HABANA, ¡OH! HAVANA

El autor del artículo se fotografió en el malecón durante el viaje que narra

Por: Licenciado Frank Braña Fernández 

Hace solo unos días viajé a Cuba, iba en busca del tesoro mayor de cualquier ser humano, abrazar y dar amor a mi diamante era mi anhelo; pero luego de dos años en la distancia eran muchas las dudas y aunque mi viaje era solo del conocimiento de muy pocas personas, no dejaba de ser arriesgado.

Pensando recordé textualmente las líneas iniciales de un libro de Jorge Ricardo Masetti releído en mis años mozos, ´´Los que luchan y los que lloran´´;… Bajé del avión y no pude evitar sentirme turbado por el calor pegajoso y refulgente y por la emoción nerviosa del debut en el peligro.

Desde que la camarera había anunciado “Aeropuerto Rancho Boyeros. Habana”, no había dejado de pensar cómo sería ese temido tamiz de viajeros sospechosos, cómo actuaría la policía –que me imaginaba con cara de policía-, y qué pasaría con mis pobres excusas de turista casi sin equipaje…; pareciera como si el tiempo no hubiera transcurrido desde que se escribiera.

Los hombres son soñadores, la revolución ha estado en el centro de la vida de cualquier cubano sea a favor, en contra o imparcial; no existe por idiosincrasia quien no haya aportado de alguna manera para que su patria sea mejor pero el desencanto y desilusión hoy toca las puertas de la mayoría.

La otrora emblemática Terminal Internacional te recibe en un sótano semi oscuro, sin clima y con baños pestilentes que semejan más un centro penitenciario que una puerta internacional. En un país donde según fuentes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) anunciaron que el salario promedio mensual es de 584 pesos en 2014, es decir 23 dólares, salir o llegar al aeropuerto te vale 25 cuc; sumándole el maltrato de las autoridades sanitarias, migratorias y aduanales; en ese instante comienzas a pensar.

Las calles de la vieja Habana llenas de escombros, basura en las esquinas, edificios semidestruidos y otros hacinados muestran la decadencia de un sistema del que no escapa ni la emblemática ceiba de El Templete; la doble o real triple moneda apuñalan al viajero y al ciudadano de a pie, lo mismo circula el peso, el cuc de manera oficial o el dólar solapadamente y por mucho que se intente lo contrario puede cualquiera de los dos últimos valer 23, 24 o 25 según el receptor. Una ciudad donde no hay límite entre lo que se puede hacer dentro de la legalidad se ha dejado ganar por un pujante comercio privado ya imposible de ahogar y por un ansia de sobrevivir y ganar en el día un billete con el que regresar a casa; tácitamente con dinero lo puedes todo, hasta lo impensable.

Como un castigo que marca diferencia a los que reniegan del concepto de propietario y sus derechos, solo te sientes un cliente en los negocios privados. Pistas de combustibles sin el oro negro y sus derivados, avenidas fáciles de cruzar, ajustes en el uso de la electricidad terminan de dibujar el panorama.

Ese cubano, sin perder la hospitalidad, alegría y carisma de siempre hoy camina preocupado ante tanta incertidumbre del futuro, entre ellas la anunciada unificación monetaria.

Se me acabaron las 72 horas que el destino me regaló y permeado del viento único del malecón con las salpicaduras del mar volví a partir; mientras la aeronave levantaba pista me percaté que unas lágrimas corrían, dejaba nuevamente mi bien más preciado y el dolor me embargaba de ver tanta desdicha. Si de algo estaba convencido era de la necesidad del cambio. Algo en mi interior me avisaba que ya había comenzado, era viernes 25 de noviembre.

2 comentario sobre “HABANA, ¡OH! HAVANA

  1. Que motiva ese viaje. ??

  2. ¿basuras en las calles, fachadas roidas por el tiempo, edificios apuntalados? Eso no lo debe haber sorprendido con solo dos años de aucencia, porque Cuba está así hace mucho, pero muchos años.

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