FARSANTES Y PESAOS

En la foto: Dos vivos ejemplos de pesaos. Edmundo García y el tiranuelo II.

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción.

Cuando queremos referirnos a alguien que no nos resulta simpático o que su forma de comportarse nos parece desagradable decimos: “que pesao es este tipo”. Y cuando describimos a una persona que aparenta lo que en realidad no es, o que trata de encubrir su auténtica personalidad o que simula sentimientos, decimos que es un farsante. Entre el pesao y el farsante se acentúa una gran diferencia. El primero es real, no finge, es pesao y punto, y hasta la propia definición puede variar de acuerdo a las circunstancias desde las que se enjuicie. Pero en el caso del segundo, es decir el farsante, la situación es diferente.

La pesadez no tiene que ser equivalente al fingimiento. No creo que nadie en su sano juicio se proponga ser un pesao. Pero el que finge, el que oculta su verdadera personalidad y sus más recónditos sentimientos, es decir el farsante, es auténtico, ya sea porque persigue un determinado propósito o porque le gusta jactarse de lo que no es o de lo que no tiene: porque trata de aparentar todo lo contrario de lo que realmente es.

El farsante puede ser el fruto de un adiestramiento destinado a insertarlo en ciertos escenarios con el propósito de que sea aceptado para luego llevar adelante sus intenciones o actuar de acuerdo a una finalidad especifica. De ahí que el farsante se esfuerce por resultar amable e imprimir a su actuación un sello de simpatía que le garantice su admisión en un determinado medio.

En Miami nos encontramos cotidianamente con toda clase de sujetos, yendo desde el más humilde hasta el más arrogante, desde el más sincero hasta el más hipócrita, desde el más pesao hasta el más farsante. ¿Quién no ha tenido que enfrentar en más de una ocasión la figura de un pesao? ¿Quién no ha sufrido ante la presencia de un farsante?  En los medios audiovisuales, por ejemplo, es en donde mejor podemos identificar ambas personalidades, básicamente en los programas que abordan temas políticos, concretamente de Cuba.

Edmundo García, por citar un arquetipo, posee ambas características: es pesao y farsante. Personalmente no he conocido nunca a un castrista que sea simpático y al mismo tiempo sincero. Todos ocultan algo, todos fingen, todos alardean de ser los portadores de la piedra filosofal y abrazar la ideología más perfecta que ojos humanos hayan visto.

Cuando el señor Edmundo García llegó a Miami a finales de la década de 1990 – según dice “por razones muy personales” –, trató de conquistar la simpatía del exilio. Sus primeros pasos dentro del periodismo fueron en WQBA 1140. Posteriormente logró atraer el interés de Univisión y lo contrataron como reportero. Tanto en WQBA como en Univisión García intentaba proyectar la imagen de un amante de la libertad y la democracia, y consecuentemente un anticastrismo militante.

Dicen quienes lo conocieron en Cuba que su señora madre, una alta funcionaria del oficialista sindicato de trabajadores de la administración pública, tuvo que ejercer varias veces su influencia política para sacarlo de los problemas en que se embarcaba por sus habituales escándalos en la vía pública producto de su hábito de ingerir en grandes cantidades diferentes licores espirituosos.

Se comenta que en una oportunidad armó una molotera de tal magnitud en la Playa de Guanabo, al este de La Habana, que fue a parar a la sede del departamento de seguridad del Estado (G2) de donde logró salir gracias a las gestiones de la progenitora de sus días. Escépticos aseguran que todo aquello fue un montaje, una pantomima diseñada por el G2 para construirle una fachada, un cambio de imagen, una nueva ficción y prepararlo para “exiliarlo”.

En Univisión “lo dejaron ir”, es decir lo echaron. Al poco tiempo América-TV le ofreció un contrato en el espacio nocturno “La cosa nostra” donde no logró mantenerse por mucho tiempo. Comprensiblemente el destino final de Edmundo García, para lo que fue entrenado, consistía en tener su propio espacio en algún medio de Miami. Y lo logró.

Se asoció con otros farsantes y pesaos, y empezó a mover las tardes a través de Radio Miami (1210 AM), bajo los auspicios de empresas radicadas en esta ciudad y de un incuestionable compromiso con el castro-chavismo.

¿Le ha ido bien a Edmundo García? Si, le ha ido bien. Vive en Coral Gables, engulle tres comidas al día, maneja un auto aceptable, viaja a Cuba frecuentemente en calidad de turista y no como un cubano real, no ha tenido graves problemas con las autoridades estadounidenses y tiene a su disposición el lujoso y confortable Coral Gables Hospital donde recibe atención medica de primera calidad.

Entre los guiones preparados para Edmundo García por el G2 cubano figura uno que es el de su predilección y que consiste en identificar a Miami como la madriguera donde se mueven libremente terroristas de la peor calaña.

Si fuese cierto que en esta ciudad el terrorismo actúa impunemente, que los terroristas deciden quien debe morir y seleccionan a sus objetivos basados en antipatías o desavenencias ideológicas, si fuesen ciertas todas esas patrañas trazadas por el G2 y amplificadas por Edmundo García y sus acólitos es de suponer, entonces, que su vida está en peligro. Pero este señor se mueve libremente, asiste a su programa de radio, visita a sus amigos y estos lo visitan a él y cena fuera de casa, entre otras actividades al aire libre.

¿Quién lo protege? ¿Quién lo resguarda de esos temibles terroristas? ¿El FBI, Homeland Security, Miami-Dade Police Department? ¿Un poderoso talismán? ¿Agentes encubiertos del G2?

Le ha ido bien, muy bien, al señor Edmundo García.

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