FUENTES DEL FBI PULVERIZAN LA “TRAMA RUSA”: ¿QUIÉN MATÓ A SETH RICH?

El empleado del Comité Nacional Demócrata (DNC) Seth Rich fue la fuente de los célebres correos filtrados a WikiLeaks.

Por Carlos Esteban-La Gaceta – Madrid

La cadena norteamericana Fox ha hecho pública una información que confirma oficialmente una vieja sospecha, alegando fuentes anónimas del FBI: el empleado del Comité Nacional Demócrata (DNC) Seth Rich fue la fuente de los célebres correos filtrados a WikiLeaks y casi universalmente atribuidos a ‘los rusos’. Pero, antes, un poco de historia de la ‘trama rusa’ que lleva meses copando el espacio informativo.

El diario de referencia español, El País, lo llama ‘Rusiagate’ en su primera y anuncia que Donald Trump está “cercado” por el escándalo, reflejo de unos medios de prestigio norteamericanos -televisiones y periódicos- que dedican a la denominada ‘trama rusa’ una parte desproporcionada de su tiempo en antena o espacio en papel. El asunto ha llevado al nombramiento de un fiscal especial, Robert Mueller, para que lo investigue; se supone que ha provocado el cese del director del FBI, James Comey, de quien se ha filtrado que recibió la orden de Trump de detener su propia investigación en la cuestión; ha servido como excusa al Departamento de Justicia para legitimar las escuchas secretas del equipo de campaña del entonces candidato republicano, y los demócratas (y no pocos republicanos) quieren convertirlo en base para una destitución parlamentaria del presidente que ya estaría en preparación.

Pero, ¿en qué consistió específicamente esa ‘injerencia rusa’ en las elecciones norteamericanas? ¿Alguien lo sabe?

Sabemos lo que no es. Sabemos, está probado, que no hubo posible alteración cibernética del voto. Eso fue lo primero que descartaron unánimemente todas las agencias de inteligencia y todos los investigadores del caso, y confirmaron los recuentos en tres estados solicitados por la candidata ‘verde’ Jill Stein.

También sabemos que no se limita a la preferencia apenas velada del Kremlin por el candidato republicano, no porque no haya existido, sino porque no sería ilegal en absoluto. Arabia Saudí, sin ir más lejos, proporcionó una parte más que significativa de los fondos de campaña de la candidata Clinton sin que nadie lo considerase digno de investigación. Y aún estamos en la resaca de unas presidenciales francesas en las que líderes de todo el mundo han expresado su apoyo entusiasta a Emmanuel Macron en vísperas del voto.

Queda solo la célebre filtración de los correos de altos cargos del Comité Nacional Demócrata en los que se sugería que el aparato del partido hizo trampas en las primarias demócratas para que no ganara Bernie Sanders, además de cuestiones menores que no dejaban a los colaboradores de Hillary en buen lugar. La revelación llevó entonces a la dimisión de la presidente del DNC, Debbie Wasserman. ( foto de la izquierda)

La filtración corrió a cargo del célebre consorcio de ‘hackers’ liderado por Julian Assange, WikiLeaks, en su día jaleados como héroes de la libertad de información cuando revelaba trapos sucios de la Administración Bush por los mismos que ahora les equiparan a terroristas. Y en seguida se convirtió en consigna oficial en los medios que habían sido ‘hackers’ rusos a las órdenes de Putin quienes habían penetrado en los servidores del DNC para luego pasarle el botín a Assange y que lo colgara en la red.

Rusia negó todo, y desde entonces su administración altera irritado hartazgo con burlona ironía cada vez que se ve obligada a repetir el desmentido. Assange también negó que fueran los rusos, más: insistía en que ni siquiera había sido ‘hackeo’, sino que habían contado con la colaboración de un ‘topo’ en el propio DNC, por otra parte el método usual de WikiLeaks, como puede testificar el teniente Bradley Manning, encarcelado por ello. Pero, claro, ¿qué iban a decir los acusados?

Pero seguía sin haber pruebas, la investigación del FBI no llegaba a ninguna parte y, entre tanto, WikiLeaks filtraba ‘Vault 7’, una mirada de documentos de la CIA en los que, entre otras muchas cosas, demostraba que la agencia de espionaje cuenta con herramientas informáticas que disfrazan las intrusiones ilegítimas en sistemas protegidos de modo que parezcan proceder de potencias extranjeras. Mal asunto.

Pero daba igual, bastaban las sospechas. Los demócratas basaron todo su movimiento ‘Resist 45’ en esas sospechas, en la creencia de que Trump se había confabulado con la inteligencia rusa para torpedear la campaña de su rival con el robo de los correos de sus colaboradores. Y así llevamos meses, desde antes de que Trump tomase posesión de su cargo, con ‘revelación sensacional’ tras ‘exclusiva escandalosa’ que presiden las portadas y abren los telediarios y en seguida quedan en agua de borrajas. Hasta ahora.

Porque ahora están surgiendo nuevas pruebas que pulverizan la teoría de la conspiración que tan diligente y machaconamente ha trabado la prensa. Según el citado reportaje de Fox News, fue el empleado del DNC Seth Rich quien pasó a WikiLeaks 44.000 correos electrónicos de sus jefes. Lo siento, no hay rusos.

Según la Fox, a través de fuentes anónimas del FBI, Rich tomó contacto con WikiLeaks a través de Gavin MacFadyen, periodista investigación y director de WikiLeaks que vivía entonces en Londres. Los investigadores habrían encontrado en el ordenador del experto en sistemas informáticos los correos y 17.761 archivos adjuntos intercambiados entre los responsables de la campaña demócrata de enero de 2015 a mayo de 2016 que Rich compartió con WikiLeaks.

“He visto y leído los correos entre Seth Rich y Wikileaks”, aseguró a Fox News el investigador federal, confirmando la conexión MacFadyen connection y señalando que los correos están en posesión del FBI.

¿Y qué dice el joven Rich a todo esto? Nada, porque está muerto. Y aquí es donde la trama se pone truculenta. Seth Rich fue asesinado de dos tiros en la espalda en las calles de Washington de madrugada, cuando volvía de tomar unas copas a su casa. La policía concluyó que se trataba de un atraco, aunque el supuesto ladrón dejó su cartera intacta y ni siquiera se llevó su móvil.

De hecho, esa es la investigación del FBI que, ante la curiosa incuria de la policía estatal, ha servido de base para la información de la Fox.

Las nuevas revelaciones vienen a confirmar los hallazgos de Rod Wheeler, ex investigador de homicidios y colaborador de Fox News contratado por la familia de Rich. “Estoy convencido de que la respuesta a la pregunta de quién mató a Seth Rich descansa en el disco duro de su ordenador que ahora está en un estante de la policía de Washington o de la sede del FBI”.

Esta semana, la cuenta verificada en Twitter de la embajada rusa en Londres publicaba en la red social: “El informador de #WikiLeaks asesinado en Estados Unidos, pero los medios están demasiado ocupados acusando a los ‘hackers’ rusos para darse por enterados”.

En el mejor de los casos, es asombrosa la falta de curiosidad de los medios ante un caso tan desconcertante, al que no dedican ni un minuto ni una línea. Mientras, la pregunta es: ¿quién mató a Seth Rich?

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