GUÍA PARA SER BUENO SIN SER IDIOTA

por Esteban Fernández

Lo primero es dar las gracias contantemente, y agradecer todo gesto en nuestro favor. “Muchas gracias” son posiblemente las dos palabras más bonitas en todos los idiomas. Sonreír nos abre muchas puertas.

No es un defecto el desear -sin pedirlo- que siempre nos den las gracias por cada gesto bonito de nuestra parte. Hasta cuando le cedemos el paso a otro chofer esperamos que levante la mano en gesto de agradecimiento.

Desde que nos levantamos debemos darle las gracias Dios por otro día de vida. Pedir las cosas “Por favor” nos ayuda mucho.

La crianza de los hijos debe basarse en dos expresiones: “Estoy orgulloso de ti” o “Si haces eso me decepcionarías”.

Ser caballeroso con las damas, abrirles las puertas, halagarlas y respetarlas. Los piropos jamás deben ser otorgados salpicados de faltas de respeto.  

Hablar con desconocidos, pero siempre poniendo entre ellos y nosotros una línea roja invisible que no deben pasar. Al primer pequeño atrevimiento darles las espaldas y abandonar la conversación. No faltarle el respeto a nadie ni permitir que nos lo falten a nosotros ni a nuestros seres queridos.

Evitar pedir demasiados favores y hacerlos indiscriminadamente nos puede meter en tremendos líos.

Considerar como una realidad que todo en exceso hace daño.  Simplemente no permitir nunca que la bebida y las drogas logren que en determinados momentos nuestras mentes no estén completamente claras.

No darnos lija, no por modestia sino porque la persona que se da importancia le cae mal al resto de los seres humanos. Aceptar sin problemas cualquier error cometido, y pedir disculpas. No ser fanático, con la única excepción de ser anticastrista furibundo.  

Evitar completamente la depresión, el buen sentido del humor nos puede mantener contentos hasta en los momentos más difíciles.

Tratar de lograr que seamos mejores escuchando que hablando, y entender que no existe ninguna pregunta indiscreta que lo indiscreto pueden ser las respuestas.

Ahorrar es bueno siempre y cuando uno no se cohíba de las cosas que nos gustan, de la comida que nos encanta por muy cara que sea y de la educación de los hijos.

Ser amigos de nuestros amigos, enemigo de nuestros enemigos, y estar conscientes de que el amigo de nuestro enemigo casi siempre termina siendo nuestro enemigo.

Ser noble, dadivoso, agradecido, cariñoso, y no permitir que ninguna de esas cualidades nos impida mandar para casa del carajo a todo aquel que lo merezca.

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