ESTADOS UNIDOS: ALTO, CLARO Y FRANCO

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JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre

Los norteamericanos no deben sentirse inquietos por la victoria del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Nerviosos deben sentirse los gobiernos que por años vienen sacando buen partido de una política exterior estadounidense incongruente con su estatura política, militar y económica, estado de cosas que pone en peligro tanto su seguridad interna como la estabilidad del resto del mundo.

Estados Unidos no tiene más remedio que cumplir con su papel histórico. Esa ligereza de ver a Estados Unidos como un policía internacional es un error, ese no era el deseo de los padres de la patria, pero le viene impuesto por la naturaleza de las cosas: el control de los medios de producción, la guerra por su prevalencia geopolítica y el mantenimiento de la paz. Siempre ha sido así, cada época cuenta con un equilibrio planetario que descansa en un centro de poder determinado por la historia; el trópico no suele estar incluido en esa lotería.

Estados Unidos se rige por instituciones no por individuos; los individuos pesan pero pasan, no son indispensables, pueden desaparecer sin que se interrumpa la vida nacional o algún desaforado con ambiciones mesiánicas aproveche la ocasión para pronunciarse salvador de la patria. Puede que ese andamiaje cultural se venga abajo en algún recodo de la historia a medida que se disuelve la base original de Estados Unidos, como aconteció en Roma, España o Inglaterra, probablemente en una fecha todavía distante, pero ineludible. Nadie sabe.

Como de costumbre en una sociedad regida por las instituciones y la ley, imperfecta como toda cosa humana pero sin rival en el mundo conocido, Hillary Clinton reconoció su derrota sin dramatismo novelero; sobria en su alocución, firme en sus ideas, conmovida entre líneas por una campaña dura, sin cuartel, pero cortes con su rival y respetuosa del veredicto popular, la ex secretaria de Estado cerró filas junto a su rival por el bien del país. Postura seguida poco más tarde por el presidente Barack Obama en palabras dirigidas a la nación, en las que invitó a Trump a visitar la Casa Blanca y exhortó a los funcionarios de su gobierno a realizar una transición de poderes tan ordenada y respetuosa como lo hizo George W. Bush con él al ocupar la mansión presidencial en 2008.

No faltan deseos de recomendar al resto del mundo el modelo de transición de poderes estadounidense una vez terminado el proceso electoral, pero sería inútil allí donde no existan las instituciones adecuadas. No todas las culturas inventaron la rueda, pero aquellas que lo hicieron obtuvieron mejores resultados.

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