ESTA ES MI RESPUESTA A ALGUNOS

Por Carmelo Diaz Fernández- Especial para Nuevo Acción

El tema de la publicitada “reforma constitucional” a la que yo he denominado Reglamento del PCC, recientemente aprobada por la inoperante Asamblea Nacional de la dictadura cubana, ha suscitado un sorprendente interés en algunos “cubanólogos” dispersos en Miami quienes consideran que amerita un análisis “sereno y objetivo”.

Los cubanos, tanto los de la Isla como los del destierro, estamos hartos de serenidad y objetividad. Llevamos casi sesenta años denunciando las atrocidades de aquel sistema y para ello nos basamos en los hechos.

No es correcto ser repetitivo en ningún análisis: es feo y engorroso, se luce mal, pero en este caso si lo seré. ¿Cómo es posible que alguien considere una constitución o reforma constitucional, como la han llamado, a un mamotreto del que no han participado todas las corrientes políticas y de pensamiento de nuestra nación?

La Constitución de 1940 fue ejemplo y guía de democracia en América. Liberales, conservadores, comunistas, y otras corrientes ideológicas, expusieron en ese Magno documento sus consideraciones.

¿Acaso este Reglamento del PCC recoge en su letra que todo ciudadano tiene derecho a no ser detenido, discriminado, molestado o reprimido en el pleno ejercicio de su libertad individual, además de sus autonomías políticas, sociales, educacionales y otras prerrogativas que forman parte de los valores de la civilización y el absoluto respeto a la libertad de los demás?

Tampoco ese inservible trasto recoge que todo ciudadano tenga reconocimiento legal y garantizado a una actuación protagónica, libre y responsable en todas las esferas de la vida económica, política, social y cultural de la nación cubana.

Queremos una verdadera constitución democrática, no este simulacro detenido en el tiempo. Una constitución donde participe verdaderamente la sociedad cubana. No queremos dádivas, es bochornoso aceptarlas. Queremos nuestros verdaderos derechos que fueron hurtados por gobernantes miembros de las conspiraciones del comunismo internacional desde el mismo año 1959.

El daño causado a Cuba ha sido demoledor, pero los cubanos en su palpitar, su pensamiento, su creatividad y su patriotismo seguirán peleando por la restauración de una Cuba democrática. Una Cuba libre y democrática no aspira a dádivas sino a una sociedad que promueva medidas que contribuyan al pleno ejercicio de los derechos humanos interpretados integral y dinámicamente, concediendo a todos los ciudadanos un especial protagonismo fundado en criterios de tolerancia, libertad, independencia y justicia.

Ni en le letra ni en el espíritu de este Reglamento del PCC aparece nada concerniente a la eliminación de la economía centralizada y estatizada que tan nefastos resultados Cuba ha tenido que padecer.

Los empresarios independientes con iniciativas propias son los que aseguran el empleo y la dignidad en cada trabajador cubano, libre de trabas políticas, de abusos y de chantajes de empresas empleadoras gubernamentales.

La economía de mercado es el sistema emprendedor de las sociedades modernas, pero el sistema totalitario cubano permanece estático, entrampado en las brumas del tiempo. El Reglamento del PCC nada dice de la educación privada de tan grandes resultados en la Cuba democrática. La educación sigue estatizada para de ese modo mantener un bombardeo ideológico sobre niños y adolescentes.

Quizás los redactores del reglamento del PCC piensan que los cubanos somos del género tonto, pero aclaramos que ese género no existe, que el cubano es valiente y fiel a sus principios de libertad y derechos.

Nuestros mentores nos enseñaron que cada hombre o mujer cubanos pudieran asumir sus valores profesionales, éticos, artísticos y políticos libremente.

Yo sufro vergüenza ajena, por eso me entristece que en el destierro haya ciertos cubanos que de manera velada, y otros abiertamente, defiendan el Reglamento del PCC embusteramente conocido como reforma constitucional.

Son muchas las propiedades adquiridas con sacrificio y responsabilidad, y los derechos casi interminables que fueron hurtados a los cubanos que no pueden estar reflejados en este artículo por falta de tiempo y espacio.

A los “cubanólogos” le recomiendo ser más analíticos y reflexivos al momento de emitir su opinión sobre un pueblo engañado y oprimido. No me gustan las polémicas – las considero estériles, no producen ni aportan ni crean nada –Esta es mi respuesta definitiva a algunos.

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