¡EXILIADOS TODOS!

por Esteban Fernández

La cosa más interesante de este destierro es que cada cual tiene una historia que contar. Cada cubano bien pudiera escribir un libro sobre las vicisitudes del destierro.

Mis trabajos pasados no son más grandes que los de nadie. Todos los que salimos de allá han sufrido su parte en este proceso. Salir de Cuba, dejar atrás patria, amigos y familiares es en sí una tragedia personal de cada cubano.

Esto no es una competencia de quien llegó primero o llegó último, quien perdió más, quien sufrió más, cada cual padece lo suyo. Nadie tiene el monopolio del martirio.

Me dicen para halagarme: “Tu viniste solo y jamás volviste a ver a tus seres queridos”. Cierto, pero existen muchos casos peores. La madre de Elián González se ahogó en el mar tratando de salvar a su hijo y llevarlo a tierras de libertad. Hay quienes como mi amigo José Castaño llegó con un padre asesinado por el Che Guevara. Otros con padres cumpliendo largos años de prisión.

Otros sedientos y medios ahogados tras una larga travesía a través del mar en precarias balsas. Todos y cada uno de nosotros tenemos una larga historia de padecimientos que contar.

Dios me dio la capacidad de poder narrar mis cuitas y anécdotas, pero hay quienes callan y no expresan las suyas. Y eso tiene igual valor.

Jamás lanzo un alarde al respecto, porque sé que otros la han pasado peor que yo. Otros llegaron después de perderlo todo allá, sus propiedades, todo, yo sólo perdí a mi patria.

Todos hemos sufrido la miseria inicial, hacer trabajos arduos, fregar platos, limpiar pisos, y lo que es peor aún: hemos padecido la separación con la tierra que nos vio nacer. Todos hemos sido víctimas de una forma u otra de la crueldad de un régimen que por miles de diferentes motivos nos hizo arribar a tierras generosas pero ajenas. Todos hemos tenido que tratar de comprender un nuevo idioma…

Todos nos hemos visto en la necesidad de labrarnos una mejor vida en el extranjero tras haber sido negada esa posibilidad en tierra propia.

Llega la hora de no regatearle a nadie ni escatimarle a nadie su parcela de padecimientos, abrazarnos los buenos y combatir a los malos.

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