimos años en la isla? — Yo era muy niño. Pero si te pones a ver los acontecimientos del momento, con la cantidad de atentados terroristas que había y con la cantidad de motines y con la cantidad de golpes de estado que se querían dar, pues entonces era imposible que tuviese paz. Sus últimos dos años en Cuba tuvieron que ser un calvario para él.

—¿Cual es el mejor legado de Fulgencio Batista?—Pues el mejor legado fue el del amor entre todos nosotros. Era amoroso, era un ser muy sensible. Parece mentira porque él sale de la nada, sale de la pobreza más absoluta y, sin embargo, resulta un hombre que se hace así mismo y que adoraba el arte en todas sus formas. Cuando llegó a España se desesperaba por ir a galerías y conocer de pinturas. Visitaba, entre otros, el museo del Prado y le apasionaba El Rastro.

—¿Le quedó alguna ilusión por realizar a su padre?— Quizá yo me puedo aventurar a 60 años vista, a 50 años vista, y decir quizá, lo que él hubiese deseado siempre era volver a Cuba. Es lo que él hubiese deseado.

—¿Como califica la Cuba que vino después de Batista? —No hay ningún paralelo con la de Batista. En Cuba había división de poderes. Hoy en eso no existe. En Cuba se podrá criticar o no la democracia que brindó mi padre. Quizá haya sido una dictadura blanda, quizá haya sido una democracia blanda. Eso está en la historia. Pero en lo que no caben dudas es que lo que vino después fue una hecatombe dictatorial totalmente abusiva.

—¿Luchó por Cuba estando en el exilio?—Desde el principio del exilio abogó por la unidad de todos los cubanos con independencia de su creencia política.

—De no haber sido presidente de Cuba, ¿qué otra cosa le hubiera gustado ser a Fulgencio Batista? —Creo que historiador o literato. Le hubiese gustado algo relacionado con el arte, y luego la política. (Sonríe)

—¿Le hubiera gustado a Bobby Batista haber nacido en Cuba? — Pues sí, si me hubiese gustado, si porque ahí está la tradición y la raíz familiar. Pero bueno, dicho esto, tengo que defender a la ciudad de Nueva York, porque la quiero y la admiro, y me siento muy feliz como auténtico neoyorkino. Pero claro, me tira mi padre, me tira mi madre, y ellos son cubanos por encima de todo.

—¿Como recuerda la Cuba de su niñez, Bobby Batista? -Hombre, yo recuerdo muy bien a Cuba. Tengo vivencias de estar en el kindergarten, de estar en La Salle de Miramar… Fueron siete u ocho años de mi vida que pasé en Cuba. Recuerdo muy bien nuestra residencia personal que era la finca Kuquine, (foto de arriba: Bobby juega con su padre en 1957 en la finca Kuquine-foto de archivo)y recuerdo nuestra etapa en Palacio Presidencial y nuestras temporadas en la Ciudad Militar Columbia, adonde nos desplazábamos para atender las necesidades administrativas de mi padre.

—¿Y esas vivencias, solo las guarda en el recuerdo? —He empezado a escribir apuntes sobre mi familia, sobre la historia de mi familia, lo cual me permite meditar sobre determinados acontecimientos de la historia de Cuba, básicamente acontecimientos de la política de mi padre.

—¿Como fue el final de su padre, Bobby?—Lo que debemos tomar todos en consideración es que mi padre supo rehacer su vida en el exilio, rodeado siempre de su familia y amigos, además de nuevas amistades que cosechó con gran cariño en Portugal y España. Y en tal ambiente falleció, con todos a su lado. El día de la desgracia, en el verano de 1973, estábamos todos en Marbella. Mi padre había llegado de Portugal con Rubén y su mujer Carmita, con mi madre, con Jorge y Rosa, la que entonces era su mujer y con otros amigos. En la frontera portuguesa con España se detuvieron a almorzar, y creo que mi padre comió exageradamente ese día. Llegó a Marbella, volvieron a cenar, y esa noche cuando regresaron al hotel, una villa de Guadalmina, mi padre se sintió indispuesto. En ese momento tuvo un malestar; mi madre llamó al médico y cuando llegó, mi padre ya estaba muerto. Lo velamos en Marbella y a la mañana siguiente,  7 de agosto de 1973, fue enterrado en el cementerio de San Isidro, en Madrid, en el mismo lugar donde estaba enterrada la madre de mi madre y mi hermano Carlos Manuel, y donde siguen todos enterrados.

Tras el óbito de Batista, Marta Fernández, su mujer, vivió el resto de su vida en su casa de West Palm Beach, Florida, EEUU. Fue una mujer de bien apoyando a organizaciones médicas de beneficencia. EL propio Bobby, ha dicho sobre ella: “Tenía el don de la caridad”. —¿Cámo fue el final de su madre? —Mi madre no se recuperó del golpe de la muerte de mi padre ni de mi hermano Carlos Manuel con 19 años. Aún así, vivió muchos años más, pero sufrió la terrible enfermedad del Alzheimer y falleció en octubre 2006.

—¿Que pregunta no le han hecho y le gustaría que le hicieran? —Pues te soy honesto, para mí lo principal es que me hagan las preguntas que lleven a relucir la verdad histórica de la Patria a lo largo de la historia de Cuba. Y en mi caso, desde luego, en todo lo referente a mi padre. De todos es sabido que se ha dicho mucha mentira sobre Fulgencio Batista, como político e incluso como persona. Se ha calumniado mucho sobre él. Y no todo es verdad.

—¿Cuál es su último pensamiento cada día? —Rezo el Padre Nuestro, y me suelo encomendar a mi padre, a mi hermana Mirta, a mi madre y a mis otros hermanos que ya han fallecido. (Mirta fallecida el 5 de noviembre de 2010. Rubén fallecido el 7 de noviembre de 2007 y Carlos Manuel fallecido el 3 de noviembre de 1969).  Como ves noviembre es un mes fatídico para nosotros.

—¿Que le diría Bobby Batista a los cubanos?—Que busquen la verdad histórica y que aboguen por las libertades de Cuba, que aboguen por los derechos fundamentales del individuo y que los pongan en práctica; si es posible allá donde estén… siempre en la esencia del respeto a las personas.

—¿Cual considera que es el personaje de su vida? —Tuve la gran suerte de ser hijo de mi padre, y su memoria y su imagen me siguen protegiendo allá donde el esté.—¿Aún después de muerto, guarda algún deseo para con su padre? —Hemos deseado que nuestros fallecidos descansen en la paz merecida, pero si algún día pudiera llevar los restos de mi padre a Cuba, no lo dudaría.

Un Comentario sobre “ENTREVISTA DE JESÚS DÍAZ LOYOLA A BOBBY BATISTA- SEGUNDA PARTE Y FINAL : «ES INCOMPRENSIBLE TENER A UN PAÍS TAN ARRUINADO CUANDO SE HAN TENIDO 60 AÑOS PARA GOBERNAR»

  1. Magnifica entrevista al hijo de Batista. Mucha verdad y creo fue un error a unos meses de las elecciones de Junio. Los felicito por la entrevista.

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