LA HISTORIA EN LA MEMORIA: MAS DEL ALZAMIENTO NACIONAL HÚNGARO DE 1956

En la foto, el dictador comunista Janos Kadar

LA GUERRA SE EXTENDIÓ COMO INCENDIO

Por Attila Fekete

25 de octubre-1956-: Otra vez me lancé a la calle. Me uní a un grupo que marchaban al asalto de un depósito de armas en Buda. Ya casi no me quedaban balas para mi ametralladora. Necesitábamos armas antitanques porque los soviets nos dominaban en las calles con sus tanques contra los que nada o muy poco podíamos hacer. Sin embargo el ingenio de los budapestinos inventó los métodos más extravagantes para inutilizar a los monstruos de acero. Aparte de los cocteles Molotov de fabrticación casera, hubo procedimientos mas simples, como saltar sobre el tanque, montar sobre su cañón y meter una granada por la boca o verter gasolina sobre el artifacto y simplemente incendiarlo.

A las 7 de la mañana el gobierno anunció oficialmente la liquidación  de la rebelión. La táctica era demasiado conocida para dar crédito a semejante mentira. Bastó salir a la calle e incluso abrir las ventanas para percibir claramente el rumor de la lucha que porcedía de todas partes.

Como a las nueve noté algo anormal en las emisiones de radio y pronto supe la razón; el edificio de la radio había caido en manos de los nuestros. Los equipos quedaron con grandes desperfectos en el transcurso de la violenta lucha y las emisiones continuaron desde un refugio, especie de pequeña fortaleza, prevista quizá desde hacía tiempo, para el caso y equipada con un transmisor de gran potencia. Los locutores eran distintos, improvisados, pues los antiguos se hallaban al lado de los rebeldes o en el otro mundo.

Cuatro regimientos del Ejército húngaro estacionados en Busapest se unieron íntegramente a la lucha contra los rojos. Estaban en parte motorizados y organizaron la resistencia en las barricadas, llevaron municiones a los civiles y encabezaron los asaltos que se producían cada vez con mayor entusiasmo contra los ministerios y edificios del partido en el transcurso de la tarde.

El politburó se había declarado en sesión urgente y extraordinaria y expidió finalmente el siguiente comunicado: “El Politburó del Comité Central del Partido de los trabajadores húngaros ha relevado a Erno Gero de sus funciones de Primer Secretario del Comité Central y elegido a Janos Kadar para nuevo Secretario”. Minutos después Radio Budapest confirmó la nueva, difundiendo el comunicado. La muchedumbre recibió la noticia con estrepitoso júbilo. La gente se abrazaba por las calles, cantaba y lloraba de alegría.

La destitución del odiado judío moscovita era señal de que el Gobierno quería congraciarse para apaciguarlo y ponerle la cadena. Los que estaban en posesi>n de armas se lanzaron con rabia al ataque; los demás formaron una gigantesca  manifestación que se dirigía hacia el Parlamento. El edificio de “Szbad Nep” (El Granma húngaro”) asediado desde la noche anterior y aislado e impedido en su funcionamiento, fue tomado y se instalaron los nuestros en su redacción. La estrella roja fue arrancada de la fachada y hecha pedazos. La redacción disponía de instalaciones de radio, que los nuestros utilizaron para hacer a su vez sus llamamientos.  Se multiplicaron las octavillas impresas en los talleres del periódico comunista en nuestro poder.

Alrededor del Museo Nacional hubo una lucha feroz. Detrás del edificio se encontraba el garage central de la AVO, que, cuatro veces, incendió el edificio quemando incalculables valores artísticos e históricos. En un día se había destruido el 40 % del Mueseo incendiado por la AVO.

Los puentes pasaron a ser escenarios de encarnizadas batallas. Yo intervine en una de ellas junto al puente de Cadenas(Lánchid) donde la AVO intentó cercarnos mientras impedíamos el paso de los rusos. Pero desde las casas a nuestras espaldas nos cubrió un grupo de inquilinos armados con fusiles. Dispararon desde ventanas y portales y los rusos también fueron atacados por detrás. De este modo estábamos todos entre dos fuegos: los rusos, la AVO y nosotros. El caos era imposible de describir. Se combatía con tenacidad y los nuestros atacaban a los rusos con bombas de mano mientras que el grueso les cubría con fusiles desde el puente.

Junto a un conocido mio avanzamos por el puente. Había que llegar al “radio muerto” del tanque para colocar el coctel Molotov. Nosotros conseguimos llegar primero, mientras que un grupo de  cuatro hombres  llegó por el otro lado al mismo tiempo. Todos manipulamos simultáneamente y echamos a correr para no ser alcanzados por la explosión. A nuestras espaldas se produjo la estrepitosa detonación y el tanque comenzó inmediatamente a arder… Habíamois logrado parar el ataque, pues el tanque destruido obstruyó el camino a los demás que venían en fila, no pudiendo desplegar sobre el puente la acostumbrada formación de combate.

Hubo numerosos heridos que fueron acogidos inmediatamente en las casas contiguas, pues no había bastantes ambulancias para su traslado a los hospitales. Tambié hubo muertos y bastantes.

La lucha no aminoró su ritmo infernal. Las calles resonaban del tiroteo, del ruido de los motores de los tanques soviéticos y en la oscuridad se pintaba rojizo el espectro de los incendios. Los nuestros se habían apoderado de cinco carros blindados soviéticos, que fueron puestos en acción inmediatamente contra los rusos, llevando la bandera tricolor. Al amparo de los tanques iba la muchedumbre, disparando y avanzando. Por todas partes fueron izadas banderas tricolores, de las casas y edificios públicos fueron arrancados los emblemas comunistas, cortadas de las banderas la estrella roja, quedando un gran hueco en su interior que para nosotros significaba la más grande victoria.(Foto de arriba)

Ya no había medios tonos. Nos habían acorralado hasta el grado de tener que dar a conocer nuestra verdadera postura:¡NO queríamos NADA de comunismo!

La escaces de víveres hizo su aparición, proyectando la sombra del hambre sobre la ciudad envuelta en sangre y llamas. Radio Budapesto ya no radió comunicado alguno. El próximo día prometió ser decisivo.

A última hora, grandes porciones de la capital y del resto del país escapaban por completo al control del gobierno. Los primeros prisioneros de la AVO fueron ajusticiados inmediatamente. También nosotros nos atuvimos a la ley marcial. Estábamos en plena guerra.

En las calles  se multiplicaban los bultos inertes. La muerte tuvo una cosecha abundante.

En el transcurso de la tarde, tanques soviéticos abrieron fuego contra la muchedumbre desarmada. En cambio los nuestros habían ocupado las principales estaciones de ferrocarril: el del Oeste, el del Este y el de Kelenfőld. También se hicieron dueños del Hotel París donde residían numerosos extranjeros.

La noche no aminoró el furor del combate. Surgían cada vez más barricadas contra los tanques. Para esto se arrancaron los adoquines de las calles.

La revolución hizo enormes avances en provincias. Ese mismo día, los guardias fronterizos habían arrancado las estrellas rojas de sus gorras y desapareció prácticamente el control de la frontera austro-húngara. Durante los días siguientes, hasta el 4 de noviembre se podía pasar de Austria  a Hungría y vicevbersa, sin papeles y con un autobus si se quería.

Los auténticos húngaros no aprovecharon esa oportunidad para huir. ¡ LUCHABAN !

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