HUNGRÍA Y AMÉRICA LATINA, UN ANTES Y UN DESPUÉS DEL COMUNISMO SOVIÉTICO (PARTE I)

Por Frank Braña Fernández- Libertad y Pensamiento

GANADOR ABSOLUTO II CONCURSO CULTURAL HUNGRIA – AMERICA LATINA (2018)

La Republica parlamentaria de Hungría se sitúa en una estratégica región de Europa Central; sin salida al mar, Budapest su capital ha sido testigo y participe de la historia pasada y presente del viejo continente. Desde las riberas del Danubio aun San Esteban el rey fundador del Estado vela por la concordia y la paz.

Como país que avanza al desarrollo y la integración regional ha venido dando pasos discretos pero seguros  en función de la modernidad así como la inclusión y libertad de sus ciudadanos en el actual mundo multipolar. En abril de 1999 comienza como miembro pleno de la OTAN y se incorpora a la Unión Europea en el 2004, aunque no es hasta finales del año 2007 que firma el Tratado de Schengen comprometiéndose a suprimir los controles de seguridad en sus pasos fronterizos, asegurando el régimen de libre circulación para los ciudadanos húngaros.

La impresionante, Budapest se convirtió en Patrimonio de la Humanidad en 1987 mientras en el año 2002 se amplió la declaración a las riberas del Danubio y a otras zonas de la ciudad, reconocimiento de la UNESCO a la conservación, la historia y perseverancia del pueblo húngaro.

Miembro de la Organización de Naciones Unidas desde diciembre de 1955, actualmente pertenece a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Banco Mundial entre otros organismos y mecanismos de integración.

La historia contemporánea de la nación y sus relaciones con el mundo y especial con América Latina está marcada por un antes y un después de la ocupación e influencia soviética.

LA BOTA ROJA 1945-1991

La libertad está definida como la facultad o capacidad del ser humano de actuar según sus valores, criterios, razón y voluntad; siendo así mismo la condición de un individuo, grupo social o país que no está en condición de prisionero, coaccionado o sometido a lo que le ordene otra persona. Los imperios siempre lo han sido más allá de su ideología aun cuando manejan un sistema propagandístico capaz de manipular a la opinión pública casi a la perfección y la Unión Soviética no fue la excepción.

En la etapa final de la Segunda Guerra Mundial en la misma medida que las tropas alemanas de Adolf Hitler se retiraban en el Este de cada zona ocupada debido al movimiento nacionalista de resistencia sumado al indiscutible avance del Ejército Rojo, fue cambiando el mapa político económico de Europa pues las botas fascistas fueron sustituidas por las botas rojas de las tropas comunistas; un imperio moría y otro nacía; para los pueblos comenzaba un periodo de ocupación con un mayor complemento doctrinario pero con la misma esencia de dominación. Etapa neocolonial hasta 1991 poco antes de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Hungría no fue diferente al resto de Europa, luego de la derrota del nazismo fue ocupada por las tropas estalinistas que aseguraron un gobierno de posguerra que fuera afín a sus intereses y estuviera dominado por el comunismo. En un intento por buscar su propio destino el pueblo en las elecciones parlamentarias celebradas a finales de 1945 dio la victoria al Partido Independiente Cívico de los Pequeños Propietarios y de los Trabajadores Agrarios (FKgP) de carácter liberal con más de 50% de los votos mientras comunistas y socialistas juntos no pasaban del 35%; pero el mariscal Kliment Voroshílov, que luego sería presidente del Presídium del Soviet Supremo o Jefe de Estado de la URSS; había recibido la misión de Stalin de establecer un gobierno socialista y acuchillando a la democracia logro en 1947 la instauración de un gobierno comunista, liderado por el Partido de los Trabajadores Húngaros, Mátyás Rákos como máximo líder.

En agosto del 49 se proclamó la República Popular de Hungría y se aseguró mediante el Tratado de Asistencia Mutua la presencia militar soviética en el país y el control político y económico. Ese propio año ingreso al mecanismo económico del campo socialista dominado por la Unión Soviética denominado Consejo de Asistencia Económica Mutua (CAME); del que formó parte hasta 1991; empezaba su historia como parte importante  del Bloque del Este.

No obstante en el caso húngaro se puede hablar de resistencia y dos periodos históricos con diferencias que demuestran el espíritu de lucha de su pueblo; el periodo estalinista, entre 1949 y 1956, caracterizado por la ocupación militar, el adoctrinamiento ideológico, las regulaciones migratorias, los campos de trabajo forzado, la deserción y el exilio para los que se oponían al sistema, al tiempo que la construcción y desarrollo de la infraestructura, escuelas, hospitales, viviendas para los damnificados de la guerra; el periodo Kadarista hasta 1989 donde el comunismo fue más dócil y se permitía cierta  oposición ideológica siempre que no fuera en público ni hiciera peligrar el sistema.

Durante la época en que el mundo estuvo dividido en dos sistemas totalmente opuestos, los países del área de influencia soviética estuvieron obligados a cumplir normas dictadas desde Moscú en lo social, político, militar y económico.

En lo económico la conducción comunista del estado aposto por la industrialización rápida para lograr una economía autosuficiente, llevando el peso las empresas nacionales o cooperativas y granjas estatales y aunque a partir de 1968 se implanto en la economía el Nuevo Mecanismo Económico convirtiendo a su sistema en una de las economías más liberales y económicamente avanzadas del antiguo Bloque, la agricultura y la industria sufrieron carencia de inversión y aumento extraordinariamente la deuda externa. Como miembro del CAME el 65 % del comercio era con este.

Con América Latina el reinicio de las relaciones comerciales luego de la Segunda Guerra Mundial comienza en los años 1947-1948 con Argentina; sin embargo no es hasta el período de 1950 a 1955 que se puede afirmar que hay comercio y cooperación económica con la región, Hungría en esa fecha vendió por valor de  25 millones de dólares y compro por un total de 17 millones de dólares. La década del 60 fue caracterizada por la contracción de las exportaciones húngaras y la pérdida de posiciones en los mercados latinoamericanos; mientras en la década posterior de los años 70 se reanimo la cooperación pero a partir de importaciones húngaros, lo que indiscutiblemente no era un elemento del todo favorable para su economía debido al desbalance comercial.

Al compararse el ritmo de crecimiento de la economía mundial y la propia economía húngara se aprecia un deterioro comercial marcado en las relaciones entre Hungría y América Latina. En los años anteriores a la segunda Guerra Mundial y  el intercambio comercial arrojaba un significativo saldo positivo; las tendencias  de la evolución de las exportaciones e importaciones fueron marcándose en una escala negativa y terminaron generando un creciente déficit de carácter  estructural para Hungría en el comercio con los países latinoamericanos. En el año 1976 las ventas húngaras no alcanzaron ni a igualar la quinta parte del valor de las compras en Latinoamérica. Si nos referimos al desequilibrio comercial como caso extremo se encuentra Brasil donde las importaciones cubiertas con las exportaciones no llego alcanzar el 5%.

La nueva Hungría que estaba en el radio de influencia soviético entro al mercado de América Latina con los materiales rodantes ferroviarios por Argentina entre 1948 y 1963, cuando esta  adquirió 370 unidades de trenes motores; luego  en 1973 se vendieron a  Brasil 12 Trenes motores de 3 unidades y en 1974, a Uruguay, 15. La Industria húngara de autobuses, hizo su primera aparición en los mercados latinoamericanos  en 1973, Año en que 50 Autobuses articulados fueron colocados en el  Perú, y posteriormente, en 1975, 600 Autobuses vendidos a Venezuela.

Las exportaciones húngaras dirigidas a América Latina en esta época demuestran la concentración en determinados países prevaleciendo un marcado interés geopolítico pero decidido a favor de los intereses de la URSS; los de mayor peso en las exportaciones húngaras fueron en  1950, con un 94% (Argentina Peronista); en 1960′, un 55% (Argentina); en 1970, con un 44% (Brasil); en 1976, un 62% (Cuba Comunista).Su mayor vínculo con América Latina estaba con otro miembro de la entidad, Cuba, con el que se relacionaba en las telecomunicaciones y el transporte pero solo dentro del escaso 12,4% que mantenía este último país con los miembros del bloque socialista, excepto la URSS. Los países socialistas brindaron a Cuba recursos financieros adicionales, mediante el pago de precios preferenciales para sus principales productos de exportación con el objetivo de mantener invariable la relación de términos de  intercambio, pero esto perjudicaba el intercambio justo y tan necesario para la economía húngara. Con otros miembros de la comunidad latinoamericana era nulo o solo de intensiones el intercambio comercial  y pocos resultados ya que América Latina se inclinaba más al liderazgo norteamericano-occidental que al soviético-oriental asi como a un mercado libre y de oferta.

En lo militar la relación con América Latina igualmente tenía su mayor y casi único exponente en la Cuba comunista que aunque no era miembro efectivo del Pacto de Varsovia, lo era de facto y servía como punta de lanza al bloque liderado por la Unión Soviética. Participaba en intercambios entre fuerzas armadas y como observadores en maniobras realizadas en la isla.

En el ámbito social  luego de marcarse los dos bloques antagónicos ideológicamente, los temas que comenzaron a cobrar importancia fueron siempre en torno a ello y Hungría estaba aunque con sus características propias en el eje de acción socialista por lo que  en las relaciones con América Latina se fueron acentuado cuestiones del movimiento obrero y del movimiento comunista al tiempo que se criticaba al capitalismo en todas sus manifestaciones y al llamado imperialismo yanqui por sus influencia latinoamericana; se priorizo la edición de libros y los boletines de autores latinoamericanos, se tradujeron sus obras y se logró mayor conexión, pero no a los gobiernos sino a los diferentes movimientos progresistas de la época. En Hungría comenzó el interés por el idioma español.

En las relaciones de la época aun cuando la  Guerra fría resulto desfavorable para un mayor intercambio y cooperación excepto Cuba y Nicaragua en su momento luego de la Revolución Sandinista y la doctrina soviética hacia sus neocolonias era clara y estricta; se puede señalar como positivo que muchos libros de autores latinoamericanos fueron traducidos al húngaro y varios autores comenzaron a intercambiar con este pueblo, como fueron Guillén, Neruda, Icaza, Teitelboim, Amado, Varela, Rubén Darío; mientras en América Latina en 1965 dos escritores hispanoamericanos, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el chileno Pablo Neruda realizan un viaje a Hungría y como resultado de esta visita nace el libro titulado Comiendo en Hungría, el escritor argentino Jorge Luis Borges dedica un poema a Sándor Petőfi en su libro El oro de los tigres en 1972, en México en 1973 se publica Poemas de Petőfi Sándor, escritores cubanos y húngaros publican en 1973 un volumen con 43 traducciones nuevas que recoge el ciclo de Cantos magiares de Diego Vicente Tejera, dos ensayos de Salvador Bueno y las notas de los traductores.

Académicamente se comenzaron a realizar  viajes de estudio y de becas principalmente a Cuba lo que significó que América Latina había sido visualizada dentro del marxismo  y  de las disciplinas científico-sociales.

Negativamente se manifiesta que los historiadores y académicos húngaros dentro de los años de la guerra fría no podían crear contactos con sus pares de América excepto con los de la misma línea de pensamiento ideológico; Hungría perdió protagonismo en la región y cedió un espacio natural que había ganado antes de la segunda guerra Mundial. (Continuará)

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