ESTE MUNDO NUESTRO

Por Vicente P. Escobal

Habitamos un mundo paradójico, donde todo se confunde. Hay quienes aseguran que las gallinas paren, que los tiburones no duermen, que los cocodrilos lloran, que el calentamiento global es una enfermedad de transmisión sexual y que Fidel Castro no fue un asesino.

Casi semanalmente la prensa oficialista cubana bombardea a sus lectores con estridentes declaraciones contra el terrorismo y acusan a Estados Unidos de ser uno de sus principales promotores.

Recuerdo la Cuba anterior a 1959, concretamente el periodo que se enmarca entre 1952 y 1958: las bombas, los asaltos a los cuarteles, los muertos y los inocentes mutilados. Recuerdo el tiroteo del 13 de marzo de 1957 frente al Palacio Presidencial, las cien bombas que una noche estallaron en La Habana, el terror por las explosiones en el interior de las salas de cine, los centros nocturnos y los teatros. La huelga del  9 de abril. La explosión  en  la calle Suarez No.  222 que dejó sin energía eléctrica a la capital por más de 24 horas. Los jóvenes que murieron destrozados por una granada.

Yo fui testigo indirecto de muchos de aquellos hechos. Los cuerpos de seguridad acusaban de terroristas a los promotores de aquellas acciones a pesar de que por entonces el término no tenía tanta connotación como en los tiempos que corren. Ninguno de aquellos perpetradores se auto-reconocían como terroristas. Se proclamaban luchadores por la democracia, defensores de la Constitución de 1940, seguidores de tal o más cual celebridad. Eran revolucionarios.

Pero hoy todo ha cambiado. Los ideales de antaño se han vuelto sombríos y enrevesados. Hoy es difícil diferenciar los métodos de los «luchadores por la libertad» del de los fundamentalistas ortodoxos capaces de  hacer estallar una guardería infantil, tomar como rehenes a 200 niños, lanzarse cargados de explosivos contra un restaurante o proyectar dos aviones comerciales contra un edificio en Nueva York.

Es cierto que vivimos el fin de las ideologías. Es verdad que la lucha por el progreso, el pan, la libertad y la justicia han perdido sus principios originarios. Hoy, por ejemplo, existe una banda de narcotraficantes asesinos identificados como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que han sembrado el terror entre la población civil, toman rehenes, asesinan inocentes y no se detiene ante nada ni ante nadie. Y esa gentuza se proclama «revolucionaria».

En Cuba, durante los últimos 60 años, han fusilado a miles de ciudadanos,  enviado a la cárcel a otros cientos de miles, derribado avionetas civiles en aguas internacionales,  hundido embarcaciones repletas de personas   desarmadas,  reprimido sin escrúpulos cualquier intento de ejercer el derecho a la libertad de expresión y de asociación con fines pacíficos,  entrenado a connotados terroristas,  dado santuario a criminales reclamados por la justicia internacional,  creado un estado policial y han convertido al ciudadano en un súbdito del Estado.

¿Eso no es terrorismo? ¿Son o no son terroristas esas prácticas y esos métodos ¿Es qué, acaso, existen terroristas «buenos» y terroristas «malos», como en las películas de Hollywood? ¿Existen dictaduras «buenas» o «malas» según su signo ideológico? ¿En qué mundo vivimos, qué está pasando en este mundo nuestro?

Las dictaduras de derecha «son malas», y las de izquierda «son buenas». La «dictadura del proletariado» es «buena» porque la ejercen los proletarios. Y me pregunto: ¿contra quién es esa dictadura? Porque al final se vuelve contra los mismos proletarios y acaba por empobrecerlos y sumirlos en la más cruel tiranía.

Todos los experimentos realizados hasta ahora en nombre de «la dictadura del proletariado» terminaron adoptando la forma de campos de concentración, colectivizaciones forzosas, paredones de fusilamiento y otras «novedosas» formas de corregir las «desviaciones ideológicas «y las secuelas   del capitalismo salvaje».

¿No fue la UMAP, acaso, una expresión de ese terrorismo? ¿No han sido los cubanos devorados por los tiburones en el Estrecho de la Florida la máxima concreción de una filosofía terrorista espantosa? ¿Qué han sido las cárceles cubanas? ¿Qué se puede decir de los cientos de miles de latinoamericanos muertos o desaparecidos por las acciones de las bandas organizadas, entrenadas y armadas en Cuba? ¿Qué explicación racional se puede dar sobre el terrorismo a las madres de los cubanos inocentes fusilados en las pasadas seis décadas o a aquellas que perdieron  sus hijos en inadmisibles guerras africanas, asiáticas o latinoamericanas? ¿Cómo hablarles de «terrorismo bueno» y «terrorismo malo» a las madres de aquellos niños arrebatados de sus brazos por homicidas chorros de agua en el remolcador 13 de Marzo? ¿Qué decirles a las madres de los pilotos de Hermanos al Rescate asesinados sobre aguas internacionales? ¿Cómo convencer a los hijos de los encarcelados, los mutilados, los torturados, los desaparecidos?

¿Se imaginan ustedes a Stalin cuestionando un crimen o a Hitler demandando justicia para los asesinos de Al Qaida? ¿Se imaginan ustedes a Mussolini pidiendo clemencia para aquellos que organizan masacres y genocidios?

Generalmente las conclusiones nos dejan perplejos. Y las que se derivan de este mundo nuestro no quedan atrás. El resumen es bien sencillo. El castrismo sigue en el poder, su filosofía se mueve por el archipiélago cubano con su carga de odio y negatividad, el mandante de la cárcel grande, el capataz de la hacienda sigue en el ilegitimo poder. Eso le otorga al castrismo prerrogativa e impunidad.

¿Alguien pensó que la muerte de Fidel Castro significaría la muerte del castrismo? Pero un día llegará la justicia. Aquí…en la tierra.

Yo no quiero esperar la muerte de Raúl porque el Juicio Final y las señales que nos llegan del más allá no son muy claras.

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