LA HABANA: QUINIENTOS AÑOS DE FUNDADA Y SESENTA DE TIRANÍA COMUNISTA

Por, Héctor Julio Cedeño Negrín

Verdaderamente, no hay nada que celebrar en los quinientos años de La Habana, como no sean la miseria, el hastío y la desesperanza de habaneros y cubanos. La ciudad sigue siendo una de las siete maravillosas ruinas de nuestra Era y al ritmo que va su “reconstrucción”, demoraría quinientos años más, si no se derrumba totalmente, antes.

Pero para poder garantizar la reconstrucción de La Habana, en mucho menos tiempo, se necesitaría un nuevo gobierno con nuevos gobernantes, porque con los bueyes que hoy aramos, no se conseguiría nunca. La continuidad de los actuales, sólo provocará, nuevos derrumbes en la ciudad.

De hecho, en La Habana los bomberos dejaron de apagar incendios, hoy se dedican principalmente al rescate y salvamento de personas atrapadas en los múltiples deslaves, que ocurren casi a diario durante todo el año. Cuando se escuchan sus sirenas, en el ochenta por ciento de los casos, se trata de nuevos derrumbes, sobre todo en época de lluvias.

Los gobernantes solo se encargan de sus intereses grupales; construir hoteles, para que los operen sus empresas militares, en su propio beneficio y hacer inversiones muy rentables, que les permitan obtener pingües ganancias y aumentar así, el volumen de sus arcas; siempre llenas de bote en bote.

No construyen ni reparan viviendas para los ciudadanos, ni hacen nada que no les aporte sustanciales dividendos. Se dedican sobre todo, a fomentar el turismo internacional el que les aporta las divisas fuertes, sobre todo las más verdes que son las más codiciadas por ellos.

En el año que concluye, han terminado la construcción y el avituallamiento de varios hoteles a lo largo y ancho de la ciudad, todos ellos de cinco estrellas. Estos inmuebles pronto entrarán en servicio y han comenzado la construcción de otros nuevos. Además, han iniciado la remodelación de unos cuantos edificios, para convertirlos también en nuevos hoteles, obsesionados como están con las ganancias que obtienen.

En estos sesenta años transcurridos, los gobernantes cubanos han abandonado o han dejado destruir numerosas edificaciones el La Habana. Aunque podría haberse evitado, su destrucción total, si se les hubiera proporcionado algún tipo de mantenimiento incluso utilizando muy pocos recursos.

Antes, La Habana disponía de numerosos, hoteles, hosterías, casas de huésped y otros inmuebles que se utilizaban para el hospedaje, de nacionales y extranjeros. Cada dos o tres manzanas había alguno de estos edificios, tanto para ricos como para pobres. Hoy los hoteles de La Habana son casi todos para millonarios o extranjeros pudientes, no para cubanos y mucho menos los de a pie.

Pasando a otro tema, el jueves 14 de noviembre reinauguraron la “Plaza de Cuatro Caminos” y el sábado 16 abrió sus puertas con gran exceso de público para disfrutar, sus numerosas instalaciones. Abiertas, en supuesto saludo a los quinientos años de La Habana. Esa instalación también está destinada a personas que poseen recursos, sobre todo en verdosos dólares.

Allí reino el caos, el exceso de público, el vandalismo de los aprovechados, los indolentes y los inconformes con él “Estatus Quo”. Ese mismo día fue cerrado el mercado, que termino con numerosas detenciones y plagado de policías. Algo en que me fijé, es que no había, ni un solo cesto donde echar la basura y aquello era el basurero. El lunes 18 reabrió sus puertas, aunque con la custodia de un batallón de la policía.

Aunque en su terminación, subsisten un buen número de chapucerías, el acabado es bastante bueno, para otras cosas que he visto en otros lugares. Parece una tienda de Miami y no de Cuba, aunque en Miami ésta es una tiendecita, en comparación con las gigantescas que hay allí.

Lo cierto es que, los cubanos, no están acostumbrados ni tienen la disciplina ni la cultura necesaria y parecemos personas del cuarto mundo, aunque también tenemos, los peores gobernantes de la tierra, los que ni siquiera pueden estimar el comportamiento de los ciudadanos, muchas veces por culpa de los mismos que nos gobiernan.

La Plaza actual, no se parece para nada a la de 1958, cuando era un orgullo para los mercaderes de la época. Ahora es como una gran boutique, donde lo menos que se ofertan, son productos de la agricultura, de la ganadería o del mar.

Recuerdo cuando niño, que mi madre me llevaba de la mano por la bulliciosa instalación, cuando me recogía en ocasiones, en el Centro Escolar Emilio Núñez del barrio de Jesús María, donde cursaba mis primeros años. Maravillaban las ofertas, sobre todo de animales vivos incluidos los marinos, las charcuterías, frutas en venta, viandas, verduras frescas y las fondas chinas tan recordadas por las personas más humildes.

Mi expectativa en el momento en que cerraron la Plaza para repararla, era que reabriría recuperando en algo, el “aroma” de aquella época. Ahora que Eusebio, “el Perro Leal”, ha tratado de recuperar algo del fino encanto de La Habana, que tanto cautivara en su tiempo de esplendor y que tantas añoranzas nos trae a los cubanos de toda la República.

Aunque esto no le gusta, al designado “Presidente de la República”, que se opone rotundamente, a regresar a La Habana de los años cincuenta. El diligente guajirito de “Yabusito” en La Jutia, antigua provincia de Las Villas. Pero al reabrir la Plaza, no existe ninguna semejanza con los tiempos pasados.

Otro sitio que es un monumento al despilfarro del erario público, a la desvergüenza y a la prepotencia de un tirano inútil. Es el llamado “Monte de las banderas”, construido frente a la Embajada de los Estados Unidos en La Habana, en lo que se conoce como “La tribuna antimperialista”. Se construyó, con el gasto de miles de dólares (podrían ser millones), por lo que este gobierno de ineptos debería sentir una profunda vergüenza.

Resulta que están desmantelando tan infecunda obra, concebida con las “Ideotas” de Fidel Castro, en uno de sus momentos de exasperada rabieta, que ni las vacunas podían contener. Aquella obra inservible fue edificada para tapar, supuestamente, el formidable cartel desplegado por la Embajada norteamericana, en los años en que lideraba George W. Bush, entre el 2001 y el 2009.

En uno de los carteles desplegados en aquella época, podía leerse; “Con todos estos materiales podrían construirse numerosos edificios”. Las toneladas de concreto, mármol, acero y otros materiales, que se utilizaron en suplir los caprichos de Fidel Castro, provocaron un gasto inútil como dicen la gente; “Por gusto y pa ná”, que desastre.

Con aquel cartel, formidable, terminaron los discursos públicos de Fidel Castro dentro de la Ciudad de la Habana y en poco tiempo también termino la vida pública del sátrapa. Felicidad, para los cubanos. Su hermano, valga Dios, nunca nos ha torturado, de aquella manera tan inmisericorde, como lo concibió Fidel Castro. Que felicidad para los oídos de quienes lo escuchaban, no importa que algunos le añoren, por lo menos yo no.

A sesenta años de iniciada, aun padecemos la dictadura, que se mantiene a sangre y fuego sobre el esclavizado pueblo cubano.

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