ESCRITOR DE LA ISLA CUESTIONA POR QUE FUE CENSURADA UNA OBRA SUYA

ROGELIOMENENDEZGALLOPor: Rogelio Menéndez Gallo (escritor cubano, residente en Remedios, Villaclara, Cuba)

“Quien crea, ama al que crea.”    José Martí 

En una nota que escribí para la sección dedicada a la crítica del primer número digital del boletín “Orfebre” del pasado mes de marzo intitulado: “Absurdos no tan cotidianos”, se explicaba la manera irrespetuosa con la que resultó maltratada la novela “Los Rasputianos”, así como al autor, por supuesto. Hecho acontecido en los finales del 2005, cuando la jerarquía de la editorial “Capiro” radicada en la ciudad de Santa Clara, buscando justamente una fórmula magistral para impedir la publicación de obra de “contenido tan malsano”, ordenó una nueva reevaluación de la misma. Válida solución para quien ejerce con autoridad y pasión el poder, por muy prepotente que luzca la medida a simple vista. Le cabe el derecho. Y si la decisión fue tomada, o estimulada desde el nivel superior en el organismo provincial, le cabe mejor.

Dicha novela,  había sido evaluada por un comité de lectores profesionales positivamente y recomendada su publicación en los inicios del 2001. Así que, al resultar supuestamente devaluada por los nuevos devaluadores, al mismo tiempo se devaluaba también a los anteriores evaluadores. Y no se trata de un juego de palabras por el estilo del recurso usado por el humorismo, fue un suceso tan real como absurdo, para el neófito, claro está. Un acontecimiento ocurrido en opinión del teórico July Próbleman, por vez primera en la historia del mundo de las letras, desde el paleolítico hasta la era contemporánea.

¿Se quiso realizar una jugarreta mal-intencionada, vengativa, en la cual no se contó para nada con Cronos, ni con la dignidad de los intelectuales evaluadores? Pudo ser. Cualquiera falla. Hasta Falla Bonet. Mas, por favor, tampoco es como para solicitar el fusilamiento de alguien.

Reflexionaba yo en aquel párrafo final del referido artículo, “Absurdos no tan cotidianos”—al cual debí titular “absurdos pedagógicos”– ya famoso a causa de mis amigos instalados en la esfera de la comunicación digital en diversas partes del Planeta, y el que reitero, ha conquistado una maravillosa celebridad alcanzada también al mismo tiempo por la editorial “Capiro”, — Y pongo la teja antes de que caiga la gotera, no pretendo reconocimiento alguno por tal motivo—.

Pensaba entonces, decía, acerca de la probabilidad de que, además del colega escritor que participó en el comité de lectores de la segunda evaluación y votó a favor de la edición de “Los rasputianos”, existiera otro dentro del trío que siempre integra esta especie de jurado profesional, con similar criterio positivo en su argumentación. Y di en el blanco con la suposición—los librepensadores solemos adivinar a cada rato al estilo de Mandrake el mago–.Y si el primero de los colegas mencionados se acercó a felicitarme efusiva y francamente por la calidad de la obra que había leído—sin conocer siquiera que se trataba de una reevaluación la realizada, pues, se lo ocultaron convenientemente–, éste segundo colega escritor, quien había fundamentado detalladamente el por qué la obra debía ser publicada, vino hacia mí con conocimiento de causa, tan asombrado como avergonzado por la decisión tomada con toda seguridad, por quienes no habían participado directamente en la “reevaluación” Y tuve que calmarlo: Gajes del oficio, hermano. ¿Acaso problemáticas peores no ocurren en las mejores familias?

No soy de los escritores más organizados. Situado en una balanza sin trucos, seguramente ésta se inclinará con el peso del desorden. Y no solo con la papelería literaria. Me comporto cual desastre burocrático por completo. Sin embargo, quizás por milagro divino, casualidad, o vaya usted a saber, conservo las notas escritas en las que se me comunica los resultados de ambas evaluaciones. Es decir, la inicial de forma positiva en el 2001, y posteriormente, a la distancia de casi un lustro, la otra con un contenido contrario. Y juro por San Gandongo, patrón de los escritores “municipanos” desamparados,–disculpad la redundancia– que en lo particular no me asombró tanto la burocrática puñalada trapera contra mi novela, como al colega que participó de la “reevaluación”, tal vez a causa de mis profundos estudios sobre la dialéctica del cambio y del movimiento en involución. Dialéctica involutiva que explica la ley acerca de aquello que hoy es no, pero que mañana puede ser sí, y a la inversa, claro está. –Muy aplicable en política, no solo editorial como en este caso–.

De manera que copio las dos notas evaluadoras textualmente aquí, para que el lector pueda formarse una idea de contenido dialéctico involutivo, y consiga preguntarse junto a mí, sin apasionamientos, intrigas, ni doble play de jeta moral, ¿quién escribió la nota devaluadota de la editorial “Capiro”? –la que jamás me cansaré de divulgar y aplaudir, por didáctica–¿El tercero de los miembros del comité de lectores reevaluadores en solitario? ¿Acaso algún funcionario del organismo provincial miembro de la señora burocracia poderosa, pero que no crea, ni ama al creador, a pesar de vivir de su existencia?

Es casi seguro que resultó de la última forma. Lo evidencia la falta de oficio en el análisis literario convincente y en la pobreza del leguaje utilizado en la redacción de la nota.

En la juventud leí un libro interesante de José Ingenieros titulado: “El hombre mediocre” No se por qué mecanismo misterioso viene ahora a mi memoria.

Pero bueno, basta de cháchara, como dijera Ghoete en el Fausto. Al grano. Ahí van las notas evaluadoras debidamente ordenadas de forma cronológica. Saque usted las conclusiones del caso, como todo el mundo hace desde el desastre en la barca de Noe. Amén.

“EVALUACIÓN DE LOS RASPUTIANOS.

Fecha: 24 de abril del año 200l.

Título: “Los rasputianos”

Autor; Rogelio Menéndez Gallo

Los rasputianos es una novela costumbrista de corte humorístico-erótico, con la frescura del humor criollo cubano. De sólida estructura sostenida sobre una anécdota interesante de raíz histórica y usando un lenguaje adecuado.

De agradable y fácil lectura.

Se recomienda su publicación acotando que, tanto el autor como el editor, deben cuidar por momentos, la limpieza del texto que se contamina a veces con acotaciones innecesarias y lugares comunes. Riesgo muy frecuente en el costumbrismo.”

“EVALUACIÓN DE LOS RASPUTIANOS.

Fecha: l9 de octubre del año 2005

Título: “Los rasputianos”

Autor: Rogelio Menéndez Gallo.

La vida sexual del personaje acapara una atención desmedida principalmente porque de forma novelesca no se logra sostener, por cuanto las descripciones de las mismas se hacen repetitivas y muy pronto agotan los recursos expresivos. Se reiteran situaciones, se hacen predecibles, y comienza a repetirse las expresiones que las describen. Los acontecimientos que permiten describir la mala vida, la corrupción y la inmoralidad también se reiteran de tal modo que la trama comienza a acumular sucesos similares. La narración, en primera persona, pródiga en demasiadas reiteradas. Pesan más las aventuras eróticas que el escenario social. El autor no logra—o no se ha preocupado—por darle una consistencia lógica al acto narrativo mismo. El personaje cuenta su vida hasta la interrupción final—muerte sugerida—sin que se sepa cómo, por qué, para qué, etc de su discurso narrativo. Hay pasajes de mal gusto. La novela por su extensión, ganaría con una selección y una depuración que elimine todas estas deficiencias.”

A pesar de que se trata de una novela erótica, como se aclara en la primera página del original en el pretendido texto aún inédito, — y de igual modo en la nota evaluadora inicial del 2001–resulta gráfica la molestia motivada por el humor crítico y las aventuras eróticas del personaje principal, en el funcionario que imagino “reevaluó” la novela. Así se pone de manifiesto un punto de vista que debemos respetar. Ruego al distinguido caballero acepte mis disculpas, por discrepar usando el mío.

Es fácil apreciar los riesgos que siempre corre el humorismo—con o sin erótica—Y el humor está presente en “Los rasputianos” sazonado con el ingrediente picaresco y con los demás recursos humorísticos en el ajiaco de la narrativa picante, como son el doble sentido y la burla y el disparate y la exageración y el juego de palabras y la sátira y el anacronismo y el absurdo y la caricatura.

Es cierto que el humor no nace, crece y se desarrolla con el ímpetu con que lo hace el marabú en la campiña cubana, pero sí pincha y mortifica tanto como las espinas de tan maldecido arbusto.

No quisiera concluir sin llamar la atención acerca del final de la nota “devaluadora”, donde se recomienda al autor, que “la novela por su extensión, ganaría con una selección y depuración que elimine todas estas deficiencias”

Considero genial la recomendación, por cuanto da la medida, de que el susodicho funcionario “evaluador”, no contó—observó siquiera, pues están numeradas– las reducidas ciento diez cuartillas que tiene la obra. ¿Conocerá el Tartufo acerca algunas de las características de la novela, aunque sea la diferencia con el cuento?

De modo que la obra, atendiendo a la sabia sugerencia, podría convertirse en un mini cuento a emular con el célebre “Dinosaurio” de Monterroso. Quizás sería ese cuento liliputiense, de más agradable lectura al funcionario de tan increíble miopía. ¡Jesús mil veces! Se trata de un padecimiento tremendo

O, ¿me equivoco?… ¿Será un dinosaurio profesoreco de veras quien “revaluó” a “Los rasputianos” y me está sugiriendo el recorte literario?

¿Por qué no?

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