LA HISTORIA EN LA MEMORIA: MÁS DE LOS DÍAS DEL VIENTO Y DEL FUEGO

Por Aldo Rosado-Tuero

Muchas veces  nos cohibimos de contar experiencias y hechos que conocemos o en los que hemos participado, para no lucir pedantes, ni que parezca que tomanos esta sección para auparnos o darnos “cebollazos en la vesícula” para lucir, como lo que no somos: héroe o valiente. Pero muchos amigos me han dicho que si les pido a otros que cuenten sus experiencias para que queden en la historia de este proceso, para conocimiento de las nuevas generaciones, debo de predicar con el ejemplo y contar mis múltiples experiencias.

Por eso, como estímulo, para que otros hagan lo mismo y nos cuentan, lo mucho o lo poca que conozcan de primera mano, publicaré esporádicamente, cosas que puedan resultar interesantes.

El 12 de julio de 1961, un grupo de jóvenes idealistas fundamos el Movimiento Nacionalista Cristiano (MNC), del que fui designado Coordinador Nacional. Cargo que ocupé hasta el 12 de julio de 1962, cuando se creó el Consejo Director Nacional del MNC y fui elegido entre pares, Jefe Nacional de dicho movimiento.(En la foto: Aldo Rosado-haciendo prácticas de tiro) El MNC (no confundirlo con el MNC de Felipe Rivero, que en esa época era ANC, Asociación Nacionalista Cubana) fue un pequeño movimiento de élite, integrado por ex-combatientes del clandestinaje cubano y ex miembros de la Brigada 2506. Ejemplo: entre los primeros: Gregorio del Campo y el que esto escribe. Entre los segundos, Pablo Castellón, del batallón de paracaidistas de la Brigada 2506 y Raúl Hernández.

Desde el primer momento se acordó no aceptar ni ayuda ni tutoría de la CIA, como era costumbre entre muchos de los grupos que funcionaban en aquella época. Y actúabamos, como se dice en buen cubano “por la libre”. No voy a alargar esta breve nota explicando por ahora como nos las arreglamos para realizar tantas cosas. Ya lo haremos más luego.

Como éramos independientes, para llevar a cabo cualquier misión a Cuba, teníamos que burlar a los Guardacostas de este país, al Royal Navy, que custodiaba las aguas de Las Bahamas y a las lanchas patrulleras castristas. Y como cuando no abundan los recursos se usa la imaginación para suplir la ausencia de éstos, una vez más el ingenio cubano  se impuso. En Cayo Matecumbe, anclaban  uno o dos de los buques madres que utilizaba la Agencia Central de Inteligencia para sus misiones a Cuba. Nosotros  alquilamos un pequeño espacio en un muelle cercano para nuestra pequeña embarcación, cuyo nombre clave era NACRI (acrónimo de Nacionalista Cristiano), pero que estaba inscripto con el nombre de Lisa. Una cáscara de nuez. Un Crift Craft de 24 pies de eslora, a la que habíamos artillado con un cañón antitanque Latti, finlandés de 20 MM, comprado por mí en la Hunter Lodge, de Alexandria, Virginia, por la increíble cantidad de $ 99.99.  Logramos conseguir que dos excelentes patriotas cubanos, que trabajaban para la CIA. Uno en los grupos de infiltración y otro de tripulante en los barcos madres,  aparte de conseguirnos algunos pertrechos, nos comunicaran la fecha en que iba a salir sus buques madres, pues sabíamos que cuando eso ocurría los guardacostas recibían la órden de  no patrullar el área para no encontrarse con los buques de la CIA y planeábamos nuestras esporádicas salidas coincidiendo con las de las de la CIA. Nuestro pequeño yatecito, seguía por un rato, inofensivamente como la de unos inocentes pescadores la estela de los barcos oficiales y así no encontrábamos ningún guardacosta. Una vez en alta mar tomábamos  la ruta de los cayos exteriores de Las Bahamas, donde  muchas veces nos deteníamos en uno de sus despoblados cayos, para probar las armas y para coordinar la salida de tal manera que alcanzáramos las costas cubanas en horas de la noche.

Ilustran esos apuntes dos fotos del NACRI/LISA (nótese que una de las fotos tiene tapado los números del folio, pues esa foto se publicó a raíz de un encuentro con patrulleras castristas en junio de 1964, en que el barquito resultó agujereado, para evitar que las autoridades lo identificaran) en las otra dos fotos aparezco yo en un cayo de las Bahamas probando un AR 18 antes de salir hacia Cuba y en la otra, en otro, o el mismo cayo-la memoria no da para tanto-, antes de un viaje en que exfiltramos a un hermano menor de Arnoldo y Betín Martínez Andrade, para entrenarlo y hacerlo un experto en demolición, al que una vez cumplido su entrenamiento, lo introducimos en Cuba, para enterarnos años después,  que era un agente de la inteligencia cubana.  En la primera foto el que aparece de pie con un sombrero de ala tipo australiano, soy yo.(Fotos:Archivo personal de Aldo Rosado)

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