HABLANDO SICOLÓGICAMENTE

por Esteban Fernández

Esta no es una clase de psicología, yo no soy sicólogo ni la cabeza de un guanajo. Nadie más alejado de Sigmund Freud que yo. Simplemente soy un buen observador y un enamorado de las reacciones humanas.

Comenzamos a trabajar a las ocho de la mañana. Olvidamos poner el despertador, nos despertamos a las siete y media. Como un volador nos vestimos. Nos montamos en el carro y salimos disparados.

¿Qué pasa entonces? Que la calle por la cual conducimos diariamente hoy -porque consideramos que estamos tarde- está congestionada de vehículos que van a cinco millas por hora, mientras no hay un solo semáforo que encontremos con la luz verde.

Al contrario: compramos un periódico porque hay una nota muy interesante    que queremos leer. Nos montamos en el carro, vamos por la misma calle y nos decimos: “En la próxima luz roja leo ese comentario de Los Ángeles Times, pero de eso nada, todos los carros van como unos bólidos, no podemos cambiarnos de línea para parquearnos unos segundos y poder leer, y no nos topamos ¡ni con una sola luz roja para poder parar y darle un vistazo al comentario por unos instantes!

Todos los estudiosos de sicología y del comportamiento humano deben enterarse de la frase de Napoleón cuando dijo: “Hoy ayúdenme a vestir DESPACIO porque estoy apurado” Y cuando sus subalternos y guatacas le dijeron: “Apreciado Napoleón, por favor siéntese a la cabecera de la mesa” Y él contestó: “Oh, no, dondequiera que yo me siente esa es la cabecera de la mesa”.

Vamos a la consulta del médico, ya de antemano sabemos que tendremos que dedicar horas para ser atendido por el galeno, nos sentamos en la sala de recepción y efectivamente la espera es larga y aburrida.

Sin embargo, llegamos, nos sentamos al lado de una bella señora, ella comienza a hablarnos y hasta nos parece que nos está coqueteando. De lo más contentos estamos felices porque sabemos que tendremos tiempo hasta de fajarle. De eso nada, inmediatamente, a los 10 minutos, la enfermera dice: “Pase señor Fernández, el doctor lo atenderá inmediatamente” y nos rompe el paso doble.

¿Es idea mía o cuando estamos solos en alma, como perros callejeros, ninguna mujer nos hace caso, pero cuando ligamos una, entonces nos sobran las oportunidades y los ofrecimientos?”

¿No es una regla de la sicología que “dinero atrae dinero”? Todos los bancos del mundo quieren darle dinero y préstamos cuando uno está rico, pero cuando esta pobre no quieren ni entremos en la institución bancaria?

Y nada yo disfruto más en la vida que poner en práctica la “sicología a la inversa”: Si quiero que mi nieto se coma algo sólo tengo que decirle: “Oye, no vayas a tocar esa fruta” y antes de cinco minutos ya se disparó un mamey que antes decía que no le gustaba.

Y al cubano para sacarle información solo hay que decirle: “Mi socio la verdad que TU NO ESTAS EN NADA” y ahí usted verá que “Está en todo y se las sabe de todas todas”, o “Chico, no fastidies que tú nada más que has estado 20 años con la misma mujer” y ahí lo escuchará hacer alardes de 20 queridas y cien mil novias.

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