LA DISPARATADA LUCHA PACÍFICA

ESTEBITAESTAESAHORALABUENACARAJOPor Esteban Fernández

Cuando hago un escrito como el del “Adoquín Redentor” siempre  tengo las mismas respuestas, unas positivas provenientes de los que están de acuerdo conmigo y otras contestatarias que resumiéndolas todas son:  ¿Por qué tu no vas allá a dar los ladrillazos?

Invariablemente se trata de la misma cantaleta seguidora de una conocida consigna castrista: “Es muy fácil, comiendo palomilla en La Carreta de la calle 8, incitar al pueblo a rebelarse”…Y la contestación mía a esa bobería es ¿Quiénes son los que sufren las consecuencias y la falta de libertad eterna si no se rebelan? ¿Yo comiendo bisté en libertad o aquellos que viven esclavos?

¿Es idea mía o es mucho más peligroso hacer una huelga de hambre -y no ingerir líquidos- que realizar en la oscuridad de la noche una acción extemporánea?  Porque cuando los largos ayunos son sinceros entonces se convierten en suicidios. Desde luego, muchas veces son simplemente alardes en busca de un aporte económico del exterior.

Para mí la perfecta sería no decir nada como hace la mayoría, callarme la boca, no meterme en líos, felicitar a los que “se juegan la vida pacíficamente” y enviar un humilde aporte. Es decir: quedar bien, sentirme parte de esa absurda “lucha” y haber cumplido con un deber patriótico. Pero hasta el bobo de la yuca debiera darse cuenta que estas dos palabras juntas -“lucha y pacífica”- representan en si una contradicción.

Decir la verdad sólo me busca enemigos mientras los amigos me recomiendan que no lo haga. Trato con todas mis fuerzas de mantenerme neutral al respecto, pero en determinados momentos me siento como que ver callado un error táctico es solidarizarse como él. Y la “lucha pacífica” en Cuba es un fallo garrafal cuando es de buena fe y en el peor de los casos es un nuevo y obstaculizado modus vivendi.

Yo pregunto ¿Qué cubano ajeno a la nomenclatura castrista ha acumulado una fortuna mayor que la de Yoani Sánchez? Ninguno. Y esta es una verdad monumental y obvia, pero que inconcebiblemente no se puede decir sin recibir un aluvión de ataques.

Usted sabe que, con lo cara que está la gasolina, a veces se nos dificulta hasta manejar a 50 millas de nuestro hogar mientras Berta Soler y Guillermo Fariñas han recorrido medio mundo. ¿Para decir qué? Que “Allá se cometen abusos, que aquello está muy malo” sin haberle tirado ni un escupitajo a un miliciano dormido en su posta. Lo que han hecho es recibir empellones y ser mal tratados y viajar mucho. ¿Quién paga por eso? No sé, gracias a mí no ha sido.

Y que conste que todo lo que dicen ellos, y otros, es exactamente lo mismo que decimos nosotros desde 1959. Y reciben medallas, premios y honores jamás otorgados a La Niña de Placetas la heroína de la lucha armada en El Escambray.

Nos dicen que: “La lucha violenta es imposible, no se debe incitar a ella, lo único que se puede hacer es protestar y recibir leña allá y desde aquí auparlos y no criticarlos”… Y yo respondo: “Okay, entonces hay castrismo por un siglo más en Cuba”.

Usted dígame: ¿Quiénes van a padecer más si los cubanos no se rebelan violenta y clandestinamente: ellos allá pasando más trabajo que un forro de catre o los que podemos ir al Versailles a comernos un boniato relleno de tasajo? Ah, y al lado nuestro ya podemos encontrarnos a los hijos del esbirro Colomé Ibarra y de los principales culpables de la tragedia cubana… Y tampoco reciben ni un arañazo.

En mi próxima columna les hablaré de ellos.

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