JAMA Y QUINCALLERÍA

por Esteban Fernández

Ustedes saben perfectamente bien -y están de acuerdo conmigo- en que la libertad total de Cuba solo viene a través de las armas, la metralla, las bombas, la guerra justa y necesaria y un bloqueo total y absoluto donde no entre ni salga un alfiler.

Sin embargo, eso luce completamente imposible en nuestra patria, y la situación en Cuba es tan caótica, el desespero por las cosas materiales es tan enorme que aquello posiblemente se caiga más fácil tirando bisté de palomilla que lanzando bombas.

Si a una manifestación de cubanos en la Plaza Cívica usted comienza tirotear a los asistentes hay varios muertos y heridos y los cubanos en su inmensa mayoría condenaría lo que la tiranía exhibiría y anunciaría como una agresión de los enemigos del pueblo cubano.

Pero, si usted lograra en una avioneta pasar por La Habana lanzado paquetes de café La Llave el corre corre sería vigueta, el pueblo agradecería extraordinariamente el gesto, y si la tiranía derriba la avioneta todo el mundo rechazaría el abominable crimen cometido.

Si usted comienza a enviarle por correo balas y C4 indiscriminadamente todos y cada uno de los cubanos, irían al Comité o a la jefatura de la policía a entregar y denunciar el material bélico recibido.

Pero, si usted comienza a enviarles a los compatriotas cinco dólares, cuchillitas de afeitar, vitaminas y usted se pone como remitente, el pueblo de Cuba lo aclamaría como héroe nacional.

Y si los esbirros de la tiranía incautan la mercancía y la quincallería enviada todo el mundo protestaría violentamente.

En mi época reclamábamos libertad y soberanía, hoy la gente lo que lucha y quiere es resolver sus necesidades más perentorias.

Si nos paramos en una calle habanera a repartir rifles para derrocar aquello, nadie se presentaría, solamente los gendarmes del régimen para arrestarlo y llevarlo directamente al Combinado o a Cien y Aldabó.

Ah, para si se para en esa misma esquina a regalar papeles higiénicos y Kotex hasta las madres de los esbirros se presentan a recogerlos.

Miles de veces mejor mis compatriotas recibirían un ataque comando a un Diplotienda o a un Paladar, tomarlos y repartir productos vedados a los cubanos, o atacar al CIMEQ y repartir medicinas al pueblo, que atacar a La Coronela intentando ajusticiar a Raúl.

Viva convencido que si en mi pueblo dicen “Llegó Estebita por la Playa del Rosario con cuatro contrarrevolucionarios con ametralladoras salen cientos de milicianos y hasta coterráneos vestidos de civiles a comerme vivo.

Si dicen: “Oye, llegó Estebita en taxi cargado de vituallas”, hasta el teniente Elio Guevara -aquel que quería fusilarme en el parque- se me acerca corriendo a guataquearme y suplicarme unas pitusas.

Nadie ha expresado mejor, ningún compatriota ha definido con exactitud la situación cubana y lo que los cubanos requieren que aquel borrachito llamado Pánfilo que dijo: “Aquí lo que hace falta es JAMA”

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