ESTADOS UNIDOS NO INVADIRÁ VENEZUELA

Por, Jorge Riopedre

Stephen Jay Gould, quien fuera eminente paleontólogo de la Universidad de Harvard, sugiere que la buena ciencia debe ir acompañada de una teoría siquiera plausible, con sus correspondientes predicciones de aquello que observamos o calculamos que se pueda observar en el futuro. Fórmula eficaz en cualquier rama del saber humano, en particular las ciencias sociales y la política.

La ausencia de una teoría plausible puede que haya sembrado la confusión y la histeria en el caso de Venezuela. El despliegue político contra la llamada Cubazuela se inició con discursos inflamatorios que el público interpretó at litteram (al pie de la letra) como un próximo uso de la fuerza para derrocar a Nicolás Maduro y reconocer en su lugar a Juan Guaidó. El tiempo se encargó de confirmar que todo fue un bluff, una fanfarronada, con el fin de comprobar si la oposición interna podía y quería asumir la insurrección. Cuando se comprobó que eso no era viable cayó en descrédito el melodrama de todas las opciones sobre la mesa.

Aquellos que conocen por experiencia propia o indirecta la crueldad de los cuerpos represivos cubanos, el desprecio por la vida humana, los más oscuros designios de mentes programadas para horrores inimaginables, saben que cuando les venga en ganas ahogan toda energía disidente. Al cabo de lucha tan desigual, la mayor parte de la oposición pasa a un sufrido deambular diario por la subsistencia.

No cabe la menor duda que Estados Unidos condena y desprecia esta pandilla de canallas que enarbola ideas filosóficas socialistas o comunistas desconocidas por la mayoría de ellos, narcotraficantes y aventureros sin fe ni patria, “barbaros” como les llamaban los romanos. Entonces, ¿por qué Estados Unidos no invade?

En lugar de estar largando discursos aguerridos y predicciones azucaradas, algunos de nuestros cartógrafos políticos debían acompañar sus alocuciones con teorías plausibles que tal vez no venden votos o periódicos pero contribuyen a esclarecer lo que está ocurriendo.

Por ejemplo: Estados Unidos tiene una política de Estado, una estrategia que no varía con el cambio de gobierno. Ya sea Obama o Trump, esa política prevalece. Yo no sé si usted se ha enterado que en el caso de Cuba, el ex general y secretario de Estado, Colin Powell, muchos años atrás, dejó sentado que Washington abogaba por un “soft landing”, una transición política en la isla. Los dimes y diretes con la Embajada en La Habana no alteran la ecuación, hasta ahora.

También desconozco si usted se ha percatado de que Estados Unidos no emplea su fuerza militar a menos que su seguridad nacional se encuentre en peligro. Esto sólo ha ocurrido una vez en la región, los cohetes soviéticos en Cuba en 1962. Desde entonces todos los revoltosos de la región (léase revolucionarios) se han cuidado de no provocar al vecino bonachón que tiene malas pulgas.

A ver, repita conmigo: EE.UU no invadirá Venezuela a menos que su seguridad nacional se vea amenazada. Estados Unidos podría tomar medidas militares si descubre que la presencia de Irán en Venezuela constituye un peligro. Estados Unidos no compromete su poderío por el capricho de un gobernante. Estados Unidos está regido por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial que preservan el gobierno del pueblo y para el pueblo. Aquí no tienen espacio los caprichos.

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