LA HISTORIA EN LA MEMORIA: EL 10 DE MARZO DEL 1952 Y MANUEL ÁLVAREZ MARGOLLES

Por, Dr. Luis Conte Agüero.  

Escribí una vez que el golpe de estado se desarrolló impunemente salvo por el breve enfrentamiento en el Palacio Presidencial y las protestas que en Santiago de Cuba tuvimos el honor de encabezar, seguido por dirigentes estudiantiles y Auténticos y Ortodoxos y Liberales y Conservadores unidos. Exagerado siempre, con algún propósito mezquino, Fidel Castro escribió en una carta “El único insurrecto del 10 de marzo”. En realidad, a mi llamamiento por la Cadena Oriental de Radio concurrieron muchos y resueltos y rivales políticos que entonces se juntaron para defender la democracia.

En el 2002, en acción de recuerdos y promesas se reunían frente a la Casa del Preso Político en Miami cubanos que estuvieron presos, que arriesgaron la vida, pero que juraban seguir luchando por la libertad de Cuba. Emocionaba observar la multitud hundirse en silencios solemnes o estallar en vítores de esperanza. Leonor Ferreira, milagro humano que sigue en la batalla y el siempre preocupado Agustín Villegas me presentaron una señora rubia que  llevaba un retrato sobre el pecho, dentro del pecho y también en la expresión evocadora: María Álvarez de Bosmenie. María, aprieta más aún el retrato, me cuenta que ha leído al periodista oriental César Marín Collazo en una crónica sobre el 10 de marzo que insiste en mi nombre y en el de su papá mártir y ella quiere que le cuente, que le haga el regalo emocionante:

“Conocí a tu papá un 15 de diciembre, Día del Soldado en homenaje a la victoria mambisa en el combate llamado de Mal Tiempo, fundamental en la guerra de independencia de Cuba. Competimos en esgrima en el Cuartel Moncada, sede del Regimiento # 1, Antonio Maceo. Manuel, coronel jefe, presidió el torneo. Representamos a la Asociación de Reporteros Argimiro Poveda, el Teniente Izquierdo de la Marina de Guerra y yo. Por el Ejército Nacional tres prestigiosos oficiales, Chirino, de quien después fui amigo en el exilio cubano, Alonso y Vidal. Tuve suerte que no me tocó cruzar armas con el magistral Chirino y gané en la competencia del sable. El Coronel Margolles me felicitó amablemente. Por mis comentarios en Cadena Oriental de Radio simpatizaba conmigo, aunque no siempre estuviera de acuerdo con ellos.”

“El 10 de marzo de 1952 yo había olvidado esa simpatía o no la tenía en cuenta. Raquel Rojo, señora de mi hermano Emilio Rivero Agüero, me llamó por teléfono en la madrugada y me dijo del golpe de estado, que mi hermano Andrés Rivero Agüero estaba con el general Fulgencio Batista en la Ciudad Militar de Columbia y que él y mi hermano Emilio estaban preocupados por mí. Para mí la situación no era fácil atendiendo al amor fraternal que nos unía.

No obstante la angustia de mi madre, Isidra Agüero Agüero, que inicialmente había tomado el teléfono y me había dicho de su pena, llamé a Felipe Lassou, mi chofer, que me llevó al Cuartel Moncada en un jeep Landrover que por cierto Fidel Castro me había ayudado a comprar con un amigo suyo.

Estacionamos fuera del Cuartel Moncada, situado en el barrio Sueño de Santiago de Cuba. Al entrar al Cuartel Moncada hablé con los soldados que me encontraba. En su despacho del segundo piso tu padre fue cordial. Inmediatamente nos pusimos de acuerdo. Me entregó su revólver Colt 45, hermosamente dorado con el escudo de Cuba. Yo era buen tirador.

Margolles me explicó que al militar sentado en un escritorio, Alberto del Río Chaviano, (foto de la izquierda)lo habían traído en la madrugada del cuartel de Palma Soriano por ser incondicional de Batista.”

“Mañana en vértigo; con el revólver de tu padre sobre la mesa hablé por los micrófonos de Cadena Oriental de Radio, mientras un ejecutivo de la empresa, Emiliano Antúnez, observaba. No tuve que ocupar la radioemisora; estaba predispuesta.

Laureano Ibarra, candidato a Gobernador de Oriente por el Partido Acción Unitaria (PAU) organizado por Batista llegó a la radioemisora, probablemente llamado por Emiliano Antúnez; lo recibieron Temístocles Fuentes y un grupo de muchachos de la Escuela de Artes y Oficios. En el estudio, Laureano se sentó con Antúnez y conmigo. Yo puse el revólver en el centro de la mesa y no lo moví ni Laureano intentó tomarlo. Laureano dijo que era amigo de Batista pero que él no quería ser ministro con una ametralladora entre las piernas, concepto que repitió momentos después en el mitin que celebramos en el Parque Céspedes, convocado precisamente en la transmisión radial. (Esa misma tarde, al consolidarse Batista en el poder, Laureano Ibarra fue al Cuartel Moncada, explicó que había hablado con mi revólver puesto en sus costillas y redactó la proclama provincial del 10 de marzo).

Al dirigirme a la multitud que habíamos convocado para el Parque Céspedes, dije: “Yo no quiero morir, ni quiero que ustedes mueran, pero tenemos un deber patriótico que cumplir más allá de nombres y de hombres”. “No se trata de Carlos Pro Socarrás o de Fulgencio Batista. Apoyamos a la República y al Gobierno Constitucional que la representa”. “Hoy tomamos las armas para servir a la ley; no a la fuerza”. “Síganme quienes puedan dominar el miedo lógico de hombres con su orgullo de ser cubanos”.

En el Ayuntamiento Municipal firmaron contra el golpe militar los representantes de los partidos  políticos: Dr. Roberto García Ibáñez, Ortodoxos; Felipe Fernández Castillo, Auténticos; Fernando Cuesta Mora, Liberales, y, enfundados en trajes blancos, Justo Salas Arzuaga y Leopoldo Pío Elizalde, Partido Acción Unitaria (PAU) que apoyaba políticamente a Batista.”

A pie, seguidos por la multitud y con la gente que esperaba en la Plaza de Marte, rebautizada Plaza de la Libertad, hicimos pronunciamientos democráticos que trascendieron partidos y sectarismos. Se trataba nada menos y nada más que de la República.

Volví al Cuartel. Caballero y estratega, militar y ser humano como pocos, tu padre no tomó acción contra seguidores de Batista que visitaron el Cuartel para ver cómo soplaba el viento. Ignacio Galíndez, ex ayudante militar de Batista; “Lulú” Camacho Covani, político del Partido Liberal, Alfredo Zayas, Secretario de Anselmo Alliegro que allí me habló de tomar mis clases de esgrima, y otros interesados. Al vernos firmes junto al gobierno constitucional, ellos se marcharon sin proposición alguna.”

“Álvarez Margolles dijo al Presidente Pro Socarrás por teléfono que lo respaldaba y que si era necesario avanzaría desde Oriente con sus tropas, y que allí estaba Conte Agüero,  “La Voz Más Alta de Oriente” que no obstante sus ataques a él, el Dr. Pro, ahora lo respaldaba por ser el presidente constitucional“. “Pro prometió llamar a tu papá”.

Arengué así a parte de la tropa: “Soldados. El uniforme de soldado es un traje de la República. En nombre de la República les ordeno servir a la Constitución y a las leyes. Hoy todos tenemos miedo, pero mi miedo mayor es a ser cobarde frente a un golpe contra la democracia y contra Cuba”.

Un cabo aplaude y pocos se atreven a imitarlo: – Doctor Conte. Me llamo Díaz. Lo aplaudo porque soy soldado de la República. Este militar me saludó en Miami en este largo exilio.

Casi al mediodía, tal vez a las 11 AM, tu padre me confió una misión rara, inexplicable aún. Por el Aeropuerto de San Pedrito debían llegar tropas de Baracoa, también en la provincia de Oriente. Se ignoraba a qué venían. Las esperaban doce hombres al mando del Teniente Alfredo Rams. Margolles dudaba de éste y me pidió observarlo en el Aeropuerto.

Con el chofer Félix Lassou y un joven ortodoxo de Guantánamo fui en mi Landrover. Y allí me vi detrás de Rams esperando tropas que no llegaron. (Rams, fue ascendido a Teniente Coronel, por haber sido el tirador más certero protegiendo la vida del Presidente Batista cuando un 13 de marzo asaltaron el Palacio Presidencial)

“No pude volver al Cuartel Moncada. Ya lo dominaban seguidores del General Batista animados por una transmisión radial desde La Habana donde Ernesto de la Fe anunciaba la “nueva era”. Del Río Chaviano tomó el mando del Regimiento Antonio Maceo y del Cuartel Moncada y ahora el detenido era tu padre.

En la calle tuve un incidente menor con un grupo que vivaba a Batista. Volví a la Cadena Oriental de Radio y Emiliano Antúnez me dijo que la emisora ya estaba fuera del aire y que los soldados me buscaban.        Batista comentó que en las medidas preventivas tomadas habían olvidado a la Cadena Oriental de Radio, que cubría la Isla.

Manuel Álvarez Margolles nació en Riverdare, Asturias, España, el 11 de febrero de 1905. Por su resistencia al régimen de Batista se asiló el 2 de julio de 1954 en la Embajada de Uruguay donde también estaba asilado Salvador Díaz Versón. En la lucha contra Castro fundó con Lomberto Díaz “Rescate” y fue jefe militar del FAL, Frente Anticomunista de Liberación. Luchó con Alberto Cruz, que murió en prisión. Ayudó a los alzados de la Sierra Escambray.

Leonor Ferreira (foto encima de este  párrafo) cuenta que al ponerse a sus órdenes, Margolles le dijo que no conspiraba con mujeres. No obstante, él comprendió prontamente que ella calificaba para tales menesteres. “No puedo decir que fui su amiga” aclara Leonor, “trabajé a sus órdenes en la lucha contra Castro”.

Dice Alberto Fibla, vicepresidente de la Ortodoxia en el exilio actual, teniente-médico naval que cumplió casi 26 años de prisión: “Detenido por la Causa que después llamamos Santa Rosa de Lima, donde hubo más de 500 fusilados, ‘conocí a Margolles el 13 de septiembre de 1962 en la Galera 3 del G-2, situado en 5ta y 14 en La Habana. Él me recomendó no mencionar nombres porque allí nadie era conocido”.

María llora y me cuenta: “Nací en la Clínica La Caridad, en El Cerro, La Habana. Hija de Adelaida Domínguez. A los seis meses me trajeron a La Florida. Cuando Castro tomó el poder, papá Manolo fue a Cuba solo y regresó para llevarnos a la Isla. Él estaba retirado, pescaba, practicaba carpintería, se reunía con amigos y familias amigas. Yo ignoraba lo que ocurría. En agosto de 1962 llegaron a la casa dos jeeps con soldados. Empujaron la puerta entreabierta. Lo registraron todo. Preguntaban por papá. Él estaba en la esquina con unos amigos. Un ex militar, José Melgarejo, le avisó lo que sucedía. No aceptó la idea de huir y asilarse. Dijo que no podía abandonar a su familia. Entró con su tabaco en la boca; se identificó; no lo conocían.

A mamá, a mí y a mi hermana, dos niñas, nos apuntaron con metralletas. A él lo esposaron y le golpearon repetidamente la cabeza contra la pared. A mamá, que lo visitó dos veces en el G-2, le dijo que los castristas tenían muchas pruebas contra él y que había rechazado la oferta de salvar la vida a cambio de delatar a compañeros. Él nos pidió resignación.”

“Al comenzar septiembre de 1962 lo visitamos en La Cabaña: 40 o 50 libras menos. Blanco en canas.  Pómulos hundidos. Ojos inyectados de sangre. Ojeras profundas. Con mis 8 años de edad yo no entendía. Ordenaron a un militar que buscara al prisionero número tal. Al reconocerlo se paralizó. Había estado a sus órdenes. Papá le dijo: “Usted es militar como yo. Cumpla sus órdenes”. Melgarejo murió en Cuba.”

“Después del fusilamiento dijeron a mamá que él no estaba en la lista de presos. Días después alguien indicó dónde podían encontrarlo. En el Cementerio Colón. Sin lápida ni nombre. Un piadoso negrito enterrador buscó en una relación y nos señaló un campo completo de fusilados”

Un Comentario sobre “LA HISTORIA EN LA MEMORIA: EL 10 DE MARZO DEL 1952 Y MANUEL ÁLVAREZ MARGOLLES

  1. Los que hablan de “reconciliación” y nos tildan de retrógradas si leen testimonios como este y aún persisten en el negocio con Cuba Inc están advertidos que no somos tan pocos ni tan frágiles…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15