LA HISTORIA EN LA MEMORIA: EDUARDO R. CHIBÁS. ALDABONAZO Y GLORIA

Foto: Eduardo Chibás ante los micrófonos de  CMQ, en su hora radial de los domingos. Identificamos en la foto, parados detrás de Chibás a Orlando Castro, primero de izquierda a derecha; Fidel Castro sexto en el mismo orden;  Dr. Roberto Agramonte, séptimo; Luis Orlando Rodríguez, noveno; Manuel Bisbé, décimo  y Francisco Carone Dede, onceno, segundo de derecha a izquierda.(Fotos: Archivo. Pie de foto de Nuevo Acción).

Por, Dr. Luis Conte Agüero

Domingo 5 de agosto, 1951. La Habana. Piso 14 del Edificio López Serrano, en la esquina de Línea y 12. El Vedado. Como cada vez que me encuentro en La Habana lo visito en la torre para leer, cosa de su agrado, el discurso que pronunciará esa noche a las 8 en la radioemisora CMQ, la de mayor audiencia en Cuba, especialmente en su programa, el más escuchado en toda la historia de la radio nacional por el vigor de sus denuncias contra las corrupciones de gobierno y por la estatura moral de quien las produce.

Ya se ha ido su primo Arturín Ribas, mecanógrafo eficiente y veloz. Me produce sorpresa el epílogo del discurso que copia y parodia al Himno Nacional de Cuba:

 “Al combate corred, Ortodoxos,

que la patria os contempla orgullosa,

no temáis una muerte gloriosa,

que morir por la patria es vivir”

-Eddy, este final me parece excesivamente dramático. Sabes que en el propio Bayamo, yo lo usé en un discurso, pero solamente los dos primeros versos.

– ¿No te gusta?

-La gente se va a asustar. Hay que mandarla a vivir; no a morir.

-Tienes razón; voy a tacharlo. Táchalo tú en esas copias.

-Ahora queda incompleto.

-No importa; improviso el final.

Llegan Rufino González, Ignacio Mendoza y Felipe Martínez. Chibás pasea más velozmente que de costumbre de un lugar a otro. En una de sus vueltas le intercepto el paso. Influyen en mi conducta el que me haya mandado a buscar desde Santiago de Cuba sin explicarme para que.

– ¿Qué te ocurre? Te advierto preocupado.

– No me sucede nada.

– Se puede haber perdido alguna opinión, pero votación no se ha perdido ninguna.

– A mí me interesa más la opinion que la votación.

– ¿Te has acobardado?

-¿Acobardado yo? Parece mentira que tú precisamente me digas eso. Ya verás todo lo que doy.

Al decir esto, por sus ojos azules cruza un soplo de ira. Por primera en nueve años de íntima amistad –usualmente me llama hermano- me contempla con rencor. Sigue dando pasos, los que interrumpe para decirme, mientras su expresión se llena de dulzura y me da, como acariciando, dos palmaditas en el rostro.

– ¿Estás bravo? ¡Sabes cómo te quiero!

Han pasado las horas. Son las 6 de la tarde. Penetra en el cuarto y apoyando los codos sobre una mesa junto a la ventana, contempla el crepúsculo que asociado al mar tranquilo es un deleite a los ojos sedientos de belleza. Mi presencia trunca su emoción estética. Su serenidad ya es absoluta. Vencido el conflicto psicológico, ha tomado una resolución, resolución que ignoro completamente.

Sobre el mismo mueble se halla una pistola la que toma en su diestra con expresión de indiferencia glacial.

– ¿Te gusta?

-Sí. Colt 38. Son muy eficientes. Déjame verla. Es Colt Especial.

-Es la de siempre. Oye ¿cuál es el seguro?

– ¿Me vas a decir que no lo sabes?

-Coloca el seguro y me aclara: Me refiero al seguro del gatillo.

-Ese mismo es. Sólo dispara levantando el gatillo hacia atrás. Pero ¿insistes en tomarme el pelo?

– ¿Crees que un tiro llegue al mar?

-No; no llega.

-Sí, y al caer el plomo puede herir a cualquier transeúnte.

En ese momento palanquea el arma y cae al suelo la bala que se escontraba en el directo. La recojo y se la devuelvo.

-Métela otra vez en el peine.

-No. Con las que tengo me sobra. Déjela afuera.

Tal vez en su interior todas las tormentas se han desencadenado, mas su exterior nada revela. Vacilo unos instantes con la bala en la mano y al fin la coloco sobre el mueble en posición vertical. Yo nada sospecho. Nada imagino. No espero el terrible final, aunque admito que por primera vez en su historia Eduardo René Chibás Ribas, candidato presidencial,Presidente del Partido deldel Pueblo Cubano (Ortodoxo) y el más popular de los cubanos, no ha probado la veracidad de una denuncia.

(Posteriormente se supo que la falsa información le había sido plantada, incluso con técnica de agencia publicitaria, para como se dice en Cuba “cogerlo fuera de base” o “sorprenderlo en el salto”)

Salimos del Edificio López Serrano a las 7 y 45. Ya Mendoza se ha retirado.

En el automóvil del Dr. Pelayo Cuervo Navarro que lo ha ido a buscar, vamos éste, su chofer, Eddy y yo.

Al llegar, en la CMQ, Chibás se muestra eufórico; su sonrisa es más amplia que siempre y estruja el impecable dril cien prodigando abrazos.

En el estudio número 3 ya se halla “Millo” Ochoa que atendiendo a su llamada, acaba de llegar de Holguín, municipio de la provincia de Oriente.

Cuando Felipe Martínez le pide la pistola para cuidársela hasta que la transmisión termine, sorpresivamente se niega.

Rompiendo la tradición de ocupar el primer turno, Chibás presenta a Pardo Llada y ríe los aspectos humorísticos del discurso de éste. Tres veces se vuelve a los que se hallan de pie a sus espaldas, y les dice:

-Apártense compañeros. Van a tomar fotos.

Cuando termina Pardo, faltan diez minutos de tiempo radial Lee, con el vigor de costumbre, lo que habrá de ser su testamento político.

(Párrafos)

“Cuba necesita despertar. Pero mi aldabonazo no fue, quizás, lo suficiente fuerte. Seguiremos llamando a la conciencia del pueblo cubano.

Por su posición geográfica, la riqueza de su suelo y la inteligencia natural de sus habitantes, Cuba tiene reservado en la historia un glorioso destino, pero debe realizarlo. Otros pueblos, asentados en islas que no gozan de situación privilegiada como nuestra patria, han desempeñado en la historia un papel de preeminencia singular. En cambio, Cuba ha visto frustrado su destino histórico, hasta ahora, por la corrupción y ceguera de sus gobernantes, cuyo pensamiento-salvo excepciones- ha volado siempre a ras de tierra…

El único equipo gobernante capaz de salvar a Cuba es el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), con su línea antipactista de la independencia política, que no admite transacciones ni componendas.”

En esos instantes, vencido el tiempo reglamentario, es cortada la transmisión radial. Sin advertirlo, Chibás continúa hablando y hace este patético ruego final. Un toque de clarín.:“Compañeros de la Ortodoxia, adelante! Por la independencia económica, la libertad política y la justicia social! A barrer a los ladrones del gobierno! Pueblo de Cuba, levántate y anda! Pueblo de Cuba, despierta! Este es mi último aldabonazo!”

Simultáneamente con la frase “mi último aldabonazo”, su puño izquierdo golpea rudamente la mesa –para desviar la atención- y el índice de la mano derecha tira del gatillo.

Cae sonriendo, en tanto brazos amigos le impiden llegar al suelo.

La confusión se apodera del ambiente. Muchos no saben lo que ha sucedido.

En una fracción de segundo por mi mente desfilan en tropel los pequeños incidentes de esta tarde; a plena luz comprendo lo acaecido.

A codazos y empellones salimos del local, llevando en brazos su cuerpo Orlando Castro, Rufino González, Felipe Martínez y yo.

Lo introducimos en un automóvil. Delante va manejando un joven (Raúl Añorga) que constantemente vuelve atrás la cabeza inquiriendo acerca del estado del herido, cosa que le reprocha Pelayo Cuervo, pidiéndole que maneje directamente hacia el Centro Médico Quirúrgico.

En el asiento trasero va tendido Chibás boca arriba. Junto a él, Orlando Castro, Rufino González y yo. Alguien, con el cuerpo fuera del vehículo, para no caer se agarra desesperadamente a la portezuela. No  advertimos quien es y Orlando Castro le golpea. Es Roberto Agramonte, milagrosamente no ha caído al pavimento de la calle 23, y haciendo maromas puede al fin penetrar en el auto (asiento delantero).

González llora y exclama:

– ¿Por qué has hecho ésto? ¿Por qué?

Orlando le sacude violentamente la cara y le dice:

– ¡Serenidad! ¡Serenidad!

No articulo palabra. Me limito a contemplar la mancha roja que se amplía en la camisa. El automóvil vuela por las calles del Vedado, y el Adalid susurra dos veces:

-Muero por la revolución! Muero por Cuba!

Al fin llegamos al Centro Médico Quirúrgico. Este viaje fue así; no de otro modo. Es una mentira grotesca que Fidel Castro lo llevara en su auto al Centro Médico Quirúrgico. Fidel Castro llegó después y me comentó que no habíamos sido dignos del líderazgo de Chibás. Conste que Chibás rechazaba su compañía por considerarlo pandillero. Chibás rechazaba visceralmente a los tira tiros. Su camino al poder eran los votos. Castro no alcanzó altas calificaciones entre los pistoleros, pero alardeaba de serlo.

Allí el Dr. Antonio Rodríguez Díaz operó a Chibás. Allí parecía salvarse. Pero lo ultima una trombosis mesentérica. Allí murió el jueves 16 de agosto a las 2 y 12 de la madrugada de 1951, el líder moral de los cubanos.

Su entierro constituyó la más grande demostración de duelo popular en la historia de Cuba (foto de arriba). Su muerte causó el efecto deseado. El candidato substituto, Roberto Agramonte y Pichardo, ganaba amplísimamente las elecciones. El Ing. Carlos Hevia quedaba en segundo lugar, a muy prudente distancia. Fulgencio Batista estaba condenado al tercero. Las encuestas de la OTPLA así lo prueban reiteradamente.

Chibás no quería retirarse del Partido Revolucionario Cubano Auténtico. Por la corrupción de los Auténticos se fundó la Ortodoxia, nombre que algunos no cubanos vinculan equivocadamente con la religión ortodoxa. Los ortodoxos se llaman así para definirse como Auténticos auténticos. Grau los llamó los ortofónicos por aquello del programa radial de Chibás.

Si Chibás hubiera presentido un golpe de estado, no se hubiera inmolado para legar una victoria que se convirtió en derrota nacional.

Chibás consideraba al comunismo un castigo infernal, y lo condenó toda la vida.  Nunca fue candidato comunista ni pactó con ellos. Asimismo sintieron y actuaron los Auténticos.

CASTRO SE OFRECE A BATISTA

En 1959 publiqué con la Editorial LEX dos ediciones (y otra con la Editorial Luz-Hilo de Lucilo de la Peña) de “Cartas del Presidio -Anticipo de una biografía de Fidel Castro-“ Castro recogió los 50 mil ejemplares de “Fidel Castro: Vida y Obra” porque lo mostraba como anticomunista. Otra “razón” es la referencia a su candidatura a Representante a la Cámara.

Castro aspiraba tan desesperadamente a todo que con su cuñado Rafael Díaz Balart –hermano de su esposa Mirta- antes del golpe de estado del 10 de marzo, visitó a Batista en 1951 en su finca “Kuquine” Arroyo Arenas y le pidió que lo postulara para Representante a la Cámara y le diera la presidencia de la juventud del PAU. Batista accedió a la postulación. Los jóvenes del PAU, que rechazaron ceder a Castro el mando de la juventud, impidieron el ingreso de Castro en las filas del PAU.

De la visita a Kuquine, gestionada por Castro a través de Rafael Díaz Balart, fue testigo Andrés Rivero Agüero, que me la contó ya en el exilio. Sólo ellos cuatro estaban allí. Otra cosa es novela. El encuentro tuvo lugar en la biblioteca, y en un momento dado Castro dijo a Batista:

– General; he mirado en su biblioteca, y no he encontrado el libro de Curzio Malaparte “La técnica del golpe de estado”.

– Yo no tengo ese libro.

Batista ignora la insinuación. Castro quiere que si Batista da el golpe de estado, lo nombre Ministro de Información. (Este cargo lo ocupará Ernesto de la Fe el 10 de marzo de 1952, día del golpe de estado: “Ha comenzado una nueva era”. “Nueva era” recuerda al dominicano Trujillo)

OTRA GESTION DE CASTRO CON BATISTA

En la casa de los Tamayo, Oriente, fue testigo de otra gestión de Fidel Castro para entrar en el PAU de Batista y ser candidato a Representante a la Cámara, José Manuel Gárate, alto, grueso, simpático, conversador, nacido el 10 de enero de 1914 en la Finca de Centeno, empleado agrícola de la United Fruit Company, militante del Partido Liberal y amigo del representante José Sera Serrano, médico de Tacajó. Castro insiste sin éxito. En esos medios su imagen de pistolero lo elimina. No se le percibe así cuando combate a Batista Es más temida la violencia en el poder que la violencia del oposicionista. Se apoya a Castro contra el que manda. Se carece entonces de lo que en billar se llama “tamaño de bola”.

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