LA HISTORIA EN LA MEMORIA: EL ASALTO AL PALACIO PRESIDENCIAL EN 1957. DOS VERSIONES.

LA DE LOS ASALTANTES

“Pueblo de Cuba, en estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el tirano Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuenta, y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio. Cubanos que me escuchan, acaba de ser eliminado…Si caemos que nuestra sangre señale el camino de la Libertad. Porque tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo. Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo…”

Era la voz de José Antonio Echevarría, joven revolucionario, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), el 13 de marzo de 1957, pues mientras se asaltaba el Palacio Presidencial por integrantes del Directorio Estudiantil, Echeverría tomaba Radio Reloj para informar al pueblo de las acciones. Con la toma del Palacio los jóvenes pretendían ajustar cuentas con el tirano que oprimía cada día más a los cubanos. Tras el golpe de estado dado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, se había instaurado en el país una cruenta dictadura que afectaba con mayor saña a las clases más humildes.

Desde finales de 1955 el recién creado Directorio Revolucionario (DR)  había hecho contacto con el abogado Menelao Mora Morales de la Organización Auténtica, quien tenia planes para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista. Esta idea fue retomada a fines de 1956 y final mente se previo la acción para el 13 de Marzo de 1957, fecha del ataque al Palacio Presidencial y la toma de la emisora “Radio Reloj”.

En enero de este año tuvo lugar la primera reunión preparatoria entre el DR y el grupo de Mora Morales. Después sucesivamente procedieron a perfilar los detalles y el reclutamiento de los hombres, así como el acopio de armas.
Los dirigentes estudiantiles se proponían desarrollar la lucha armada urbana luego de los acuerdos tornados en agosto de 1956 (Carta de México) en que el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Estudiantil Revolucionario expresaron su disposición de aunar los esfuerzos para derrocar la tiranía mediante acciones especificas de cada parte hacia ese fin.

Las operaciones estaban previstas de la siguiente forma: el asalto al Palacio Presidencial por un comando de 50 hombres con armas automáticas, un grupo de apoyo de otros cien que entraría en acción posteriormente al mismo tiempo que era tomada “Radio Reloj” para difundir la noticia de la muerte de Fulgencio Batista. Este ultimo destacamento ocuparía a continuación la Universidad de la Habana donde se establecería el cuartel general.

Integraron la comisión militar de la acción Carlos Gutiérrez Menoyo (jefe) , Faure Chomon Mediavilla  y Armando Pérez Prieto, encargado de vigilar e informar la presencia de Batista. EI refuerzo disponía de fusiles y unas 10 ametralladoras calibre 30, 10 fusiles automáticos y una ametralladora calibre 50 montada sobre el eje de un camión. Debía controlar los edificios mas altos cercanos al Palacio tales como Bellas Artes, la fabrica de tabacos, el Hotel Sevilla y otros, emplazar las ametralladoras y disparar contra la guarnición palaciega situada en la azotea de la casa de gobierno.La primera y la tercera parte se llevaron a cabo pero el segundo comando no lIego. Faltaron las ordenes precisas de los responsables a los involucrados para dirigirse a los objetivos señalados mientras un camión con el armamento necesario estaba estacionado cerca del lugar.

A las 15.15 fue forzada la puerta de entrada a Palacio por el comando dirigido por Carlos Gutiérrez -ex combatiente de la Republica española- y Faure Chomon. EI primero murió en el interior del edificio, al igual que Menelao Mora, y el segundo resulto herido y pudo escapar.  Los combatientes revolucionarios tomaron la primera planta y en la segunda llegaron hasta el despacho de Batista, quien había escapado hacia el piso superior. Se libro un violento combate con la guarnición militar que desde el tercer piso concentro un nutrido fuego contra los asaltantes.

Habían ocurrido numerosas bajas cuando José Luís Gómez Wanguemert -muerto poco después- asumió el mando para organizar la retirada pues ya estaban seguros que el refuerzo había fallado. solo 26 pudieron escapar, muchos de ellos heridos. Las ametralladoras instaladas en la azotea alcanzaron a varios que se retiraban por el parque donde actual mente radica el Memorial Granma.

La toma de Radio Reloj -el segundo objetivo- se realizo casi simultáneamente. El líder juvenil José Antonio Echeverría (Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria y Secretario General del Directorio Revolucionario) informo sobre los sucesos luego de la transmisión de varios partes redactados como si fueran de los reporteros de la planta. En la acción participaron 14 personas. Poco después, José Antonio resulto muerto a un costado de la Universidad cuando el automóvil en que viajaba fue interceptado por una patrulla policíaca.

Además perecieron ese día 24 asaltantes a Palacio, otros dos resultaron asesinados en los días posteriores y el 20 de abril, las victimas de Humboldt 7 Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carb6 Servia, José Machado Rodríguez y Joe Westbrook Rosales, dirigentes estudiantiles y participantes en los sucesos del 13 de Marzo. Contra personas ajenas cayó también la represión como Pelayo Cuervo Navarro, quien apareció muerto en el lugar conocido como “El Laguito”. Cinco muertos y 28 heridos fueron las bajas gubernamentales reportadas. Los mártires de Humboldt 7 fueron delatados por el militante comunista Marcos Rodríguez Alfonso, «Marquitos», que informó personalmente al asesino Esteban Ventura, jefe de los cuerpos represivos de Batista sobre los ocultos en Humboldt 7. Se dice que Faure Chomón y Raúl Díaz Argüelles- este último fue el primer General Cubano que murió en Angola- fueron avisados por el traidor, retirándolos de Humboldt 7 pocas horas antes de que Esteban Ventura asesinara a los refugiados en ese edificio. El abominable crimen de “Marquitos”, fue de tal magnitud que al dictador Fidel Castro no le quedó otro remedio que fusilarlo en marzo de 1964, luego de que, no obstante los esfuerzos por ocultar la traición, la misma se hiciera pública.

En el Ataque a Palacio participaron 42 patriotas, de ellos 34 eran Auténticos y el resto del Directorio. La mayoría de todas las fuerzas acuarteladas para esa acción guardaban la misma proporción de participación.
Asaltantes muertos en combate:

Menelao Mora Morales
Carlos Gutiérrez Menoyo
José Gómez Wangüemert
José Briñas
Ubaldo Díaz Fuentes
Abelardo Rodríguez Mederos
José Castellanos
Evelio Prieto Guillaume
Adolfo Delgado
Eduardo Panizo Bustos
Pedro Esperon
Reinaldo León Llera
Norberto Hernández
J. Monzón
Pedro Téllez
Gerardo Medina
Eduardo Domínguez
Ángel González
Salvador Alfaro
Celestino Pacheco
Ormani Arenado
Pedro Zayden
Luis Almeida
José Hernández

Muerto en combate con los cuerpos represivos al salir de “Radio Reloj”

José Antonio Echevarría Bianchi

Sobrevivientes  muertos en Humboldt 7,  la tarde el 20 de abril de 1957.

Juan Pedro Carbó Serbiá
José Machado
Fructuoso Rodríguez
Joe Westbrook
Sobrevivieron el Ataque a Palacio

Orlando Manrique
Santiago Aguero
Manuel Toranzo
Ricardo Olmedo-Fusilado por organizar un atentado contra Fidel Castro
Faure Chaumón Mediavilla
Antonio Castell Valdés
José M. Olivera
Marcos Leonel Remigio González
Orlando Lamadrid
Juan José Alfonso Zúñiga
Evelio Álvarez
Luís Goicoechea

LA DE LOS DEFENSORES

Palacio resistió con éxito la embestida de los elementos hostiles. Los muchachos de la Marina de Guerra acudieron casi inmediatamente, porque en La Punta existía un retén siempre listo para esa misión específica. Infortunadamente los marinos no se dirigieron a los edificios circundantes para desalojar a los asaltantes que allí hubiera sino que vinieron directamente a Palacio, entraron en él, y mezclados con los defensores, formaron en la planta baja una algarabía de mil diablos. Todo esto se produjo en la prolongación de un estado de alarma que habría sido dominado en menos de 30 minutos.

El plan del enemigo consistió en que, un vehículo comercial (foto de arriba), con unos 40 hombres armados en su interior, se detendría frente a la puerta que da a la calle de Colón, y que era por donde generalmente se entraba y salía de palacio. Esta puerta era en realidad una verja de hierro que se mantenía  cerrada con cadena y candado. Aunque justo es decir, que debido al constante trasiego del público, el candado rara vez se cerraba.

Teniendo en cuenta esa circunstancia, y fingiendo una rotura, el camión se situaría directamente frente e a esa entrada, bajándose primero dos o tres hombres, como quien va a arreglar el vehículo, pero abalanzándose enseguida sobre la verja para impedir que se pasara el candado. Por ella se precipitarían los asaltantes que subirían al primer piso (que nosotros llamábamos el segundo). Estos hombres se correrían a lo larga de la gran galería que por tres lado circunda el patio central, hasta llegar al ángulo opuesto donde estaba el despacho del Presidente, y allí lo matarían.

…Pero esta sorpresa quedó anulada cuando un automóvil que venía delante del camión disparó, matándolo, al soldado de posta que se mantenía por fuera de la puerta, y que tenía su recorrido a lo largo de toda la acera. Este pobre soldado, casi un niño, de apellido Verdecia, se desplomó acribillado a balazos; pero en incidente  avisó al guardián de la verja soldado Hernández (ascendido póstumamente a cabo) quien se apresuró a cerrarla y a pasar la cadena.

Fue entonces que el camión se detuvo, pero los hombres encargados de apearse los primeros como quien van a reparar la avería, se vieron obligados a arrojarse del vehículo y correr directamente hacia la cancela para impedir que fuera cerrada. El soldado Hernández,  por su parte no tuvo tiempo de pasar el candado, pro se aferró con ambas manos a la cadena. Los asaltantes le descerrajaron varios tiros a boca de jarro pero, dato curioso, las crispaciones de la agonía mantuvieron a Hernández asido a la cadena y solo pudo desprendérsele después de muchos golpes y empellones.

Otros asaltantes también hicieron fuego a través de la reja, matando alo sargento Ríos y al vigilante Lugo…..Y entonces jugó el factor principal que fue la entrada en acción de la ametralladora oculta bajo la Escalera de los Embajadores. Dos minutos bastó a su dotación para hallarse en posición de fuego. Al abrirse la puerta de hierro se precipitaron dentro cuatro  o cinco de los principales cabecillas…Estos hombres quedaron en el Cuerpo de Guardia mientras dirigían a otros más hacia la escalera de la izquierda que da al segundo piso. Después del combate hallamos los cuerpos de estos últimos a lo largo de los corredores….Al abrir fuego la ametralladora, todos cuantos después trataron de entrar fueron abatidos. Hallamos amontonados, junto a ella, catorce cadáveres, casi seccionados por los proyectiles.

Los demás de ese grupo corrieron por la galería hasta su final, doblando entonces hacia el Salón de Audiencias, que daba por la derecha, al Salón del Consejo de Ministros, por un lado y al despacho del Presidente por el otro…Se les dio el alto y ellos contestaron: “somos gente de Pizzis de Porras”, pero al mismo tiempo lanzaron una granada que por fortuna no estalló ….el teniente Ramos les disparó matando a los tres.

A partir de este instante puede decirse que el enemigo perdió toda cohesión y los que quedaban se limitaron a correr por los pasillos sin objetivo aparente. Así fueron cayendo uno tras otro, casi todos por el fuego del Sargento Pimentel, que les disparaba desde el tercer piso. (Del capítulo “El ataque a Palacio”, del libro “Mis relaciones con el General Batista” por Roberto Fernández Miranda-Ediciones Universal-Miami-1999

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