¿IDIOTAS AMERICANOS? A GRANEL

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HUGOBYRNEPor Hugo J. Byrne

En 1996  Carlos A. Montaner, Plinio A. Mendoza y Álvaro Vargas Llosa cooperaron escribiendo un clásico estudio sociológico sobre Iberoamérica, que titularan “Manual del perfecto idiota Latinoamericano”. Recuerdo muy bien la gran roncha que esa obra provocó en los círculos llamados “intelectuales” de la izquierda radical, española e hispanoamericana. Dos años después, los mismos autores publicaron “Fabricantes de miseria”, sobre el mismo tema y la misma gente, un adecuado colofón al “Perfecto Idiota”. Aunque cuidado, que apreciar esas dos obras no implica mi identificación política o ideológica con los autores.

Sin embargo, la idiotez perfecta y hasta pluscuamperfecta se cría en todas partes del universo. Iberoamérica no es el único cubil de idiotas políticos. En la hasta hoy tierra de libres y hogar de bravos, aquí, en los Estados Unidos de Norteamérica, también estamos cundidos de ignorantes. Estados Unidos tiene más bibliotecas que ninguna otra nación en la faz de la tierra, pero, ¿cuánta gente lee?

De acuerdo a un muy respetado sondeo de opinión pública, más del 46% de los probables votantes americanos encuestados están listos a votar por un candidato socialista. Estoy seguro que el  99% entre ellos conoce menos de socialismo que de la copulación de las hormigas. Como si eso fuera poco, el 32% de ese mismo grupo de votantes cree que el ex presidente George W. Bush aniquiló más seres humanos que Stalin. Recordemos que todas estas personas tienen perfecto derecho al voto. No es de extrañar que no podamos hacernos respetar por el resto del mundo.

Para aclarar ese punto digamos que en los anales de genocidio no es Stalin quien se lleva la palma, sino su imitador Mao, con más de 65 millones de víctimas. Para establecer una comparación adecuada, esa cifra es similar al total de población de Italia, el tercer país más populoso de Europa Occidental, después de Alemania y Francia.

Creo que Aristóteles fue quien comparara la ignorancia a un vicio (puedo estar equivocado, que la historia es mi fuerte pero no la historia de la filosofía). Yo agregaría que los más viciosos entre los ignorantes, son aquellos que ignoran que lo son. Y de ellos, repito, decenas de millones están en Estados Unidos.

No son sólo los nativos americanos: muchos lectores de origen hispano no se quedan atrás en ignorancia. Recientemente un “coletillero” de los que ofrece su opinión como si fuese el Evangelio, afirmó comentando negativamente un artículo mío en uno de los medios que lo publican, que los congresistas siempre culpaban a Obama por todo. Evidentemente este señor no está al día, no lee mucho, o no es capaz de asimilar lo que lee.

Claro está que todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, por absurda que esta sea. Si la ignorancia fuera delito las cárceles no se darían abasto. En una democracia los aciertos pueden ser individuales, pero los fracasos son siempre colectivos.

La culpa de nuestros presentes problemas es de Obama, pero sólo por carambola. Quienes lo eligieran en el 2008 y lo reeligieran en 2012 son los reales culpables. Si la primera vez tenían (quizás) la justificación de la ignorancia, ¿Cuál sería su excusa en el 2012? ¿Tiene “chiste” elegir presidente a un charlatán desconocido, sólo por su raza? ¿Tiene sentido elegir una presidenta (como aseguran que va a ocurrir) aunque la misma carezca totalmente de ética y vergüenza? Quien me quiera acusar de racista o misógino, puede hacerlo. Probarlo sería misión imposible.

Mi crítico afirmó que el bombazo del Edificio Federal Alfred P. Murrah de Oklahoma City en el mes de abril de 1995 fue cometido por Timothy McVeigh por su única cuenta y riesgo. Que cometió sus actos terroristas sin ayuda ni influencias, excepto que se trataba de un “redneck” y que ello demuestra lo contrario de lo escribí en el artículo de marras.

En sus asesinatos McVeigh tuvo por lo menos tres cómplices: uno de apellido Nichols que participó junto a McVeigh en la preparación de los explosivos y una pareja de apellido Fortier (Michael y Lori). Los cuatro eran radicales y simpatizantes de los movimientos de “milicia”. Los cuatro eran fanáticamente partidarios de los llamados “Branch Davidian” quienes murieron carbonizados en Waco, Texas, en 1993. McVeigh fue ejecutado. Nichols sirve cadena perpetua. Michael Fortier fue condenado a 12 años de prisión y Lori Fortier obtuvo inmunidad al servir de testigo contra McVeigh y Nichols.

Realmente no necesitaba probar este punto, pues describí con claridad meridiana desde el primer párrafo de ese artículo que me refería solamente a los atentados recientes. La tergiversación con frecuencia refleja ignorancia, no mala fe: no soy maestro de lectura en nivel de enseñanza primaria, pero cuando se “diluye la decisión del congreso” nadie en el idioma castellano se refiere al congreso, sino a su decisión (cualquiera que ella sea).

Al presente, al Presidente Obama le importa un bledo si el congreso decide a favor de su criterio o no.  El destino final de la legislación sobre la responsabilidad legal del Reino absoluto de Arabia Saudita en el ataque del once de septiembre del 2001 todavía puede depender de la decisión de tribunales presididos por jueces que no crean en la integridad de la constitución, tales como Stephen Breyer o Ruth Bader Ginsburg. Quienes duden de ello deben referirse a sus respectivas declaraciones sobre las dos primeras enmiendas del “Bill of Rights”. Si como indican las encuestas es electa la señora Clinton, los nuevos jueces federales serán aún peores que esos.

Por último, todo cuanto sostengo lo suscribo siempre usando nombre y apellido para que nadie pueda llamarse a engaño. Y no tengo la menor intención de continuar aclarando un tema tan simple y diáfano como ese.

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